El celebérrimo concierto del maestro Rodrigo se dio después de la presentación de la primera pieza de la noche, la obertura alternativa que Carnicer compuso para Il barbiere di Siviglia de Rossini. Ya en los primeros compases de la obra, la sala empezó a almacenar el contenido vital que desprenden los intérpretes y el júbilo que transmite el conjunto de la orquesta, con un magnífico Gianandrea Noseda a la batuta.

Después de haberlos escuchado varias veces, uno ya sabe que la presencia de la Orquesta de Cadaqués es sinónimo de vivacidad y fuerza en cualquiera de sus interpretaciones. Y más si el acontecimiento musical es conducido por el propio Noseda, director principal de la agrupación y uno de los fichajes que repiten en el Palau en esta temporada. Fue una noche dedicada al encuentro de los estilos mediterráneos, de extremo a extremo, donde la joven banda fue la encargada de iniciar la función con la obertura de Il barbiere. El director se inició con una introducción lenta, bastante enfatizada, para más adelante romper con una serie de pasajes melódicos variados e ir introduciendo los instrumentos paulatinamente, aprovechando la potencia expresiva que cuenta cada sección para remarcar los fragmentos melódicos.

Gianandrea Noseda dirige la Orquesta de Cadaqués © BCN Clàssics | Joan Tomàs
Gianandrea Noseda dirige la Orquesta de Cadaqués
© BCN Clàssics | Joan Tomàs

A continuación, Juan Manuel Cañizares ocupaba su lugar en el auditorio, lo que le convertiría en el reclamo principal de la noche. La obra de Rodrigo es una de las más queridas de la producción nacional, consideraciones históricas aparte. Delicia especial para el guitarrista, al que se le vio cómodo en el desarrollo de los tres movimientos y donde su guitarra no fue captada como intrusa dentro de la agrupación musical. Claro ejemplo del diálogo establecido entre los dos estilos, mediterráneos en origen, y que remiten al primer intento (con esta misma pieza) de resolver la inclusión de la guitarra clásica en la orquesta moderna. La soltura del maestro hacía de él centro de atención entre los asistentes: ejercicio difícil el de mantener el equilibrio de escucha entre el instrumento solista y la orquestación, donde claramente el primero pudo con todo el conjunto de texturas sinfónicas. Hay que resaltar la emotividad que puso en el instrumento Cañizares durante la resolución de la obra, el cual permitió al oyente el acto de poder recrear, viajar al pasado y recuperar ese espíritu nacional musical más primigenio (precisamente uno de los objetivos que persigue la formación de Cadaquès), donde caben tanto evocaciones del Al-Andalus, momentos de la época de posguerra, como incluso figurarse uno de los conjuntos pictóricos de los Jardines de Santiago Rusiñol a través de la escucha de sus compases. Para finalizar, el maestro regaló (en primicia) la pieza compuesta para el equipo de natación sincronizada que representará a España en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, en forma de bis y como despedida.

Juan Manuel Cañízares saluda tras la interpretación del <i>Concierto de Aranjuez</i> © BCN Clàssics | Joan Tomàs
Juan Manuel Cañízares saluda tras la interpretación del Concierto de Aranjuez
© BCN Clàssics | Joan Tomàs

Gianandrea Noseda continuó para dar cierre a la noche con la representación de la Sinfonía núm. 2 de Beethoven. El director del conjunto de Cadaqués supo aprovechar los recursos efusivos que presentan los jóvenes músicos, que forman una de las muestras más potentes del panorama peninsular y por lo que, merecida recompensa, empiezan a proyectarse internacionalmente. Desarrollo de la obra con las pulsaciones y las sucesiones rítmicas, así como los contrastes y matices, que marca la partitura beethoveniana en los primeros movimientos, para luego mostrar la potencia interna de los siguientes de una forma más contenida. Resaltar también el tino a la hora de programar esta sinfonía, ya que despierta una de rara admiración.

Fundamental la conducción de Noseda para el triunfo del ejercicio de la orquesta; frenética, triunfal y hasta llegar a ser exhaustiva dando fin a la ceremonia, donde la sección de cuerda volvió a tener un reconocimiento merecido y muy aplaudido. Es de encomiar ya no sólo el trabajo técnico de toda la agrupación (que una vez finalizado el concierto y después de cuatro glorias consecutivas, hubo bis del Allegro molto de la sinfonía), sino el trato fraternal que se muestran entre todos. La armonía musical y afectiva entre los componentes es indiscutible, donde al acabar y como anécdota, el director felicita uno a uno a todos los integrantes. Felicidad y entusiasmo para demostrar una muy buena forma del conjunto, defensa y dominio de un repertorio versátil.

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