Con el mal cuerpo que aún perdura en todos aquellos que nos consideramos europeos tras la salida final del Reino Unido de la Unión el pasado 1 de febrero, la Orquesta Nacional de España hace un guiño al país de la Splendid isolation.

Vaughan Williams y Holst, además de, por supuesto, Edward Elgar son los artífices de una época dorada para la música inglesa, escena dominada en el pasado por alemanes, que no tardaría en convertirse en emblema del nacionalismo británico. No es algo particular de ellos, piensen que una década antes del estreno de Los planetas ya había estrenado Albéniz sus piezas más famosas de la suite Iberia. O en la otra punta de Europa se hallaba Stravinsky poniendo música a las funciones del Ballet ruso. Fíjense la ironía de cómo en tratar de hallar las diferencias, acabamos encontrando un nexo. Pero volvamos a los británicos. Creo que el lirismo podría ser una característica de su música, muy presente especialmente en Vaughan Williams y también en Elgar, aunque es interesante también la presencia que la melodía tiene en la obra de Holst.

La Orquesta y Coro Nacionales de España con Eiji Oue al frente © Rafa Martín | OCNE
La Orquesta y Coro Nacionales de España con Eiji Oue al frente
© Rafa Martín | OCNE

Con esto en mente, la Orquesta y el Coro Nacionales de España con la plantilla prácticamente al completo hicieron una interpretación del Dona nobis pacem de Vaughan Williams en la que destacó el lirismo de la sección de cuerdas, así como la expresividad de las voces solistas de Jane Archibald (soprano) y Benjamin Appl (barítono). Ofreciendo este último, gracias a un timbre especialmente bello en su registro agudo, un tercer movimiento “Reconciliation” extraordinariamente bello. El coro estuvo muy cohesionado, mejor que la orquesta que a Eiji Oue le costó domar a pesar de que ejerció una dirección muy enérgica. El japonés dominó, eso sí, los matices, muy importantes en ambas obras y que Oue supo escalar en un ejercicio de maestría de la dirección orquestal. Aunque su labor no fue perfecta, se debe mencionar la buena relación con la plantilla que se pudo apreciar en momentos como los extendidos saludos individualizados de los músicos solistas o cuando la orquesta se negó por dos ocasiones a levantarse obligando a Oue a aceptar el caluroso aplauso del público que aplaudió a rabiar.

No es para menos con Los planetas, una obra en la que nuestra siempre potente sección de viento-metal y la percusión de la ONE pudieron desfogarse en los vibrantes Marte y Júpiter de los que hicieron una muy adecuada interpretación en la que también la cuerda hizo un papel a la altura. Fue realmente celestial el efecto del coro femenino al final de Neptuno, el místico donde se abrieron las puertas de la tribuna del Auditorio Nacional llenando poco a poco las tenues voces la sala.

Como consecuencia, ambas obras fueron recibidas por largas y sonoras ovaciones. Me atrevería incluso a decir que pudimos notar, tras esta interpretación de nuestra orquesta nacional como también eran un poco nuestras estas obras y es que, por mucho que se hayan ido, no se han podido llevar todo y, al final, esta música la reconocemos como inglesa, por supuesto, pero también europea.

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