Three Tales se presenta como una vídeo-ópera digital documental en tres actos sobre tres acontecimientos del siglo XX: el accidente del dirigible Hindenburg, la detonación de la Bomba H en el atolón Bikini y la clonación de la oveja Dolly. Este concepto de vídeo-ópera se enmarca dentro de la tendencia de compositores actuales de añadir música en directo a material audiovisual, redefiniendo el concepto de música escénica tal y como lo entendemos. En el caso de Three Tales, Steve Reich va más allá, creando un género nuevo en el que la interacción entre personajes “virtuales” y presentes le da incluso un aire de opereta, combinando textos de los que emergen los temas cantados con partes instrumentales muy rítmicas.

Sin embargo, el uso de la vocalidad para la composición de su música no es algo nuevo. Tenemos ejemplos de este mismo caso ya en el Mozart del aria de “Pa-pa-pa-pageno”; usando el texto como un generador más de música, es decir, subordinándolo completamente a lo musical. Quien sabe, tal vez sea cosa de su ascendencia germánica este interés de “la música por la música”, sin necesidad de que tenga un programa.

El director Nacho de Paz © Santiago Torralba
El director Nacho de Paz
© Santiago Torralba

Reich utiliza extractos del Génesis, titulares de periódicos o repite frases de los personajes del vídeo de Beryl Korot que ahora comentaré también. Y cada palabra la trabaja, como decía, no atendiendo a su significado, sino a su sonoridad, es decir, a su musicalidad. Este aspecto tan importante de la vídeo-ópera lo trabajó de forma excelente Synergy Vocals, colaboradores habituales de Reich, que supieron convertir el “libreto” de esta ópera en mantras con el único objetivo de producir placer estético. Para ello se sirvieron de la dicción, la acentuación de las palabras y de asimilar el canto, por ejemplo, al sonido del violonchelo.

Estuvo muy cuidada la coordinación entre texto e imagen. Reich, estandarte del minimalismo crea su música a partir de técnicas como la repetición o la superposición al unísono. También utiliza el faseado de pequeños elementos rítmico-melódicos a los que se les añade texto, en ocasiones, el mismo que se podía leer en la proyección, como si del sobretitulado se tratase, pero con más arte. Estos efectos del vídeo que se traducen en la música crean una unión indivisible entre texto y música, dando lugar a un elemento artístico completo, careciendo de sentido el vídeo sin la música o la música sin el vídeo. Para este agudo ejercicio de coordinación tuvimos la suerte de contar con Nacho de Paz. Como es habitual en él, llevó a cabo una dirección muy precisa, marcando los tiempos y las diferentes entradas, en definitiva, haciendo más fácil la labor de los músicos: un cuarteto de cuerda, dos vibráfonos, cuatro percusionistas y dos pianistas que llevaron a cabo una interpretación excelente, precisa y con sonoridad de conjunto, lo que es especialmente llamativo en los percusionistas, habituados en otros repertorios a sobresalir. Sin embargo, los escuchamos fusionarse con las voces, con las cuerdas o con los pianos en contundentes golpes en los que Reich experimenta con nuevos timbres y a los que se les une el sonido digital. Es por ello que también se debe mencionar la excelente labor del operador de sonido Norbert Ommer. 

El último aspecto que quiero tratar para defender el valor artístico de Three Tales se refiere la ambigüedad en cuanto a las conclusiones que puede sacar el espectador tras ver y escuchar esta obra. Es simplemente música, no arte-protesta, y si hay una crítica al avance tecnológico es poco clara. Pero ya nos lo dice el título “tres historias”, que son estas, pero bien podrían haber sido otras. 

Steve Reich y Beryl Korot llevan a cabo un profundo tratamiento artístico de un elemento tan presente en nuestra cotidianidad como son las palabras, los periódicos, los documentales, desarrollados con técnicas tan aparentemente simples como la repetición o la superposición de breves eslabones, consiguiendo sonoridades que van desde lo religioso hasta lo militar. Es en esta transformación de lo trivial en solemne, donde está la genialidad no solo de Reich, sino de gran parte de la historia de la música.

*****