Desde hace unos años, Ópera de Tenerife está apostando por obras de reciente creación de autores españoles e hispanoamericanos. Pensamos que, por lo pronto, esta apuesta está siendo un acierto evidente, algo que se ha confirmado en el inicio de esta temporada con una producción espectacular de la posmoderna Fuenteovejuna de Jorge Muñiz, que ha tenido un gran éxito en el Auditorio de Tenerife.

El Coro Titular Ópera Tenerife en una escena de Fuenteovejuna
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Esta obra se basa en la homónima de Lope de Vega, la cual el libretista Javier Almuzara, con gran respeto ha adaptado al terreno lírico: con algunos cortes y una clara visión operística. Es una transformación que mantiene siempre un elevado trasfondo literario. La posmodernidad musical de Jorge Muñiz se refleja en la abundancia de estilos diferentes, que van desde los musicales hasta los ritmos latinos y el pop; unificados en su diversidad a través de patrones rítmicos (que recuerdan muchas veces a los utilizados por los compositores minimalistas). El compositor, con maestría, logra que los diferentes estilos funcionen bien en el conjunto, nunca pierde de vista la historia original y, a la vez, que consigue mantener la tensión dramática. La orquestación es rica e imaginativa y la escritura vocal es compleja y exigente para los cantantes, ya que estos tienen que ser capaces de superar demandas belcantistas e incluso wagnerianas, además de los guiños vocales al flamenco, al pop, a la salsa, etc. Un punto clave de esta velada fue la magnífica labor del director de escena Miguel del Arco y todo su equipo. Partiendo de un escenario que incluía una torre eléctrica y un suelo que podía elevarse, la acción cobró vida a través del movimiento escénico de los cantantes y el coro. El vestuario era variado y adecuado, y el juego de luces muy logrado, además, con la utilización de imágenes filmadas y otros efectos, se logró dar un gran realce visual a esta representación, que transportó la historia original a la actualidad.

Antonio Gandía (Frondoso) y Maria Miró (Laurencia)
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

La elección de Santiago Serrate para la dirección musical fue, sin duda, acertada. Atento a todos los detalles y con una flexibilidad rítmica y sonora admirable, consiguió variedad y claridad de una Sinfónica de Tenerife que supo adaptarse a todas las demandas de la partitura. Gran labor también la del Coro Titular Ópera de Tenerife-Intermezzo bajo la dirección de Carmen Cruz, que triunfó en todas sus intervenciones; entre las que se encontraron momentos estelares como la boda, la muerte del comendador o las escenas finales. Los cantantes solistas resultaron también muy adecuados, tanto en lo vocal como en lo dramático, destacando la actuación estelar de Maria Miró como Laurencia. Soprano de gran vena dramática, con potencia y dominio vocal, logró reflejar ejemplarmente las vicisitudes del personaje. El tenor Antonio Gandía fue expresivo y mostró una voz de calidad en su interpretación de Frondoso, virtudes también manifestadas en el alcalde Esteban del bajo Felipe Bou. Este último superó con éxito las difíciles notas graves de la partitura, al límite de su registro vocal. El Fernán Gómez del barítono Damián del Castillo manifestó estupendamente la maldad y el cinismo de este personaje tirano y opresor, mientras que el Flores del bajo-barítono Fernando Latorre destacó especialmente en algunas escenas de humor sarcástico, que fueron muy persuasivas. El tenor Juan Noval-Moro mostró muy bien la severidad y la posterior clemencia del juez y estuvo muy bien como cantante en el bolero de la boda. El tenor costarricense David Astorga, habitual en el Auditorio de Tenerife, volvió a mostrar sus muchas cualidades en el papel de Mengo, mientras que la soprano Isabella Gaudí ofreció energía y virtudes vocales importantes en el papel de Pascuala. La mezzo Marina Pardo fue una Jacinta de gran proyección dramática, especialmente en los momentos relacionados con el tirano y sus huestes depravadas.  

Fue una velada redonda que nos ha permitido disfrutar de una interesantísima ópera que nos habla de situaciones estremecedoras y todavía vigentes, presentada en una producción admirable y ejemplar.

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