Hay que admitir que Ramón Gener es un comunicador nato. Y en estos días que transitamos, hay pocos como él que demuestren tanta devoción y desapego de superioridad en lo que conlleva compartir conocimiento (de causa) y hacernos llegar a todos las mismas sensaciones. Este hombre de presencia sencilla y amable, lleva años dedicándose a actividades divulgativas en torno a la materia artística. Esencialmente en la vertiente musical con programas de la talla de Òpera en Texans o This is Opera, adaptándose a toda serie de formatos para el gran público y amasando un gran éxito. Un público genérico, con discernimientos diversos (de la vida y del arte) y nada discriminados, ya que el único objetivo que siempre ha mostrado Gener es el de acercar al otro, al espectador, al ajeno, una dimensión desacomplejada del arte. A través de un viaje por diferentes niveles explicativos, sea tanto para iniciados como para los más conocedores de la materia, el acercamiento puramente emocional es lo que destaca y deviene cónclave para unir a toda una sala con diferentes puntos de encuentro. Crea, en definitiva, una comunión del arte. Esa capacidad de transmisión y esa ilusión contagiosa de Gener hace posible que sus programas creativos y educativos funcionen de tirada. Para un colectivo heterogéneo, sí, pero ahí reside parte de lo admirable de su éxito: tumbar las fronteras del miedo a aquello que ya declaró Descartes, el yo sólo sé que nada sé.

Ramón Gener © Lorenzo Duaso
Ramón Gener
© Lorenzo Duaso

Inicia pues, bajo la referencia de la obra de Geoffrey Chaucer, Los cuentos de Canterbury, este espectáculo denominado Els 7 pecats capitals; un periplo transversal a lo largo de la historia de la música que aglomera varios cuentos suscritos en diversas piezas u obras musicales de grandes autores. Todos hitazos atemporales y universales, y los enlaza con los pecados capitales que les han seguido. También universales, faltaría más. La Orquestra Simfònica del Vallès se encargó de llevar las interpretaciones en medio del argumento del conductor; la ira frustrada de la Reina de la Noche de Die Zauberflöte de Mozart, la lujuria desatada en la danza de los siete velos de Salomé de Strauss, la pereza de la tortuga en el Carnaval de los animales de Saint-Saëns o la gula provocada por la danza del hada confitada del ballet El Cascanueces de Tchaikovsky son algunas de las piezas pecadoras que ofrecía el programa. El director musical Xavier Puig ejecutó con el mismo entusiasmo que su compañero de escena, haciéndole incluso de ayudante figurativo en lo que parecían ser pequeños gags apalabrados durante el espectáculo. Bombín en la testa y bandera inglesa como batuta para dirigir la marcha núm. 1 de Pompa y circunstancia de Edward Elgar en compás dos por cuatro para mitificarlo en una nueva marcha con referencias a la sardana. Soberbios los dos.

Concierto <i>Los siete pecados capitales</i> en el Palau de la Música © Lorenzo Duaso
Concierto Los siete pecados capitales en el Palau de la Música
© Lorenzo Duaso

La pequeña intervención de la soprano Almudena Jal-Ladi sirvió para que se luciera en una de las arias más conocidas y queridas de la ópera, con una convincente ejecución. Algo más aparatosa fue la intervención danzada de la bailarina Clara del Cerro, claramente dudosa en su coreografía por la falta de espacio en el que debía deslizarse, si se le puede llamar espacio a lo que hay entre la tarima del director y el piano de cola. Varios elementos escénicos más se utilizaron en la exhibición de Gener, que acabaron por convertirse en un prodigio al hacerse hueco entre tanto personal e instrumento.

Tarde de jolgorio con un repertorio muy accesible; una masterclass de los hitos del ayer, del hoy y del mañana con un argumento coherente, bien hilado y original. Apelación directa a las emociones a través de la música es lo que mejor define a Gener; animando a dar una oportunidad a la ópera, entre otros, viéndola despojada de prejuicios. No busquen, no hay nada más en el planteamiento que propone. Pero qué quieren que les diga. Una ve a este humanista feliz y quiere que se le pegue algo.

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