Con una programación hecha para el disfrute de la vanguardia musical europea, L’Auditori planteó de nuevo el acercamiento a la escucha del repertorio de finales de siglo. Abriendo con lo último del Brahms romántico, su Sonata para clarinete núm.1 op.120 (interpretando la versión transcrita de Luciano Berio, del 1986), siguiendo con la reposición de la obra de Olga Neuwirth, Masaot/Clocks without hands, dedicada para el centenario de la muerte de Mahler y con estreno mundial en 2015, y finalizando con el Pélleas et Mélisande de Schönberg. Programación dedicada a la exploración de los sonidos, las capacidades de los instrumentos y los nuevos recursos sonoros en la narrativa musical. 

Matthias Pintscher dirigió una orquesta que muestra buena forma y calidad en el sonido que nada tiene que envidar a otras formaciones; el constante trabajo de ampliación en sus recursos en estos años, así como las diferentes batutas que han ido pasando y cincelando con buen tino (la última, la era de Kazushi Ono), muestran a una OBC en estado de gracia.

Andreas Ottensamer y Matthias Pintscher
© May Zircus | L'Auditori

La Sonata para clarinete núm. 1 se centró en subrayar las posibilidades del clarinete de Andreas Ottensamer, primer clarinetista de la Filarmónica de Berlín, que hizo del ejercicio una auténtica muestra de explotación del instrumento gracias a las líneas brahmianas dedicadas al dispositivo de viento. Ottensamer ejecutó un primer movimiento centrándose en el embellecimiento del tema, mostrando la importancia melódica que tendría su instrumento en todo el desarrollo entre contrastes y ritmos punteados. Cambios de registro, sin roturas en la línea melódica, potenciación de todos los colores tonales; en esta obra, Ottensamer dominó y creó una atmósfera de ritmos irregulares, con ataques temperados y contrastes tímbricos ejecutados con mesura. La articulación de todos los registros del clarinete resaltaron especialmente en los momentos expansivos, donde el discurso lírico era de mayor expresión, y donde el sentido melódico actuaba también en el diálogo entre acompañamiento e instrumento, remarcando la conexión en toda la lírica musical de los movimientos.

Con Masaot/Clocks without hands, la energía orquestal se expandió por todas las secciones creando retales polifónicos en la que los recuerdos personales de la autora junto con conceptos ligados al tiempo, se entremezclan y acaban por coser una partitura ecléctica con la multiplicidad de recursos sonoros. La OBC llevó a cabo este collage acústico a modo de poema sinfónico, con una narrativa desvelada en las esquinas de la partitura, y en el que se enfatizaba la naturaleza del sonido en relación a la variedad tímbrica y la superposición de tempi. Especial mérito para la sección de percusión, con un ejercicio que exigía la atención a nueve instrumentos, más la puesta a punto de los metrónomos. Una reflexión poético-musical, más allá de cualquier forma, que es en sí un propio viaje entre colores instrumentales y melodías escurridizas.

Matthias Pintscher al frente de la OBC
© May Zircus | L'Auditori

En Pélleas et Mélisande siguieron las líneas marcadas por Pintscher, acentuando la vertiente oculta e interna de las obras. Un resultado orquestal traducido en una masa densa y expresiva, en el que las secciones estuvieron unidas por los cromatismos reprimidos y en la tensión expresiva característica de toda la escritura melódica del compositor. Exigencia abordada resultante de una orquestación compleja y rica en la que se muestran estados y trances armónicos, y en el que queda patente la capacidad del conjunto en transmitir inestabilidad y contraposición de manera progresiva sin perder la belleza contenida encontrada en los detalles cromáticos o en acordes disonantes.

Un trabajo final que logró transmitir la especulación tonal inmersa en estas obras, así como su riqueza en la variedad sonora. Una dedicatoria a la intemporalidad de las piezas y a la belleza sumergida en ellas.

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