No hay que dejarse engañar: detrás del aspecto jovial y ameno de Juan Pérez Floristán se oculta una mente musical compleja y refinada. En realidad, el engaño dura poco, incluso se desvela antes de que el joven pianista sevillano comience a tocar. Es suficiente la elección, a la vez atrevida y elegante, del programa para hacernos notar que Pérez Floristán posee unas cualidades poco comunes. Debutar en el Auditorio Nacional, en el ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Scherzo, con un programa compuesto por la Musica Ricercata de Ligeti, la Appasionata de Beethoven y los Cuadros de una exposición de Mussorgsky, nos permite apreciar su pianismo en diversos registros, si bien marcados por una lectura unitaria.

La obra de Ligeti, temprana en la producción del compositor húngaro, está formada por once piezas de diverso carácter, pero que tienen en común su articulación y desarrollo a partir de pocos elementos básicos, fuertemente condicionados por la incidencia rítmica y por la búsqueda de constantes resonancias y efectos. Pérez Floristán mostró aquí su técnica ágil y su sentido del ritmo plasmando muy bien los juegos polirítmicos, al mismo tiempo que, como explicó en una breve y cordial charla introductoria –más bien innecesaria, justamente porque las cualidades del pianista hablan de por sí solas–, destacaba el sentido íntimo y lírico que presentan algunas de las melodías que se asoman en diversos números. En todo caso, Pérez Floristán mostró una amplia visión de conjunto, enfatizando las conexiones, los reenvíos y la matriz originaria de ese material que, a pesar de la intencionada tosquedad, revela una organización muy inteligente.

El pianista Juan Pérez Floristán © www.juanperezfloristan.com
El pianista Juan Pérez Floristán
© www.juanperezfloristan.com

Sin solución de continuidad, casi como un regreso al futuro, Pérez Floristán pasó de Ligeti a Beethoven. Si bien es una página ejecutada con más frecuencia en las salas de concierto que la precedente, requiere igualmente una notable dosis de valor, debido a las innumerables interpretaciones que tenemos a disposición, además de ser una obra de notables dificultades. Pérez Floristán fue solvente en todos los movimientos, aunque brilló más en los extremos. Fue, por lo general, una lectura sobria, bastante medida, tal vez no excesivamente appasionata, pero, por otro lado, muy consciente. Es evidente el trabajo de análisis y de organización que hace Pérez Floristán: no hay pasaje o nota que se queden aislados con respecto a los demás, lo que lleva a una coherencia de los registros a lo largo de la obra que revela un conocimiento profundo de las estructuras musicales y de los entresijos de esta compleja sonata. Destaco este aspecto porque a menudo escuchamos a jóvenes pianistas, técnicamente brillantes, pero que descuidan justamente la comprensión global de la obra, mientras que para Pérez Floristán esto es un elemento primordial, lo que demuestra madurez y sabiduría.

Tras el descanso, otra pieza icónica y de gran impacto, Cuadros de una exposición de Mussorgsky. En este caso, además del rigor y la continuidad de las cualidades ya demostradas en la primera parte, Pérez Floristán ahondó en sonoridades más robustas y decididas, dejándose transportar aún más y resultó muy convincente en páginas como "Bydlo" o en el tramo final de las "Catacumbas" y "Baba-Yaga", para dirigirnos al final luminoso de la "Gran Puerta de Kiev". En todo caso, se premió el equilibrio a pesar de que Pérez Floristán no renunció en ningún caso a los contrastes dinámicos y a un uso marcadamente percusivo del teclado. Su lectura surge casi como una respuesta al deleite algo complaciente que se da en la versión orquestada de Ravel: el pianista sevillano pone en evidencia el tejido cromático de la forma más desencarnada, y el arrojo de su planteamiento pianístico revela la radicalidad de esta obra de Mussorgsky.

En conclusión, fue un concierto muy interesante, ameno y profundo, que permitió apreciar las cualidades del pianista a través de un recorrido singular. Nos atreveríamos a decir que si las manos de Pérez Floristán son excelentes, su cabeza lo es aún más. Su concentración y atención sobre todos los aspectos de la obra le permiten evitar la superficialidad o el vacuo virtuosismo, ofreciéndonos lecturas no banales porque nos exigen una comprensión más allá de la experiencia sonora. Fue una excelente carta de presentación, en el auditorio madrileño, que demuestra que Pérez Floristán es el futuro ya presente del pianismo del siglo XXI.

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