El concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia que debería haber tenido lugar en el Auditorio de Villagarcía de Arosa se vio imposibilitado por un nuevo avatar, en forma de huelga de transportes. Afortunadamente para el público coruñés, se decidió ofrecer el programa en una jornada de puertas abiertas que tuvo lugar en un escenario infrecuente para la orquesta, el Auditorio del Palexco, el mismo dónde se habían realizado los ensayos a lo largo de la semana. 

Fue una oportunidad única de valorar en concierto las cualidades acústicas de una sala que fue concebida para la realización de congresos, outlets y eventos festivos. Es un vasto espacio, con un aforo de 1500 personas, en cuya acústica prima conseguir la máxima claridad en la comunicación oral. Para ello, su diseño se basa en sencillos paramentos paralelos revestidos por superficies duras y absorbentes que evitan reflexiones acústicas. Una sala por tanto de una acústica extremadamente seca que se tradujo en una gran transparencia en los paisajes camerísticos, muy especialmente en los protagonizados por las maderas, un sonido cristalino en el piano de Steven Osborne y una absoluta discriminación de los planos sonoros. Pero en un concierto sinfónico es fundamental que la sala genere un grado de reverberancia suficiente que se traduzca en un sonido empastado y rico en graves. Sólo así se puede disfrutar de un hecho musical cálido y brillante, rico en armónicos.

Anja Bihlmaier
© Orquesta Sinfónica de Galicia

El carácter camerístico y neoclásico de muchos pasajes del Concierto en sol, muy especialmente su mozartiano Adagio assai, se beneficiaron de la acústica transparente, pero fueron la excepción. Así, se resintieron tanto el registro grave del piano como los tutti orquestales. Estos se empobrecieron asimismo en la sinfonía de Dvorak, así como en las numerosas intervenciones de cellos, violas y bajos llenas de carácter y pasión por no hablar de los continuos golpes del timbal, secos y estériles, a pesar de los esfuerzos de la percusionista.

Disfrutamos sin embargo del atractivo de ver en acción a Anja Bihlmaier en el repertorio romántico, pues la temporada pasada nos había ofrecido un programa clásico. Se mostró como una directora plena de vitalidad y muy intervencionista, muy especialmente en el Ravel donde introdujo continuos matices e inflexiones, tanto en la parte solista como en la orquestal. Muchos peculiares, pero siempre es de agradecer que el director asuma estos riesgos. En la Séptima de Dvorak, Bihlmaier se mostró más canónica, dando vida con elegancia a un fraseo límpido y contrastado. Aprovechó al máximo las infinitas posibilidades de la partitura, muy especialmente en los movimientos más intensos, pues su Poco Adagio resultó un tanto frío, aunque las circunstancias acústicas sin duda influyeron.  

En la primera parte, Steven Osborne que debutaba con la Sinfónica de Galicia, mostró sus cualidades en un concierto que hemos ya escuchado a la OSG con no pocos nombres excelsos: Perianes, Thibaudet, Zimerman, Ousset, etc. Estuvo a la altura de los mismos, aportando claridad, precisión y virtuosismo a raudales, pero también absoluta empatía con las instrucciones desde el pódium. Una introspectiva propina, muy apropiada para estos tiempos de ansiedad fue un hermoso regalo.

La Sinfónica estuvo excelente en todos sus atriles, aunque las limitaciones acústicas impidieron que las cuerdas nos hicieran vibrar cómo es habitual en ellas. Las maderas estuvieron sublimes en el Adagio de Ravel –con mención especial para la joven Carolina R. Canosa en su solo de corno inglés– pero tuvieron que lidiar junto con los metales con una acústica traicionera que hizo que deslices menores se escuchasen con limpieza meridiana. También se escucharon con claridad los continuos chillidos de un simpático pequeñín en las primeras filas de la sala, tan entrañables como molestos, pero las jornadas de puertas abiertas tienen estos imponderables. Si algún día este niño se convierte en asiduo abonado de la orquesta, no dudo de que mostrará la misma indulgencia que todo el público mostró hacia él.

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