El concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, titulado “ Bartók y el violín”, presentó al director inglés Alexander Shelley (en su debut con la orquesta) y a la violinista holandesa Simone Lamsma, dos figuras jóvenes e importantes dentro del panorama actual. En el programa, obras de tres de los más sobresalientes compositores del siglo XX: Stravinsky, Bartók y Ravel.

Alexander Shelley tiene una presencia agradable en el escenario y conecta con el público desde el primer momento. Su técnica de dirección está muy lograda, con movimientos de brazos flexibles (casi gimnásticos) que consiguen obtener de la orquesta resultados muy satisfactorios tanto en colorido como en el balance entre las diversas secciones, aspectos que funcionaron magníficamente durante todo el concierto. Estas cualidades y otras muchas se hicieron evidentes en la primera obra interpretada, la dos Suites para pequeña orquesta de Igor Stravinsky. Las distintas piezas fueron enfocadas con una maestría que cubrió desde la sutileza del Andante inicial, con un hermoso canto de las cuerdas, hasta los elementos rítmicos y humorísticos de la “Polka” o el “Galop”, pasando por los sutiles rubati de la “Española”. El rendimiento orquestal fue óptimo en los tutti, destacándose también varios solos instrumentales.

La violinista Simone Lamsma saluda al final del concierto © Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife
La violinista Simone Lamsma saluda al final del concierto
© Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife

El Concierto para violín y orquesta núm. 1 de Bartók es una obra juvenil de gran calidad y madurez, con muchas dificultades interpretativas, tanto para el solista como para el director y la orquesta. Simone Lamsma estuvo sensacional, confirmándose como una de las violinistas más interesantes del momento. Además de mostrar una técnica muy segura, destacó su capacidad para identificarse con todos los estados de ánimo requeridos: desde el comienzo lastimoso y los fraseos postrománticos del primer tiempo hasta los contrastes y los ataques rítmicos, y casi violentos, del segundo. También mostró una capacidad especial de colaboración camerística con la orquesta y el director, fundamental en una escritura tan cargada de contrapuntos y sutilezas. Shelley colaboró magníficamente con la solista, integrándola dentro del entramado orquestal, en el que despuntaron algunos solos como los de oboe o el corno inglés, y efectos como los del triángulo. Impresionante la gama dinámica que logró en la orquesta, desde los casi inaudibles pianísimos iniciales hasta las explosiones de ambos movimientos. Extraordinaria versión de una obra que debería ser más conocida. La violinista ofreció como regalo el Andante de la Sonata núm. 2 in la menor para violín solo de J. S. Bach, tocado con delicadeza y gran control.

Alexander Shelley al frente de la Sinfónica de Tenerife © Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife
Alexander Shelley al frente de la Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Orquesta Sinfónica de Tenerife

En la segunda parte del concierto se interpretaron las dos suites de la sinfonía coreográfica Daphnis et Chloé de Ravel, gran obra maestra del compositor francés. Shelley volvió a mostrar las mejores características de su estilo de dirección, ya que la orquesta sonó empastada y llena de colorido. Además, su interpretación comulgó muy bien con el mundo raveliano. En las dos primeras partes de la primera suite (“Nocturne” e “Interlude”) consiguió una gran variedad de matices y un admirable control orquestal, mientras que la “Danse guerrière” fue enfocada con mucha energía y contrastes. En la más conocida segunda suite, Shelley planificó primorosamente “Lever du jour”, sobre todo el entramado que refleja el complejo mundo de los pájaros, interpretado por los instrumentos de viento. “Pantomime” fue también excelente, creando una atmósfera que permitió resaltar el estupendo solo de flauta. La “Danse générale” fue obsesiva, llegando a un clímax impactante que daba fin a una excelente interpretación de una obra genial. Concierto triunfal y muy satisfactorio.

****1