“¡Esta partitura es intocable!” afirmó el virtuoso Leopold Auer al rechazar el estreno del Concierto para violín de Tchaikovsky, obra central del programa que la Philharmonia Orchestra y la violinista Esther Yoo ofrecieron en una magnífica versión dirigida por Pablo Heras-Casado. El Festival de Granada recibía así, con una noche de éxito y reconocimiento, al que desde septiembre será su nuevo director.

Pablo Heras-Casado es un músico que se ha hecho a sí mismo por medio de una profunda formación y una sucesión de acertadas decisiones que le han llevado a lo más alto del panorama internacional de la dirección de orquesta. Sabe infundir a cada formación un carácter propio, al tiempo que extrae lo mejor de ellas. Tal fue el caso de la Philharmonia Orchestra, caracterizada por su sonido limpio y su riqueza tímbrica, que en manos de Heras-Casado sonó espectacular en la noche granadina.

Pablo Heras-Casdo al frente de la Philharmonia Orchestra en el Palacio Carlos V de Granada © Jose Albornoz
Pablo Heras-Casdo al frente de la Philharmonia Orchestra en el Palacio Carlos V de Granada
© Jose Albornoz

El programa escogido para su presentación en el Festival se centró en tres autores del rico y sugerente repertorio ruso, comenzando con la Obertura festiva de Shostakovich. Esta breve pieza, concebida como una enérgica pieza de celebración soviética, sirvió al director para templar los efectivos orquestales y mostrar al público de qué era capaz ante una formación tan solvente. Unos vibrantes metales iniciaron la fanfarria introductoria, dando paso al lirismo del clarinete solista de la Philharmonia, que construyó magistralmente el tema principal de la obertura. Las cuerdas, siempre empastadas y de rotunda presencia, dieron las réplica al clarinete, y los chelos recuperaron su lirismo en la exposición del segundo tema a la par que las trompas. El resultado fue potente, lleno de matices y golpes de efecto, en una versión impecable.

Tras la obertura apareció en escena la joven violinista Esther Yoo para interpretar el Concierto para violín de Tchaikovsky, sin duda una de las obras de repertorio más complicadas y valoradas. Esther Yoo, que ya ha tocado con la Philharmonia Orchestra bajo la dirección de Vladimir Ashkenazy y Lorin Maazel, se hizo a la perfección al pulso de Pablo Heras-Casado, dinámico y con énfasis en el carácter melódico de la obra. No en vano, la parte solista acapara el protagonismo de la partitura prácticamente desde el principio, circunstancia que fue bien aprovechada por la violinista para demostrar su escrupulosa técnica y su arrebatadora pasión. La interpretación del primer movimiento fue inspirada, resolviendo con agilidad los múltiples pasajes a dobles cuerdas, arpegios y cadencias; tan sólo se mostró algo dubitativa en los armónicos, circunstancia que en ningún caso restó espectacularidad a su discurso. Por su parte, Heras-Casado supo modular hábilmente los efectivos orquestales para adaptarse a la dialéctica del solista, amortiguando la vivacidad de la orquesta con bastante equilibrio.

La violinista Esther Yoo y Heras-Casado © Jose Albornoz
La violinista Esther Yoo y Heras-Casado
© Jose Albornoz

La segunda parte del programa se consagró por entero al ballet El pájaro de fuego de Stravinski. La orquesta se transmutó en una formación completamente distinta, adaptada a la dialéctica más contemporánea y diáfana que pedía Heras-Casado, en la que las pinceladas sonoras y la importancia del juego tímbrico fueron notas de genialidad que contribuyeron a construir una estupenda interpretación de la obra. La decisión de su batuta desde los primeros compases, con el rotundo ostinato de las cuerdas graves, fue señalando cada grupo instrumental con maestría y una perfecta concepción del ritmo y del sonido que quería obtener. Así, cada tema, cada leitmotiv, cada detalle de la partitura se hicieron evidente ante los oyentes, y todo en su conjunto vibró con una frescura y emoción sólo concebibles en las manos de un gran director que modula con avidez y acierto un gran instrumento.

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