El 38 Festival Internacional de Música de Canarias prosigue su periplo con éxito, a pesar de cancelaciones como las de la Sinfónica de Gotemburgo y la Sinfónica de Tenerife. Por suerte, la mayoría de conciertos continúan y hemos tenido la oportunidad de disfrutar de una brillante actuación de la Orchestre Philharmonique du Luxembourg que, bajo la dirección de su titular, Gustavo Gimeno, se confirma como una de las orquestas europeas de referencia.

La velada comenzó con subito con forza, obra ingeniosa y lujosamente orquestada de la compositora coreana Unsuk Chin, que rinde homenaje a Beethoven a través de citas de algunas de las obras del compositor alemán. Desde el principio quedaron claras las virtudes del director y la orquesta, comenzando por una disciplina admirable que les permitió resolver todas las complejidades de esta obra. A una ejecución muy cuidada, hay que añadir la expresión, la energía y también la sobriedad del director, de gestos certeros, lo que permitió que nos adentráramos en el universo de esta excelente compositora, dominadora de los extremos sonoros y las posibilidades orquestales.

La pianista italiana Beatrice Rana
© Simon Fowler | Warner Classics

La joven pianista italiana Beatrice Rana está considerada como una de las más importantes pianistas de su generación, contando ya con diversas referencias discográficas de altísima calidad. En el Auditorio de Tenerife, volvió a demostrar su categoría con una esplendorosa versión de la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachmaninoff, obra variada e imaginativa. Con movimientos muy comedidos, sin prácticamente ningún gesto exuberante, la pianista consigue una gama dinámica muy amplia (sorprenden algunos fortísimos de gran proyección) y una amplia paleta sonora. Al principio, puede dar la impresión de cierta frialdad, algo que se va disipando en el transcurso de la interpretación, como quedó demostrado en su exquisita versión de la emblemática variación XVIII (Andante cantabile). Cierto que en algunos momentos se le podría pedir algo más de imaginación, como en la variación XII (Tempo di minuetto) o de gracia, como en la variación XV (Più vivo. Scherzando), donde se dejó llevar por un exceso de virtuosismo. Pero, en conjunto, convenció ampliamente por su dominio técnico y por muchos momentos de gran expresividad. Gimeno y la orquesta arroparon perfectamente a la pianista, dominando la difícil escritura orquestal y dándonos momentos especialmente maravillosos, como el comienzo de la variación XI (Moderato) y toda la ya citada variación XVIII. Beatrice Rana volvió a conquistar al público con una versión impresionante del Estudio para los ocho dedos, de Claude Debussy, ofrecida como regalo.

Gimeno y la Philharmonique du Luxembourg pusieron el broche de oro de la velada con una versión de la Sinfonía en re menor de César Franck llena de intensidad, sin puntos muertos y que mantuvo el interés de principio a fin. Solo en ciertos momentos se pudo echar de menos algo de sensualidad, como al principio del segundo movimiento (Allegretto), más severo de lo habitual; aunque, en todo caso, estuvo muy bien. El primero (Lento: Allegro ma non troppo) estuvo fantástico, con un comienzo estupendo, lleno de tensión, y con unas transiciones maravillosamente resueltas. Con el tercero, colmado de ímpetu y variedad, director y orquesta remataron una versión de muchos quilates. Ante la insistencia de los aplausos, pudimos disfrutar de una versión fenomenal del último movimiento del Concierto rumano de György Ligeti, que exhibió una prestación orquestal de máximo nivel, tanto en los solos como en los tutti y que deslumbró al público del Auditorio de Tenerife.

Excelente concierto, que nos ha permitido disfrutar de una de las más importantes pianistas jóvenes, de un director ya establecido en el panorama internacional y de una orquesta de amplia historia, que hace justicia a su reputación. 

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