Las temperaturas suben en Madrid, ciudad de extremos estivales, pero la noche se refresca con la brisa suave de un programa bien escogido y mejor hilvanado. Por estos días, o para ser preciso, por estas noches, la Compañía Nacional de Danza nos propone un delicado programa que recorre cada uno de los puntos fuertes de la agrupación en el Teatro Real de la capital española.

El CND en <i>Anhelos y Tormentos</i> © Jesús Vallinas
El CND en Anhelos y Tormentos
© Jesús Vallinas

Sin duda alguna, la elección estrella fue In the nigth de Jerome Robbins. Esta pieza exquisita estrenada por los setenta del pasado siglo en Nueva York, sigue deleitando a cualquier público. La historias de tres amores diferentes con música de Chopin, esta vez interpretada in vivo por el pianista cubano Carlos Faxas, abrió la noche con éxito. En ella brilló con intensidad la pareja encargada del primer pas de deux y hablo de Giulia París y Alessandro Riga, que supo transmitir en todo momento la feroz contención de un idilio. Sin embargo, una vez más la cuerda floja estuvo bajo los pies de Moisés Martín Cintas quien, a pesar de su porte principesco no logra una interpretación segura y limpia como corresponde a un bailarín de tan destacada compañía. A su lado, Kayoko Everhart no pudo desarrollar el talento necesario, probablemente debido a la falta de seguridad de su partener.

Con el avance de la noche nos llegó Anhelos y Tormentos de Dimo Kirilov, coreografía que se enmarca en el estilo que caracterizó la CND en los tiempos de Nacho Duato y que, sabiamente, el actual director José Carlos Martínez mantiene. Con elementos de romanticismo y neorromanticismo, este homenaje a Enrique Granados nos muestra una obsesión por lo pasional que, en ocasiones, nos conduce a un abismo. Pero no todo brilla en esta coreografía que aún necesita recorrido y, en esta ocasión, fue salvada por los interpretes entre los cuales resaltaron los nombres de los incombustibles: Tamako Akiyama y Daan Vervoort.

Para la segunda parte se nos reservó un Romance a tres que, salvo imprecisiones perdonables en los primeros minutos, fluyó en los pies ligeros y líneas perfectas de Shankardass, Sanz y Poirier y sirvió de alegre preámbulo para un final de noche, con ese viaje a la semilla que ha hecho la CND volviendo al clásico y desempolvando la punta y el fouetté.  En esta ocasión la elección recayó en un divertimento sobre Raymonda que lleva la firma del propio José Carlos Martínez. Siempre he dicho que no es ni será su mejor aportación al clásico, es difícil superar el gran Quijote que nos regaló recientemente, pero como alguien dijo, hasta el sol tiene manchas.