Un pequeño escenario, suficiente para zarandear y ventilar prejuicios. El lenguaje rítmico que remite directamente a los orígenes sur-africanos de todos los componentes de la agrupación de Gregory Maqoma, responsable de la concepción de Broken Chord, mezcla recuerdos y promesas transformados en movimientos y palabras. Entre el ayer y el hoy, según del lado del que uno mire las cosas, parece que no haya pasado el tiempo. Una obra cantada y bailada, pero sobre todo sentida, de cómo revivir experiencias que no nos pertenecen e intentar comprender una vez más (y las veces que sean necesarias) el otro mundo, la otra realidad que tenemos enfrente. Ese mundo que demasiadas veces ha sido considerado el otro y frenado otras tantas por esa valla invisible llamada frontera.

Este periplo formado por cuatro actos nos muestra la marcha iniciada por la cultura sur-africana por el planeta, de su primer contacto con el exterior y que derivó con el primer reconocimiento de Occidente como parte del mundo. Obra que parte de las memorias y documentos de un grupo de jóvenes del continente que exportaron por primera vez al resto del globo su riqueza y su talento a finales del siglo XIX, llegando a organizar una gira por Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá. Este hito marcó el triunfo de la identidad africana más allá de sus fronteras definidas por otros; muestra de ello y de todo lo significativo de la su acción fue la instalación The Africa Choir 1891 Re-imagined creada por Thuthuka Sibisi. Un compendio de material visual y sonoro que sirvió a Maqoma como inspiración para crear el contenido de su obra. Broken Chord es una coreografía que rememora el paso del tiempo, de los movimientos y que enfoca las fisuras todavía muy visibles entre las relaciones entre Occidente con todos sus vecinos, en este caso y esencialmente con las identidades africanas.

Con la participación de Laduma Ngxokolo, diseñador que reivindica el color y el producto de la tierra, admirado por varias de las figuras de la moda actual, y un cuarteto de cantantes-bailarines que hacen a su vez de representantes de la cultura xhosa, crean un espacio simbólico y a la vez próximo de las historias personales de los miembros del coro abanderados por el mohair. Una marcha que atraviesa todos los estadios de aquel que migra, del que abandona un lugar para asumir otro en el mundo y del que lleva consigo su cultura para nutrirla con otras. Un primer acto cargado de esperanza y cantos africanos que se topan de frente con el pasado colonialista, interpretado por los miembros del Cor de Cambra del Palau de la Música. Los diálogos y espacios de entendimiento/disputa se entrelazan en las siguientes escenas, teniendo presente siempre su punto de inflexión: el origen como palo de guía y de transmutación de la escena. Un barrido de memoria que conlleva la confrontación racial, la lucha por el espacio, siendo todo una oda a la tierra y a las raíces culturales. La fusión entre cantos y danzas tradicionales con la escena contemporánea (complementado con la participación rítmica de varios elementos de percusión) dio en su conjunto una estela de pasajes reflexivos sobre la postura occidental frente al reconocimiento y la integridad de la cultura africana.

Una obra sincera, directa, sin ningún tipo de pretensión y reconciliadora con el pasado y el presente. Una crónica de viaje de hace dos siglos llevada a la revisión y a la revitalización, no para abrir viejas discordias, sino para mostrar la aceptación y la convivencia. Maqoma y su producción arrojan color y música a la posibilidad de un mañana algo mejor y más humano. 

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