Si existe una revolucionaria en la danza, ella es Martha Graham. Y digo “es”, en lugar de “fue”, porque su espíritu innovador persiste, casi se puede respirar, en la compañía que lleva su nombre y cumple 90 años de existencia. La Martha Graham Dance Company flota sin dejar de tener los pies en la tierra. De su creadora no sólo hereda el empuje de un estilo único, sino también la constante adaptación a los tiempos. “El artista vive su tiempo, de hecho, lo crea” solía decir. La gran bailarina siempre estuvo alerta a su tiempo… si el público no se leía el libreto, lo explicaba antes de comenzar la función, si aparecía la televisión, usaba una cámara para lograr nuevos efectos. Definitivamente, hoy la Graham sería Youtuber y hablaría de danza usando los 140 caracteres de Twitter. Pero ya no está, su vida longeva se apagó a principios de los noventa y tuvo a bien dejarnos el legado de su arte.

Muchas son las historias que se pueden contar de esta persona inmensa, siempre está en el aire aquel “no” rotundo a la Alemania de Hitler cuando fue invitada a las olimpiadas que celebró el Führer o su eterna implicación en las causas justas. Pero si de danza hablamos, ella es lo que Einstein en la física, Picasso en la pintura o Stravinsky en la música… una auténtica revolucionaria. Aún hoy, al ver bailar algunas de sus coreografías se tiene la sensación de estar frente a una creación reciente y, sorprendentemente, contemporánea. Es por todo esto que califico de suerte casi inmerecida poder apreciar, una vez más, la Martha Graham Dance Company que, por estos días, llena de aplausos y bravos el Teatro Real de Madrid.

La primera bailarina Blakeley White-McGuire en <i>Chronicle</i> © Brigid Pierce
La primera bailarina Blakeley White-McGuire en Chronicle
© Brigid Pierce

Dos son los programas elegidos para la ocasión, ambos cuidadosamente escogidos, balanceados y brillantes. En la noche del estreno, el telón se abrió con la conocida Deep Song precedida de imágenes alegóricas al Guernica. Un impresionante “solo” que Xin Ying ejecutó impecablemente. Mas fue tan sólo un aperitivo que dio paso a una obra maestra firmada por Graham cuando corría el año 1936. Me refiero a Chronicle, ballet en tres tiempos que nos habla de la devastación espiritual que supone una guerra. Su actualidad no sólo se subscribe a la locura de un mundo que sucumbe a los conflictos, vamos más allá, esta danza es terriblemente contemporánea y un profano la clasificaría de rompedora en el siglo XXI. Luego de apreciarla, poco crédito queda para la pléyade de coreógrafos, muy posteriores, que dicen haber quebrado los moldes. Sus bailarinas, potentes mezclas de sutileza y fuerza, buscan en las figuras coreográficas más diversas poner voz a la desesperanza sin dar ni el más mínimo crédito al desequilibrio. Huyendo de las poco naturales y rígidas posturas que definen el ballet clásico, con esta coreografía Martha Graham pone en el infinito el límite que el cuerpo femenino admite. A continuación, se propone un cambio de género y un salto en el tiempo que apenas se nota. Cinco bailarines interpretan una creación, encargada a Nacho Duato, que lleva por nombre Rust y busca remover la consciencia de un mundo indiferente a la tortura que engendran los conflictos de hoy. Es habitual que esta compañía incorpore en su repertorio trabajos de coreógrafos contemporáneos que, sin seguir estrictamente el estilo Graham, llevan en su impronta algo de ella. Es el caso de Sidi Larbi, de quien podemos ver en este programa Mosaic, una pieza de inspiración oriental donde los bailarines cambian los movimientos rectangulares por las suaves sinuosidades características de las danzas árabes. Siguiendo el estilo, a continuación, PeiJu Chien-Pott al interpretar Ekstasis se desprende de su osamenta para encarnar esa locura pélvica que la Graham creó en 1933 y hoy aparenta pocos meses de vida. Es entonces que llega la fiesta final con la Diversion of Angels también de Martha Graham. Un auténtico recital de tipos de amor inspirado en los colores de Kandinsky y, probablemente, las diferentes edades del amor de las que, tiempo después, habló Freud.