“Él era incansable a la hora de estudiar la expresión auténtica, que consiste en que el cantante de una melodía ponga de relieve el más diverso significado y sepa así cumplir a la vez el deber del escritor lírico y del épico.” Así hablaba la revista Allgemeine musikalische Zeitung en 1826 de Wilhelm Ehlers, histórico actor y cantante que supo ganarse el afecto de los grandes literatos de su época como Goethe y Schiller, en este caso aludiendo a la interpretación que hacía de los lieder de Schubert.

Queda patente con este testimonio que la relación entre la actuación y la interpretación musical en el lied viene siendo estrecha del mismo momento del nacimiento del género y, aun así, nos sigue sorprendiendo –para bien– la gesticulación, los movimientos y, en definitiva cualquier forma visual de expresar las emociones que realizan los grandes cantantes de lied, tales como Matthew Polenzani, haciendo equilibrios en esa delgada línea que separa lo emocional de lo elegante. Pero esta teatralización del lied sería imposible sin una profunda comprensión del texto que los conforma.

Julius Drake, al piano, y el tenor Matthew Polenzani © Rafa Martín | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Julius Drake, al piano, y el tenor Matthew Polenzani
© Rafa Martín | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

Matthew Polenzani es un reconocido cantante estadounidense, cuyo apellido indica una ascendencia italiana que me gusta pensar que ha influido en sus excelentes interpretaciones de las obras cumbres del bel canto. No es tan conocida su faceta como cantante de lied y, de hecho, es todo un debut en este ciclo. Sorprendió, y para bien, su inteligente uso del lenguaje, valiéndose de las fuertes consonantes del alemán para dirigir una prístina línea de canto, lo que combinado con su largo fiato, le permitió realizar todo tipo de filigranas, destacando especialmente su expresiva interpretación de Der Einsame en la selección de Schubert.

Liederkreis de Schumann supuso el puente adecuado del clásico-romántico Schubert al mucho más lírico y dramático Poulenc. Polenzani siguió demostrando una alta capacidad de expresión y Julius Drake, que había acompañado a Schubert un tanto plano de sonido, supo sacar mucho más partido a los acompañamientos de Schumann ampliando su paleta de matices y brindando mayor expresividad a sus partes, especialmente en finales como el de Mit Myrten und Rosen: tan pausado y elegante que supo recoger toda la emoción que acababa de desatar Polenzani.

Poulenc aumenta la complicación emocional del cantante con textos en los que la simple lectura hace difícil descubrir el dramatismo que esconden sus palabras, y uno tiene que permanecer atento a la música para comprender el significado real que el compositor les quiere dar. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en Il Vole, un texto aparentemente cómico que, a medida que avanza, se va tornando más y más dramático, permitiendo al cantante mostrar su capacidad expresiva en todo un arco de pasiones que van desde una ligereza casi cómica, hasta llegar a un dramático forte.

Tanto el francés de Poulenc como el inglés de Charles Ives, los supo usar Polenzani a su favor sacando partido a la acentuación y la sonoridad de cada uno de los idiomas, lo que combinado con su carisma natural dejó claro, como comentaba al comienzo, la importancia de lo teatral. Las dotes interpretativas se vuelven imprescindibles en el desenfadado Ives, del que Polenzani supo mostrar todas las facetas, las cuales quedan muy bien resumidas en su canción Memories que el tenor ofreció como propina.

No podría acabar esta crítica sin hacer mención a una de las características más reconocidas del canto de Polenzani, unos espectaculares finales en pianissimo mantenidos hasta el imposible gracias a su fiato, hizo gala de este tanto en la dulce When Stars are in the Quiet Skies de Ives como en la segunda propina que ofreció al público del Teatro de la Zarzuela: In the Silent of the Secret Night de Rachmaninov.

Matthew Polenzani reúne, en definitiva, tanto las capacidades vocales como actorales que caracterizan a los grandes cantantes de lied, pudiéndonos así legar una velada lo suficientemente lírica y épica como para poder hacer mías las palabras del Allgemeine musikalische Zeitung con las que iniciaba esta crítica.

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