Con el canto llano Mit Fired un Freud ich fahr dahin de Martin Luther, el conjunto de origen belga Vox Luminis daba comienzo a su concierto en torno a obras corales de Heinrich Schütz y miembros de la familia Bach. No había mejor manera que esta para sumergirse en las ideas luteranas que gobernarían la actividad musical en territorio germánico desde el siglo XVI. La agrupación, bajo la dirección de su fundador, Lionel Meunier, y con 12 cantantes, órgano y viola da gamba, ofreció este viaje, mostrando la evolución en el tratamiento de corales durante el siglo XVII.

Tras este comienzo monódico, la primera parte fue dedicada a la Musikalische Exequien de Heinrich Schütz (1585-1672), compuesta para los funerales de Enrique II, conde de Gera, en 1635. En el primer número (Nacket bin ich von Mutterleibe kommen) se pudo observar la teatralidad de la música del compositor germano, con una alternancia de solistas y coro completo, con momentos de verdadero diálogo. El segundo número, el motete Herr, wenn ich nur dich habe, es una obra a doble coro que contrastaría con el último número, el cántico de Simeón Herr, nun lässest du deinen Diener, quizás el más solemne de todos, con un coro grande cantando un texto, y otro más pequeño formado por un trío de solistas, en este caso colocados fuera del escenario, creando un efecto de verdadera belleza e intimidad. En esta primera parte del concierto, el conjunto estuvo quizás más acertado en los momentos de tutti  que en los solísticos, especialmente la sección masculina, con un timbre de carácter algo nasal que funcionaba muy bien en conjunto, pero no tanto a solo.

Los intetegrantes del conjunto belga Vox Luminis
Los intetegrantes del conjunto belga Vox Luminis

Bien es cierto que en la segunda parte el conjunto demostró contundentemente su dominio de este repertorio. Esta segunda sección constó de obras de la familia Bach (Johann, Johann Michael, Johann Christoph y Johann Ludwig). En gran parte de estos motetes a 4 o 5 voces, y en algunos casos a doble coro, de un tejido polifónico homofónico, pero a veces denso, se apreciaban perfectamente las melodías luteranas en las que están basados los corales y motetes, siempre puestas en la voz de soprano. Un claro ejemplo es Halt was du hast de Johann Michael Bach, en la que uno de los dos coros interpreta el coral Jesu, meine Freude. El conjunto ofreció una interpretación de máximo nivel, con un claro y profundo trabajo de ‘ensemble’: con la clarísima dicción del alemán, que especialmente se escuchaba en la producción de las consonantes, algo nada fácil en las obras vocales germanas, Vox Luminis pudo captar la atención de un público que se mostró totalmente receptivo. Meunier, mediante una gestualidad reducida, pero suficiente, dirigió al conjunto con extrema elegancia y precisión.

Por otra parte, supieron aprovechar al máximo el espacio de la Sala de Cámara, situándose algunos cantantes al lado del órgano o en los laterales en algunos momentos, algo que funcionó a la perfección debido a la buena acústica de la sala, y pudiéndose escuchar muy claramente todas las líneas vocales. Si bien esto podría haber supuesto un problema de continuidad, se solventó con la gran labor del organista Bart Jacobs, quien interpretó preludios entre cada pieza vocal, una labor densa y cansada, pero que produjo un gran efecto. También cabe destacar la labor de Ricardo Rodríguez Miranda a la viola da gamba, aportando diferentes colores tímbricos en cada pieza. En definitiva, esta velada fue un lujo para el público asistente, totalmente entregado al conjunto belga y especialmente a la maravillosa polifonía que interpretaron.

****1