No todos los días se puede escuchar a un cuarteto de cuerda como solista de una obra orquestal, y esto fue todavía más disfrutable por la presencia del brillante Cuarteto Quiroga, que debutaba con la Sinfónica de Tenerife bajo la dirección del estupendo Karl-Heinz Steffens. Programa interesantísimo, con obras de los siglos XX y XXI, que mereció tener un público más numeroso. Sea como sea, los asistentes fuimos testigos de un concierto fascinante.

El Cuarteto Quiroga y la Orquesta Sinfónica de Tenerife con Karl-Heinz Steffens en la dirección
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Absolute Jest, del estadounidense John Adams es una composición para cuarteto de cuerda y orquesta estrenada en 2012. Escrita como homenaje a Beethoven, toma varios temas y motivos del compositor alemán (principalmente de algunos de los últimos cuartetos de cuerda) y los transforma en una cornucopia sonora muy imaginativa, envolvente y seductora, además de bien planificada en sus seis secciones. Los intérpretes consiguieron que nos adentráramos de manera satisfactoria, no solo en las referencias camerísticas y sinfónicas, sino también en los ritmos y colores característicos de John Adams (como los ostinatos rítmicos y la brillante orquestación). El Cuarteto Quiroga actuó con amplificación y estuvieron magníficos en todas las secciones de la obra, con grandes momentos de virtuosismo y solos excelentes. A su vez, Steffens y la Sinfónica de Tenerife resolvieron las enormes dificultades de la partitura con pasmosa naturalidad, variedad de colores y dominio de la complejidad rítmica. Como regalo, el Cuarteto Quiroga nos devolvió a las obras originales de Beethoven, ofreciendo el tercer movimiento (Lento assai, cantante e tranquillo) del Cuarteto en fa mayor, op. 135, en una versión cuidadísima en lo sonoro y de enorme expresividad.

En la segunda parte del concierto, Steffens, con movimientos muy rítmicos, sorprendió por el dominio estilístico que volcó en el repertorio de los compositores húngaros. El Concert Românesc (Concierto rumano), de György Ligeti es una obra de su etapa posbartokiana de juventud. Composición brillante y cautivadora de la que Steffens y la orquesta realizaron una versión fantástica y llena de vivacidad. Desde un primer movimiento (Andantino) sentido, con atención a las secciones orquestales y un fraseo adecuado, hasta un cuarto (Molto vivace-Presto) que derrochó vitalidad; pasando por un segundo (Allegro vivace) lleno de ritmo y humor; y un tercero (Adagio ma non troppo) fascinante, con la curiosa intervención de las trompas (una de ellas desde detrás del escenario). Todos los solistas de la orquesta estuvieron a gran altura durante los cuatro movimientos de la obra.   

Karl-Heinz Steffens
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Para concluir la velada, escuchamos el genial Concierto para orquesta de Béla Bartók en una interpretación personal y de gran calado. Un magistral primer movimiento (Introduzione: Andante non troppo-Allegro vivace) resultó ser uno de los momentos más logrados de la velada por el dominio de todas las exigencias técnicas y musicales, con un comienzo muy concentrado y lleno de tensión. También convenció el quinto (Finale: Pesante-presto), brillante y con gran dominio instrumental (estupendos los fugatos). El tercero (Elegia: Andante non troppo) estuvo muy bien, mostrando las evocadoras atmósferas nocturnales, tan características de Bartók; solo se echó de menos más visceralidad en los momentos de mayor dramatismo. Delicioso el cuarto (Intermezzo interrotto: Allegretto), con gracia en la parte central, buen canto en la sección en do menor y espléndidos solos. Algo discutible, aunque muy bien interpretado, fue el segundo (Giuoco delle copie: Allegretto scherzando), ya que el director tomó dos tempi diferentes, uno para el scherzando y otro para la sección en forma de coral que sirve de trío; cambio de tempo que no indicó Bartók. La parte coral funcionó muy bien, mientras que el scherzo fue tomado a un tempo más rápido y, aunque se interpretó con gracia, sonó un punto apresurado. En todo caso, fue una estupenda versión de una de las obras orquestales más importantes del siglo XX.

En conjunto, resultó ser un concierto interesantísimo y entretenido, además de una prueba de fuego para los intérpretes, la cual fue resuelta con maestría y convicción por el Cuarteto Quiroga, Karl-Heinz Steffens y la Sinfónica de Tenerife.

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