Sin perjuicio del interés que los textos de Nikolaus Harnoncourt dedicados a la cuestión de la autenticidad musical –en sus declinaciones interpretativas y analíticas– pueden entrañar, es justo reivindicar la contribución a tal debate de Peter Kivy. Su Authenticities: Philosophical Reflections on Musical Performance (Cornell University Press, 1998) sigue representando, a pesar del escaso recorrido que ha conocido en el contexto hispanohablante, un aporte fundamental con relación a las distintas valencias que el concepto “autenticidad” adopta en nuestra práctica exegética. Entre los numerosos e incisivos interrogantes que reúnen las páginas de este libro, queremos destacar ahora el siguiente: «[…] si Bach estuviera hoy vivo, ¿querría que Ich folge dir gleichfalls se interpretara con instrumentos de época o con flautas modernas?» (p. 40). Es sabido que Bach asignó el acompañamiento de dicho aria a dos traversos al unísono, y que lo hizo descartando varias opciones de orquestación alternativas, como el empleo del oboe o del violín. Pero, de haber conocido la flauta de llaves inventada por Theobald Böhm en el siglo XIX, ¿no sería este el instrumento elegido? La incógnita que Kivy plantea, en definitiva, radica en si las prescripciones de Bach han de observarse en un tiempo en el que las condiciones materiales de producción y recepción del sonido ofrecen un espectro de posibilidades insospechado o, cuando menos, desconocido en el contexto original de creación.

El conjunto Gli Incogniti en la Iglesia de San Pedro de Noja © Festival Internacional de Santander
El conjunto Gli Incogniti en la Iglesia de San Pedro de Noja
© Festival Internacional de Santander

En este marco de disputas hermenéuticas a propósito de la música de Bach, “BWV… or not”, el programa de Gli Incogniti presentado en el Festival Internacional de Santander, desplegó una propuesta que entronca con la hipótesis mencionada, y también la ilumina desde una nueva perspectiva: discutir la concepción romántica –pero vigente– del compositor como genio, según la cual este es mitificado en tanto autor de obras maestras, que a su vez se definen tautológicamente como obras compuestas por un autor genial. En este sentido, la labor de Gli Incogniti durante el concierto de anoche consistió en la reivindicación de una serie de partituras atribuidas inicialmente a Bach y caídas más tarde en el olvido y el descrédito, cuando la filología o el puro azar mostraron que ciertos números BWV no correspondían, en realidad, con el puño y letra –pero sí con el espíritu– de quien presta su nombre y prestigio al celebrado catálogo.

El repertorio seleccionado a tal efecto por Amandine Beyer (violín), Manuel Granatiero (traverso), Baldomero Barciela (viola da gamba) y Anna Fontana (clave) estuvo conformado por cuatro sonatas: Trio Sonata en sol mayor, BWV1038 de Johann Sebastian Bach o Carl Philipp Emanuel Bach, Sonata en do menor, BWV1024, de Johann George Pisendel, y las Trio sonatas BWV1079 y 1028, de Johann Sebastian Bach. Pues bien, las formas en que pudimos escuchar cada pieza –y las palabras con que Amandine Beyer las introdujo– evidenciaron que, aunque es imposible dar respuesta a la pregunta de Peter Kivy (naturalmente, jamás sabremos lo que Bach consideraría hoy con respecto a la ejecución de su propia música), en estos trabajos transparece la gramática de un mismo lenguaje, un discurso generoso que permite a sus practicantes no solo la lectura, sino también la improvisación y la reelaboración de notas escritas en el pliego sobre el atril y en el cambiante aire que envuelve el instante de su alumbramiento –como particularmente probó el ¿arreglo? para traverso, violín y bajo continuo de la Sonata BWV1024–. La solidez camerística de Gli Incogniti resultó patente. Sin duda, la identidad sonora del conjunto obedeció a la extensa trayectoria, tanto a nivel individual como colectivo, de sus músicos, cuya compenetración, basada esencialmente en la escucha atenta y la respiración común, pudo prescindir en numerosas ocasiones de la mirada para indicar entradas, variaciones de tempo o carácter. Asimismo rindió tributo esta virtud a las energías y los riesgos que sostuvieron la voluntad de brindar un versión viva, orgánica en la acepción más elemental de este término: los diversos movimientos se entretejieron siguiendo la trama de una pulsión compartida, a medio camino entre lo espontáneo y el sustrato que emergía del esfuerzo investigativo previo sobre el que se erige todo el proyecto. Y pese a eventuales ¿notas falsas? y a ligeras desafinaciones –que constituyen, por lo demás, un elemento prácticamente consustancial al temple de las cuerdas de tripa–, el resultado final transmitió la sensación de que nos encontrábamos ante algo sencillo en su sofisticación, sincero en su vulnerabilidad, puro en su impureza. Se trataba del respeto por esa máxima que, precisamente en la contemporaneidad de Bach, expresó el ingenio de La Rochefoucauld para prevenir a cualquier aspirante que ambicionase ser auténtico: «Rien n’empêche tan d’être naturel que l’envie de le paraître».

El alojamiento en Noja de Ramón del Buey Cañas ha sido facilitado por el Festival Internacional de Santader.


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