L’Auditori arrancó este inicio de temporada musical con la primeriza edición de Biennal de Quartets de Barcelona, un festival que ha conseguido reunir lo más despuntado en formaciones musicales (y varias emergentes) del panorama actual europeo, combinando también la presencia de cuartetos musicales locales a los que no les falta la potencia y la calidad de los primeros. Un planteamiento coherente y virtuoso; sobre todo goloso, en cuanto a repertorio se refiere, para acoger de nuevo en las salas a todos aquellos oyentes que, por las obligadas circunstancias sanitarias de estos meses, se vieron obligados a cambiar las butacas del auditorio por las de sus casas. Un inicio de temporada difícil, complejo para artistas y espectadores, pero constatando que la cultura musical, así como sus templos, han de sobrevivir a esta sacudida provocada por la pandemia de la covid-19. El replanteamiento ya es un hecho: la limitación del aforo al 50% y la creación de canales digitales para la retransmisión de los conciertos son las nuevas vías de supervivencia de l’Auditori, además de replantearse la programación focalizando su atención en el talento de casa.

Dentro de esta programación, Marmen Quartet y Quatuor Diotima llevaron a cabo sus repertorios compartiendo un objetivo común: conmemorar la música instrumental, aquella que se formuló en tiempos de la Ilustración, acarreando valores éticos y estéticos, y considerada género referente de la música pura. Todo ello partiendo de la reformulación de una nueva escucha (tan acorde y necesaria ahora, en este siglo, en estos tiempos que corren), sin dejar en ningún momento atrás el refinado dominio de la técnica del lenguaje musical. Destacaron ambas partes por su reivindicación a la música de no acompañamiento, a la legitimidad del género, la capacidad inventiva que hay detrás de él, al discurso contundente, al dominio técnico y al lenguaje poético que atesora cada pieza. Y solo tres piezas fueron suficientes para sostener todos estos principios.

El Marmen Quartet durante la interpretación del cuarteto de Debussy © May Zircus | L'Auditori
El Marmen Quartet durante la interpretación del cuarteto de Debussy
© May Zircus | L'Auditori

Marmen Quartet llevó a cabo la ejecución de Cuarteto de cuerda en sol menor, Op.10, única obra para cuarteto que escribió el compositor de Claude Debussy. Los toques impresionistas y poco tradicionales, tanto en las armonías como en las tonalidades, resaltaron sobre todo en los dos primeros movimientos de los cuatro que forman la pieza. Resaltó el trabajo a la hora de remarcar la sensualidad de la partitura en los cambios tonales, la sofisticación y la estructura cíclica de la misma, donde se dejó ver el minucioso trabajo de horas y el alto nivel de detalle logrado en la ejecución. Especial atención recibió el tratamiento de los timbres y sonoridades, que dejó ver a su vez la flexibilidad rítmica de los componentes de la formación, que alcanzaron a realizar todo el esquema de tecnicismos de cuerdas que el compositor francés ideó. Destacado también el desarrollo de las texturas alternadas del pizzicato y el arco, consiguiendo un conjunto orgánico (aunque no especialmente lineal), defendiendo de manera firme toda la variedad de posibilidades melódicas de la obra. Lograron transitar, con la naturalidad orgánica que exige la partitura, de un movimiento a otro partiendo de una estructura interna firme, tejiendo poco a poco el desarrollo motívico y estético.

El Quatuor Diotima durante el concierto en l'Auditori © May Zircus | L'Auditori
El Quatuor Diotima durante el concierto en l'Auditori
© May Zircus | L'Auditori

Quatuor Diotima se integró con la interpretación de la segunda pieza del programa: Cuarteto de cuerda núm. 1 de Béla Bartók. Después de la introducción de la obra de Debussy (quien parece que se antecede a Bartók), esta pieza se integra de manera natural con la primera presentada por la afinidad tímbrica y armónica que la define. El eclecticismo representativo de esta obra de tres movimientos es difícil de abordar, aunque los componentes de Diotima demostraron tesón y habilidad sobrante para hacerla frente con todas sus particularidades. Especialmente el trabajo en el primer movimiento, en el que la puntualización de las líneas melódicas con ese tratamiento deslizante entre unas y otras, y la consolidada textura cromática que surge del resultado, dejaron claro la magnificencia de la formación, tallada a base de horas de trabajo que representa su calidad interpretativa.

De la mano de la misma formación interpretaron, en estreno mundial, Code is poetry del compositor Luis Codera Puzo. Amalgama de sonidos que originan un código determinado, el cual se va transformando a lo largo de toda la pieza y que da paso a un juego sonoro que se basa en la capacidad de alternación, manipulación y generación de expectativa de los ritmos del propio código. Obra experimental que fusiona la música de concierto contemporánea con la imprevisión y que usa un código melódico como excusa para una nueva creación. Interesante el juego de valores que ofreció en la novicia Code, en la que se reconoce buena parte de lo que Codera Puzo es en la música: la reiterada y permanente escucha activa. La reiterada y permanente reexperimentación de la música.

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