La programación lírica diseñada por los Amigos de la Ópera de La Coruña ha contado en esta edición con un único título representado sobre el cual todas las miradas estaban expectantes: la célebre ópera en un acto Pagliacci de Ruggero Leoncavallo. Habitualmente presentada en un programa doble junto a Cavalleria rusticana de Mascagni, éste no ha sido el caso. Ha sido, no obstante, una producción llena de alicientes escénicos y vocales que hicieron de la velada en un espectáculo ameno y exitoso. Un primer aliciente fue el recuperar la producción del Teatro de La Zarzuela del año 2014. Una propuesta modesta pero muy imaginativa y colorista que se adaptó con facilidad a las dimensiones escénicas del Teatro Colón. La escenografía gira en torno a un vetusto autobús que gracias a su movilidad sirve de original escenario a esta genial visión del teatro dentro del teatro. Complementada con una imaginativa iluminación y una recreación realista de la acción, muy al pie de la letra, colorista y coral, pero al mismo tiempo sin abusar de la parafernalia circense.

Producción de Pagliacci (Teatro de la Zarzuela, 2014) en programa doble con Black, el payaso
© Fernando Marcos | Teatro de la Zarzuela

El trío protagonista estuvo formado por el tenor Alejandro Roy, la soprano Vanessa Goikoetxea y el barítono Željko Lučić. Este último abrió la noche con su trascendental y verista monólogo. Su generosa proyección y su voz oscura, pero igualmente segura en la tesitura más aguda, se unieron a un convincente parlato para firmar una interpretación modélica. Un listón muy alto en lo interpretativo y vocal que afortunadamente se mantuvo toda la velada. Vanessa Goikoetxea combinó una voz ideal para el personaje, juvenil y fluida, con unas dotes escénicas que le permitieron estar a la altura de los múltiples registros de Nedda, tanto en su vertiente de la comedia dell’arte como en la verista. Su mezza-voce, pero también sus agudos, limpios y potentes, fueron decisivos en su espectacular "Qual fiamma avea nel guardo" mientras que en "Stridono lassù" brilló su coloraturaEl tenor asturiano Alejandro Roy hizo honor a su prestigio, tanto en España como en la escena internacional, exhibiendo su hermoso y lírico timbre, y una grandísima seguridad y potencia en los agudos. El resultado fue un "Vesti la giubba" que entusiasmó al público. Sin embargo, en la trascendente escena final se echó en falta un rango más amplio de su voz hacia la tesitura grave que le permitiera conferir un mayor dramatismo a la conclusión de la obra.

El Beppe de Enrique Alberto Martínez y el Silvio de César San Martín, estuvieron a la altura del magnífico tono general. En cuanto a la dirección musical, José Miguel Pérez Sierra mostró a lo largo de toda la noche una sintonía total con la partitura, explotando al máximo su brillante orquestación. Asimismo, la concertación con los solistas funcionó a la perfección. Fue uno de los triunfadores de la noche, como también fue la Orquesta Sinfónica de Galicia. Si en el recital con Davidsen en el Colón la orquesta se había resentido de la seca acústica; desde el foso el sonido fue lógicamente mucho más reverberante y cálido, hasta el punto de que la siempre envolvente y empática textura orquestal fue una parte fundamental en el éxito de los cantantes. Finalmente, el Coro Gaos, dirigido por Fernando Briones, a pesar de tener que lidiar con la limitación que las mascarillas suponen estuvo a la altura del reto, ganando en empaste y color a medida que la representación avanzaba.

En su conjunto, fue un excelente espectáculo operístico realizado con entusiasmo y devoción por todos los implicados, que ha hecho que sepa a muy poco la oferta de ópera representada de esta temporada. Esperemos que en próximas ediciones se puedan gestar producciones más ambiciosas que hagan revivir los ya lejanos logros de pasadas programaciones líricas.

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