El público que asistió la tarde del 8 de mayo al Auditorio Nacional para disfrutar del undécimo concierto de la Serie Arriaga de Ibermúsica esperaba disfrutar de una noche de romanticismo, y eso fue precisamente lo que encontramos: romanticismo en su más pura expresión–aunque el de Sibelius sea un tanto tardío.

Mikko Franck ­–director titular de la Orchestre Philharmonique de Radio France– sorprendió con su curiosa manera de dirigir: delante de un podio que tal vez hubiera sido mejor que se hubiera retirado, ya que no lo usó en ningún momento. Dirigió casi todo el concierto sentado, de espaldas al primer violonchelo, al que debió ser, como mínimo, incómodo indicarle las entradas. En los tutti más potente se levantaba para dirigir el mar de violines de la orquesta, que llegó a agrupar durante la sinfonía a unos treinta intérpretes de dicho instrumento, pero en general ejerció una conducción sin florituras y sin la sobriedad que distingue a algunos directores de la escuela rusa. Una dirección, llamémosla intermedia, que llegó a parecer incluso demasiado laxa en ciertos momentos de Finlandia, el bis que ofreció ante los numerosos aplausos que le brindó el público tras la Sinfonía fantástica de Berlioz. Algo un tanto extraño teniendo en cuenta el carácter hímnico que esta fantasía instrumental tiene para los finlandeses. Sin embargo, al margen de esta peculiar actitud, la dirección presentó momentos bien trabajados, entre ellos el más llamativo fue el “baile” del segundo movimiento de la Fantástica de Berlioz en la que Franck logró rubatos imposibles en una orquesta que sonó con la flexibilidad y la jovialidad de un cuarteto de cuerda, toda una proeza.

La violinista Hilary Hahn © Dana van Leeuwen | Decca
La violinista Hilary Hahn
© Dana van Leeuwen | Decca

Pero en la primera parte la protagonista fue, indiscutiblemente, Hilary Hahn. La popular violinista estadounidense derrochó expresividad en un concierto en el que lo que se exige principalmente es controlar el plano expresivo, además de, por supuesto, dominar el lenguaje virtuosístico para violín por, entre otras cosas, los numerosos pasajes de dobles cuerdas que hay a lo largo de todo el concierto. La cadenza del primer movimiento fue excepcionalmente bella por el contraste entre delicadeza y un pequeño punto de agresividad con la que la interpretó. Normalmente hubiera sido de esperar que una artista tan expresiva se hubiera lucido más en el segundo movimiento Adagio di molto, sin embargo no destacó más que en el primero o el tercero. En este último, la naturalidad con la que llegaba a los numerosos clímax sonoros de la obra que no se resuelven hasta el final –y ni éste es del todo conclusivo– mantuvo al espectador en un estado constante de tensión y placer. Aunque, eso sí, no todo el mérito lo tuvo Hahn. La orquesta prestó mucha atención a sus matices que se formaban a partir de la superposición de los diferentes instrumentos evitando cualquier tipo de brusquedad y emitiendo un sonido bien balanceado. Tal vez por eso llamó tanto la atención la irrupción de los metales en los últimos movimientos de la Sinfonía fantástica y Finlandia, ya que estuvieron un tanto bruscos y, en general, descompensados con el resto de la orquesta, aunque tal vez ese sonido fuese la propuesta del maestro Franck para las crepusculares fanfarrias de Berlioz.

En cualquier caso, toda crítica son pequeños resquicios que el ojo experto encuentra a interpretaciones de un altísimo nivel. Hilary Hahn demostró que su talento no es sino el fruto de largas horas de estudio, ¿cómo si no iba a lograr un sonido tan delicado y expresivo en la Partita núm. 2 de J. S. Bach que nos brindó de propina? Así mismo, tanto la Orchestre Philharmonique de Radio France como su director Mikko Franck demostraron un gran nivel tanto en el cuidado acompañamiento del concierto de Sibelius como en los potentes tutti de la sinfonía de Berlioz en la que destacó la potente sección de bajos y la cohesión en la cuerda en general. Especial mención merecen los solistas de viento: Olivier Doise al oboe y Anne-Marie Gay al corno inglés hicieron un espectacular dúo al comienzo de la “Escena en el campo” de Berlioz y Jérôme Voisin interpretó magistralmente con su clarinete las diferentes apariciones que Henrietta –la amada de Berlioz– hace en la sinfonía.

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