Dicen que veinte años no son nada y puede haber alguna razón en ello, pero treinta ya es una cifra respetable. Tres décadas de creación continuada es lo que Víctor Ullate, el maestro de los grandes, celebró en el Teatro Real de Madrid. Una noche donde pudimos apreciar, desde la respetable distancia temporal, la cercanía de sus coreografías.

Para la ocasión un cúmulo de estrellas desfilaron por el escenario con un objetivo: hacer brillar aquellos pasos que una vez Ullate cinceló sobre los pies de una larga, diría que enorme, lista de pupilos. Coreografías entrañables como El arte de la danza, Carmen, Samsara y Love se mezclaron con piezas de otros coreógrafos para lucir un programa balanceado y agradable.

<i>De Triana a Sevilla</i> con los bailarines Joaquín de Luz y Martina Giuffrida © Javier del Real | Teatro Real
De Triana a Sevilla con los bailarines Joaquín de Luz y Martina Giuffrida
© Javier del Real | Teatro Real

En la primera parte, los aplausos fueron sonoros cuando el incombustible Joaquín de Luz junto a Katherine Currier cerraban un Liberandum deslumbrante. El futuro director artístico de la Compañía Nacional de Danza pudo testar, en riguroso directo, el calor de un público que, desde ya, espera su próximo aterrizaje pleno y duradero en la escena española. También recibió el agradecimiento entusiasta de los asistentes la responsable de cerrar la primera parte de la noche, hablamos de Polina Semionova con su sublime Muerte del cisne que, aunque mostró una significativa premura en sus aleteos finales, logró desenvolverse con la soltura habitual en esta conocidísima pieza de la danza clásica.

Sin embargo, no todo fue perfecto. Como muchas veces ocurre, el programa anunciado tuvo importantes variaciones de última hora. La bailarina española Lucía Lacarra, probablemente una de las más esperadas apariciones programadas, tuvo que cancelar su participación debido a una lesión que le hizo imposible bailar. Es entonces que el estreno mundial de Antígona no tuvo lugar para desconcierto de todos y la segunda parte del programa quedó huérfana de su plato fuerte. Mas no hubo desencanto, otra vez se escucharon vítores para un lúcido Joaquín de Luz en De Triana a Sevilla y estruendosos aplausos para celebrar los encendidos fouettés de Polina Semionova en Don Quijote.

<i>Bolero</i> con Josué Ullate y Marlen Fuerte © Javier del Real | Teatro Real
Bolero con Josué Ullate y Marlen Fuerte
© Javier del Real | Teatro Real

Para final, Ullate reservó su Bolero con música de Ravel. Una coreografía coral con gran carga erótica que siempre ha funcionado como broche dorado de una noche de danza. Sin embargo, en opinión quizá demasiado personal, otra elección habría sido mejor avenida. Bolero no es su creación más original y muchos son los momentos que imágenes similares aparecen durante su ejecución. Pero ya sabemos que hasta el Sol tiene alguna que otra mancha. Treinta años de mucho Ullate resumidos en algo menos de dos horas dieron para soñar con, al menos, otra década de creación.

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