En su tercer programa de la temporada, la Sinfónica de Tenerife, dirigida por su principal director invitado, Víctor Pablo Pérez, ofreció un programa titulado “Shostakovich provocando”, en el que se hace referencia a la polémica relacionada con el estreno de la novena sinfonía del compositor soviético. Por otro lado, y en términos musicales, los tres compositores interpretados se mueven dentro la tonalidad y reinterpretan las formas clásicas, lo cual puede ser elogiado por unos y también criticado por otros, especialmente los que prefieren la atonalidad o el serialismo. Las dos primeras obras del programa no habían sido tocadas anteriormente por la orquesta.

Víctor Pablo Pérez al frente de la OST durante el concierto © Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife
Víctor Pablo Pérez al frente de la OST durante el concierto
© Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife

Víctor Pablo Pérez despliega en su estilo una magnífica planificación, pensamiento orgánico y un excelente control de los recursos orquestales, además de gestos claros y efectivos que consiguen un sonido limpio y vivo. Además, su aproximación es cálida y es capaz de entresacar un amplio abanico de emociones. Todos estos aspectos quedaron reflejados en el concierto, contando con una orquesta en muy buen estado de forma, tanto en los tutti como en los solos.

Cervantina, del compositor gallego Juan Durán, fue estrenada en 2016 por el mismo Víctor Pablo Pérez. La obra, una "suite sinfónica sobre temas populares" es un homenaje a la música de la época de Cervantes, consistiendo en variaciones de temas del repertorio antiguo, tales como las “Folías de España”. La forma es imaginativa y la orquestación brillante. Tanto Pérez como la Sinfónica mostraron todos los aspectos y riqueza de esta interesantísima e imaginativa composición. Le siguió el preludio sinfónico compuesto en 1915 por Elgar, Polonia, Op.76, para rendir homenaje al país eslavo. Esta obra desarrolla una serie de citas y temas preexistentes y ostenta una magnífica orquestación. Fue interpretada con sutileza, pero destacándose además de la fuerza orquestal, los momentos más líricos (con un uso peculiar del rubato) sobre todo en la mención al Nocturno en sol menor, de Chopin. Las intervenciones solistas fueron excelentes.

Como broche de oro se interpretó la Sinfonía número 9 en mi bemol mayor, Op.70 de Dmitri Shostakovich, cuyos cinco extraordinarios movimientos nos llevan desde la ironía y el sarcasmo (en los movimientos impares) a la tristeza y desolación (en los pares). Es una obra de gran complejidad interpretativa, tanto en el terreno instrumental (con pasajes dificilísimos) como en el de la variedad expresiva. La orquesta ofreció un interesante planteamiento comenzando por un primer tiempo (Allegro) en el que desde el enfoque riguroso se destacaron los contrastes y acentos rítmicos. Solos como los del piccolo y el trombón funcionaron estupendamente. El segundo tiempo (Moderato) tuvo una planificación exquisita, con pianissimi muy logrados y una actuación espléndida de los vientos (comenzando por el clarinete solista) y de las cuerdas en la sección del vals. Al difícil tercer movimiento (Presto) le faltó algo de claridad al principio, pero fue resuelto con gracia y control. En el cuarto (Largo) se reflejaron perfectamente los contrastes entre los metales y los dos soliloquios magníficamente interpretados por el fagot. El final (Allegretto) tuvo gracia, y también fuerza en los momentos necesarios. La muy lograda versión de la sinfonía de Shostakovich fue el clímax de este espléndido concierto, que nos mostró un programa curioso, enigmático y fascinante.

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