La oportunidad de escuchar un oratorio como Israel en Egipto en nuestros días permite percatarse no únicamente de la originalidad radical y la renovación del lenguaje compositivo que G. F. Handel supuso para el contexto musical inglés del siglo XVIII, sino también experimentar un modo narrativo que todavía sorprende mediante la combinación repentina y magistral de registros, la brillantez de las partes solistas e, incluso, el humor. Todo ello, eso sí, en el buen entendido de que el conjunto responsable de la interpretación sabrá poner de manifiesto la riqueza que atesoran dichas páginas, labor que, sin duda, requiere un conocimiento penetrante del estilo handeliano, pero, asimismo, una vis dramática capaz de asimilar el efecto que el canto del libreto –en este caso, conformado íntegramente por extractos pertenecientes a los libros del Éxodo y los Salmos– había de provocar en el oyente: una inmersión atenta y emotiva en la literalidad del texto bíblico. Pues bien: Harry Christophers y The Sixteen, la agrupación que fundó y encabeza desde hace casi cuarenta años, respondieron al llamado con una lectura de la obra handeliana meritoria y mesurada en la mejor acepción del término.

Harry Christophers y The Sixteen © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías
Harry Christophers y The Sixteen
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías

Una de las más relevantes virtudes que Christophers y The Sixteen Choir & Orchestra desplegaron sobre el escenario de la Sala Sinfónica puede cifrarse en la excelente dicción que, independientemente de la forma que adoptase en cada momento la parte vocal aria, coro doble, coro, dúo, recitativo, acompañó a todos los números que constituyen las dos secciones de la segunda versión del oratorio la primera configuración de Israel en Egipto, estrenada en 1739, incluía una Oda fúnebre, que Handel sustituyó por la obertura actual, así como una segmentación tripartita: Éxodo y Cántico de Moisés. Los versículos se entendieron sin solución de continuidad gracias a la claridad de la pronunciación, que no se vio mermada ni en los pasajes de mayor densidad sonora ni en los finales de frase que obedecían a una flexión descendente. Ciertamente contribuyó a ello el empeño de Christophers, a quien se pudo ver vocalizar la letra de prácticamente la totalidad de los cuadros con un rigor y una expresividad que no lastraron los gestos simultáneos dirigidos a la orquesta.

Otro de los elementos fundamentales en el éxito de la actuación del elenco de Reino Unido fue el cuidado equilibrio que Christophers y sus músicos establecieron desde el principio hasta el final del concierto. Una muestra encomiable de tal ecualización la encontramos en las dinámicas de órgano y violone, siempre audibles en un volumen justo y sin perjuicio de la articulación, que aportó tanto firmeza rítmica como una adecuada base armónica. Pero, verdaderamente, conviene extender el elogio al resto de archi, sacabuches, trompetas y timbales, que nunca incurrieron en estridencias y, sin embargo, dotaron a la representación de una elegante traducción musical de las múltiples modulaciones e indicaciones dramáticas que atraviesan las respectivas particelle de Israel en Egipto.

The Sixteen, Harry Christophers y los solistas tras la interpretación de <i>Israel en Egipto</i> © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías
The Sixteen, Harry Christophers y los solistas tras la interpretación de Israel en Egipto
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías

Desde luego, cabe hacer lo propio con la mayoría de las intervenciones solistas. En este apartado, resultaron especialmente logradas las arias de los dos tenores, Mark Dobell y Tom Robson, que demostraron un gran virtuosismo, y las arias de las dos sopranos, Julie Cooper y Kate Hill, espléndidas en sus correspondientes solos, pero particularmente arrobadoras en el dúo The Lord is my strength. El contratenor Daniel Collins desgranó su partitura con más sobriedad, pero en un ascenso progresivo que terminó por brindar una exégesis a la altura del notable resultado colectivo. Es en tal respecto donde hay que aplaudir los magníficos esfuerzos corales, permanentemente cómplices con Christophers y los demás integrantes de The Sixteen, que, en definitiva, gloriaron las conquistas escriturales de Israel en Egipto y, por ende, la figura de su autor. La fama de Handel, vinculada habitualmente con el Mesías, su hito más sobresaliente, no debe conducir a un olvido del resto de oratorios que nutren su catálogo, en el que, según pudimos atestiguar anoche, Israel en Egipto también merece un lugar privilegiado.

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