La violinista alemana Anne-Sophie Mutter se ha presentado en el 38 Festival Internacional de Música de Canarias con un programa dedicado a tríos para violín, violonchelo y piano de Mozart. Repertorio difícil y comprometido para una velada que se celebró en el bellísimo Teatro Leal de la ciudad tinerfeña de La Laguna.

Mutter, una de las violinistas más importantes de los últimos cincuenta años, nos ofreció su lado más camerístico, colaborando de manera ejemplar con los otros intérpretes, pero sin dejar de ofrecer destellos de su colosal dominio instrumental. A su lado, el pianista Lambert Orkis mostró personalidad, sonido cuidado y una técnica muy sólida, que le permitió superar con solvencia los pasajes más intricados de la escritura mozartiana. Finalmente, el violonchelista alemán Lionel Martin, de tan solo 19 años, se codeó sin complejos con sus colegas más experimentados y ofreció detalles importantes en su, a veces, menospreciada parte.

Anne-Sophie Mutter, Lambert Orkis y Lionel Martin
© Festival Internacional de Música de Canarias

La visión general de los intérpretes fue de unos movimientos rápidos llenos de energía y contrastes, con tempi veloces (a veces al límite de lo posible), claridad de líneas y ciertas dosis de virtuosismo. Sin duda, no fue un Mozart tímido o almibarado. Los movimientos lentos fueron todos maravillosos; fluidos, pero nunca apresurados, magníficamente concebidos y realizados, con un diálogo magistral entre las partes. En el Divertimento en si bemol mayor K254 destacaron la energía y el fraseo del primer movimiento (Allegro Assai) y la expresividad del canto en el Adagio. El Rondo: Tempo de Menuetto sonó algo más rápido de lo habitual, pero se mantuvo en pie gracias a la calidad instrumental y el dominio del pulso y la acentuación. Se pudo pedir algo más de poesía al principio del Allegro inicial del Trío en mi mayor K542, tomado también a un tempo relativamente rápido, pero los intérpretes convencieron con un canto fluido e instantes sensacionales, como los pasajes en fugato. El Andante grazioso fue una maravilla, con una bellísima introducción pianística y momentos absolutamente geniales como la entrada del violín en la tonalidad de la menor. El Allegro final estuvo muy bien cantado y con algunas demostraciones de virtuosismo.

El Allegro del Trío en si bemol mayor K502 fue enfocado de manera sinfónica y el tempo volvió a ser algo más rápido de lo habitual. En el Larghetto se puso especial cuidado en la polifonía y el balance instrumental con un resultado magnífico. El Allegretto fue desbordante y lleno de energía, aunque se echó de menos algo más de humor en ocasiones. La versión del Trío en do mayor K548 fue absolutamente fabulosa en todos los sentidos. Increíble la energía del Allegro, con un desarrollo soberbio, y maravillosos también el muy expresivo Andante cantabile y el humorístico Allegro. Después de este espectacular broche de oro, los intérpretes ofrecieron, de regalo, una versión sentida y emocionante del segundo tiempo del Trío en re menor, op. 49 de Felix Mendelssohn.

Fue una gran velada con obras mozartianas en versiones muy personales a cargo de una de las violinistas más reconocidas, un magnífico pianista y un joven violonchelista de excelente condición.

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