En su último concierto de abono, el 38 Festival Internacional de Música de Canarias presentó a la Orquesta Sinfónica Estatal Rusa “Evgeny Svetlanov”, bajo la batuta de su actual titular, Vasily Petrenko. El programa fue dedicado a Rachmaninoff y Shostakovich, y la calidad de las versiones confirmaron el alto nivel del festival en esta edición, una de las más satisfactorias de las últimas décadas.

La solista Anastasia Makhamendrikova
© Festival Internacional de Música de Canarias

La velada se abrió con una excelente versión del famosísimo Concierto para piano y orquesta en do menor, op. 18, de Sergei Rachmaninoff, protagonizada por la joven Anastasia Makhamendrikova, de tan solo 19 años. Considerada como uno de los mayores talentos de la escuela rusa actual, reflejó una madurez que va mucho más allá de su edad, con un sonido muy atractivo y expresivo (nunca duro) que enganchó desde el primer momento. Además, su técnica se reveló como extraordinaria y nunca fue utilizada para simples demostraciones de virtuosismo, sino que sirvió perfectamente a las ideas musicales que quiso proyectar. En lo interpretativo destacaron muchos aspectos: proyección, variedad, dominio de la agógica. Aunque los aspectos más dramáticos y oscuros del concierto no estuvieron muy presentes y se podían haber cuidado más algunas de las transiciones. En todo caso, fue una versión muy convincente y con momentos mágicos, como el final del segundo movimiento. Vasily Petrenko impresionó en su colaboración con la pianista (a la que entendió perfectamente), creando siempre la atmósfera adecuada y aprovechando al máximo el colorido y la plenitud sonora de una orquesta que estuvo magnífica durante toda la obra. Como regalo, Makhamendrikova ofreció un breve preludio de Alexander Scriabin (el op. 11 núm. 6), en una interpretación que confirmó sus grandes cualidades.

La Orquesta Sinfónica Estatal Rusa "Evgeny Svetlanov", Vasily Petrenko y Anastasia Makhamendrikova
© Festival Internacional de Música de Canarias

Sin que hubiera descanso, se procedió a la interpretación de la Sinfonía núm. 9 en mi bemol mayor op. 70 de Dmitri Shostakovich, obra que pareció ir como anillo al dedo a las características del director y la orquesta, ya que lograron una versión deslumbrante en lo sonoro y variada en lo expresivo. Petrenko es un veterano en estos repertorios, y se nota. Con gestos variados, desde los muy serenos hasta llegar a dar saltos, construyó un primer movimiento (Allegro) lleno de ritmo, humor, sarcasmo y gran virtuosismo orquestal, para luego adentrarnos en las profundidades del Andante, donde pudimos percibir la sensación de tristeza que emana de la escritura de Shostakovich, todo realzado por un control maravilloso de los balances y las diversas articulaciones. El Presto fue claro y luminoso, con una sección de vientos perfecta, mientras que el Largo reflejó seriedad y un magnífico contraste entre la fuerza de los metales y el serio, y meditativo, solo de fagot (más filosófico que lamentoso, en esta ocasión). La transición al Allegretto-Allegro fue muy natural, casi imperceptible, y el director construyó poco a poco el frenesí rítmico y sonoro, hasta llevarnos a las explosiones del clímax final, con una respuesta orquestal abrumadora.

Brillante concierto dedicado a música rusa que contó con un director consagrado en estos repertorios, una orquesta muy prestigiosa y una joven pianista que promete ser una de las figuras de referencia en el futuro. 

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