Siempre es de agradecer que con motivo de las presentes festividades se le ofrece al público madrileño la interpretación de obras que, por sus características, casan bien con el espíritu navideño. En estas fechas nunca faltan los valses de Strauss, la Novena de Beethoven o el Mesías de Händel. El público conoce bien estas partituras y año tras año acude a las salas de conciertos para dejarse sorprender por las orquestas que interpretan estas obras maestras. Y más aun en el caso que nos ocupa, el *Mesías* interpretado por la London&Vienna Kammerorchester, formada por los mejores músicos de varias orquestas europeas, y reforzada, en esta ocasión, por la Sociedad Coral Excelentia, y además por el ambiente sereno y recogido de la Sala de Cámara del Auditorio Nacional.

Con estos atributos basta, pues, para que a priori uno se sienta, como diría Jennens, el autor del libreto, “consolado” y “regocijado”. La obra magna se inició con una Sinfonía en la que el director presentó a una orquesta cuyo mayor rasgo destacable fue la claridad instrumental, imprescindible en estos primeros pasajes fugados. El carácter medió entre la severidad y la ligereza, y logró crear un clima introductorio eficaz cuyos máximos responsables fueron las cuerdas y el sempiterno fagot. La dirección resultaba clara en los gestos del director ucraniano, que propició una evidente precisión del equilibrio sonoro y de las acentuaciones rítmicas.

El tenor Víctor Sordo © Pablo F. Juárez
El tenor Víctor Sordo
© Pablo F. Juárez
Posteriormente la orquesta asumió con solvencia su papel contrastante respecto al protagonismo de los solistas, y se dio a la tarea de proyectar los diversos estados emocionales que presentan los diferentes poemas del genial libreto, identificados en la Navidad, la Pasión y el Juicio Final. La orquesta, en suma –y si pasamos por alto alguna intervención desafortunada de las trompetas–, se mostró a la altura de sus componentes durante toda la representación.

En cambio, las partes corales no mostraron su mejor cara, y desnivelaron en numerosas ocasiones el buen recorrido del concierto con unos notables desaciertos en la afinación y en la precisión. No obstante, hay que destacar como rasgo indiscutible la capacidad de proyección sonora de esta formación, y también algunos momentos de expresividad ciertamente conmovedores, pero estos, incluso, sin duda habrían tenido más impacto si se hubiera enfocado con mayor rigidez el asunto de la pronunciación del inglés, un parámetro que se notó debilitado y que conviene tener en cuenta, toda vez que una buena parte de la grandeza de esta composición recae en el texto.

María Hinojosa © May Circus
María Hinojosa
© May Circus

También la intervención del cuarteto solista se debatió constantemente entre diferentes niveles de calidad interpretativa, con unos momentos álgidos de carácter vocal, pero con un resultado dramático menos impactante. En general, las voces supieron acceder al contenido expresivo de cada poema atendiendo a su carácter y reajustando el tempo a las necesidades de la partitura y del libreto. No obstante, destacaron las intervenciones de la soprano María Hinojosa que, excepcional en el elemento vocal, se mostró deslumbrante en su capacidad comunicativa con los oyentes, transmitiendo con una suerte de pasión eficientemente contenida las noticias del nacimiento del Mesías y, propiciando, entre otros detalles, un “Rejoice” memorable.

Un *Mesías* interesante, en suma, para preparar los festejos propios de la Navidad, que culminó, como no podía ser de otra manera, con una repetición exultante del famoso “Hallelujah”, y con la alegría manifiesta de quienes presenciaron la interpretación de esta partitura genial.