Sé que puede sonar repetitivo insistir en el fulgurante ascenso en popularidad que ha tenido la música antigua en nuestro país, pero, ¿qué quieren que les diga? No todos los días llena un “José de Nebra” un Auditorio Nacional. Llegado a este punto, uno no puede evitar preguntarse cuál es la campaña de marketing que habrá seguido el equipo de músicos liderado por Alberto Miguélez Rouco para ser capaces de atraer hasta tal punto la atención del público madrileño.

Parece innegable que una parte del público asistió por ese título de “zarzuela”. Una calificación, en opinión de un servidor, engañosa pues, tal y como se representó Vendado es Amor, no es ciego, con la parte teatral reducida a una narración omnisciente muy resumida, estaría, comparándolo con los géneros galos, más cerca de la grand opéra que de la opéra-comique. Sabemos que no podemos pedir al Centro Nacional de Difusión Musical conciertos de más de dos horas y media, pero en ese caso, quizás repasar la nomenclatura no estaría de más. Eso sí, como técnica de marketing, sobresaliente.

Los solistas y el conjunto Los Elementos con Alberto Miguélez Rouco en la dirección.
© Rafa Martín | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

Aunque breve, la parte teatral fue entretenida, con una Brújula (Aurora Peña) pizpireta y desvergonzada cuyo carácter contrastaba cómicamente con el más serio Yannick Debus que interpretó a Títiro. Peña destacó, además, por una gran imaginación a la hora de ornamentar las repeticiones de sus arias con saltos al agudo que provocaron el aplauso tras su divertida "Esta chula cara" muy teatralizada. Debus destacó más por su timbre aterciopelado y su capacidad para articular en "Tempestad grande, amigo", de la que careció, precisamente Aurora Peña en este último dueto.

Probablemente también llamó la atención del público la presencia de nombres muy conocidos en el entorno de la música antigua como es el de Natalie Pérez, quien estuvo soberbia en el papel de Venus. Su voz de mezzosoprano tiene el cuerpo suficiente para lidiar perfectamente tanto con la orquesta como con un escenario del tamaño del Auditorio Nacional. Su timbre es equilibrado y constante y su ornamentación completamente orgánica. Junto a Pérez, otras voces de gran presencia que aún están ganándose su merecido espacio en la escena como es la de Ana Vieira Leite. De nuevo, una voz potente que destacó en todos los números de conjunto y cuya aria "Yo haré ese lamento" nos dejó con ganas de escucharla en un papel más relevante.

Alberto Miguélez Rouco y Yannick Debus.
© Rafa Martín | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

No escuchamos la voz de Alicia Amo a plena potencia hasta bien entrado el segundo acto cuando, por fin, supo proyectar de forma adecuada, permitiéndonos escuchar toda la riqueza vocal que durante toda la primera jornada había quedado opacada por la orquesta y por un escenario que se le quedó grande. Algo similar le debió a ocurrir a Giulia Semenzato, a la que el papel de Anquises le quedó tirante y falto de naturalidad, algo que se notó especialmente en los numerosos cambios de registro de arias como "Esta flecha que me hirió".

Seguramente, al público aficionado a la zarzuela –debo ser de los pocos críticos a los que les gusta pensar que el público es un ser pensante y hasta se lee las programaciones– le habrá llamado la atención un nombre como el de Alberto Miguélez Rouco que ha logrado colarse no solo en un ciclo de la talla de Universo Barroco, sino también en la programación de la temporada actual del Teatro de la Zarzuela en el que dirigirá La violación de Lucrecia del mismo José de Nebra. Lo cierto es que, aunque joven, el gallego lleva tiempo sonando en el mundo de la música barroca y viendo la agilidad con la que pasa de la dirección al clave e incluso toca las castañuelas, deberíamos plantearnos si estamos ante un prodigio. Su dirección se distinguió por la sobriedad o, al menos, por la falta de alardes innecesarios. Saber amoldarse a los cantantes –la dirección de los metales en el aria "Batalla con mi pecho" fue magistral­–, elegir bien los tempi… no es necesario mucho más para conseguir que una música de tanta calidad como la de esta obra de Nebra funcione.

Menos conocida es la agrupación de Los Elementos, asociada casi siempre a la batuta del maestro Miguélez Rouco. A destacar los efectos de la percusión y los músicos que interpretaron el bajo continuo –archilaúd y guitarra, arpa, clave y violonchelo– y los clarines en ese "Batalla con mi pecho" que ya hemos comentado.

Aunque el resultado aún es mejorable, hay un gran trabajo detrás de que el público asista en masa a escuchar una zarzuela barroca al Auditorio Nacional. No es algo casual, ni mucho menos es fruto, de algún modo, de una buena campaña de marketing.

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