Decía Claude Debussy que cuando uno no dispone de medios para costearse los viajes ha de suplir las ganas echando mano de la imaginación. Quienes hemos acudido a la cita habitual de la Orquesta Nacional en el Auditorio no nos hemos pertrechado de imágenes, objetos o literaturas para viajar a Bohemia: nos ha bastado, y de qué manera, con la interpretación de Má vlast (Mi Patria), la magna obra de Smetana, magistralmente conducida por un brillante Semyon Bychkov. El viaje ha sido, además, de lo más completo, pues, como saben, se compone de seis piezas representativas que tratan sobre el paisaje, los mitos y la historia de la región. Seis piezas que, en conjunto, representan, siguiendo a Harnoncourt, a la madre de la música checa. El desaparecido director austríaco era partidario de hacer una pausa tras la ejecución del tercer número, Šárka. En este se representa a la astuta amazona ingeniándoselas para masacrar junto a su ejército a una hueste de varones, depuestas sus defensas tras saciarse grandemente con jarros de hidromiel: todos son degollados, y esto viene a representarlo Smetana con un aparato orquestal extraordinario, que exige grandes esfuerzos de concentración a los músicos y a los oyentes.

Semyon Bychkov durante el concierto al frente de la Orquesta Nacional de España © Rafa Martín
Semyon Bychkov durante el concierto al frente de la Orquesta Nacional de España
© Rafa Martín

Y así ocurrió, pues se encontraba la formación en estado de gracia frente a este director. Nosotros celebramos que la formación haya afrontado la obra con carácter unitario, sin descanso, aún cuando ha representado la matanza sin concesión alguna y ha dejado a los oyentes sobrecogidos por la desgarradora imagen sonora. Destacamos en este número las intervenciones de sus principales personajes, el clarinete y el violonchelo.

También celebramos que, por una vez, se programe la obra completa, y no solamente el famoso Vltava (Moldava). De esta forma parece que cada pieza individual adquiere validez no solo por sí misma, sino además por contraste con la que le sigue. Este es un contraste que la formación logró eficientemente, y que disipó toda necesidad de descanso. Sin duda la habilidad de la orquesta para traducir eficazmente las propuestas del director sobre tempo y dinámica fue una pieza clave en el éxito de este concierto. La sensación general fue la de una experiencia artística que impedía a la atención del oyente retozar libremente en otros pensamientos distintos a la audición instrumental y a la dirección del elemento programático, pues, además, todo personaje, paisaje o acontecimiento se mostró claramente evidenciado en las intervenciones solistas.

Pensemos, sin ir más lejos, en la magistral introducción de las dos arpas, perfilando el tono legendario que identifica a la roca Vyšehrad, un tema que posteriormente se recupera en el Vltava, cuando la corriente del río fluye cerca de ella. Inolvidables en esta sección las intervenciones del clarinete y la flauta y las de la formación al completo al anunciar el conocidísimo motivo del río. Luego reconoceríamos nuevamente los temas principales del Vltava y Vyšehrad al término de todo el ciclo, ofreciendo una nueva muestra de la unidad narrativa de la composición.

Claro que para que todo esto funcione no basta con la proyección estructural; se requiere la presencia de un director que conozca la partitura hasta sus últimos rincones y que domine todos los parámetros de la dinámica, de la declamación y del fraseo, pues en esta obra abundan los materiales temáticos, los amplios motivos melódicos y las personificaciones instrumentales. En este sentido Bychkov se mostró implacable en la proyección de un sonido versátil que se dividía entre dinámicas extremas, y equilibrando, asimismo, jerarquías en los brillantes pasajes fugados. En el conjunto orquestal la formación supo proyectar un sonido potente y homogéneo, presentando en todo momento a una percusión y a unos metales ejemplares que no descollaron por encima de su cometido. En esta ocasión la orquesta se percibía en conexión con el criterio de su director, y sobre todo, con el propósito musical del compositor checo.

De esta suerte nos llevó la orquesta, como decía, a conocer la geografía y la historia bohemia; pero también nos dejó muestras del carácter alemán, que está presente en el número de los bosques y campos, en la forma de un pequeño lied que convive con la polca bohemia. Un viaje de lujo, pues, con la inestimable guía de la Orquesta Nacional, a cuyos miembros debemos aplaudir la gesta de habernos traído en tres sesiones seguidas esta gran música nacionalista.

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