Han pasado ya, al menos, dos años desde que Daniel Bianco anunciase su intención de traer a España la joya de la corona de la zarzuela latinoamericana: Cecilia Valdés. A pesar de que no ha sido cosa fácil el conseguir que se estrenase en España, cuestiones de derechos y demás, cuando Bianco quiere algo casi siempre lo consigue, y gracias a su férrea voluntad se estrenaba el pasado 24 de enero, como primicia en nuestro Madrid, Cecilia Valdés. Y los amantes de la zarzuela la estábamos esperando.

Escena de <i>Cecilia Valdés</i> en el Teatro de la Zarzuela © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Escena de Cecilia Valdés en el Teatro de la Zarzuela
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Mereció la pena poder escuchar en directo la excelente música de Gonzalo Roig en la que se mezclan los ritmos autóctonos cubanos con una instrumentación moderna para su época y notables influencias del jazz. No tan bien ha envejecido el texto de Agustín Rodríguez y José Sánchez-Arcilla que, después de casi un siglo, no llega al público con la misma fuerza. Es por ello que demanda ciertos ajustes, claro que, dudo bastante que los realizados por Carlos Wagner sean los adecuados. Se adelanta más de un siglo la época en la que transcurre la trama: de la señorial década de 1830 saltamos a la estética tropical de la primera mitad del siglo XX y, claro, en una Cuba independiente resultan inverosímiles las críticas a la esclavitud –derogada en la isla en 1886–, el título de conde al que aspira Don Cándido Gamboa o las quejas de éste hacia la piratería inglesa, así como la mentalidad decimonónica de Doña Rosa. Incluso el Andante religioso y la apoteosis, quedan extraños en este contexto demasiado moderno, provocando un final más cómico que trágico. Una decisión trascendental que impide al público entender y conectar con esta obra que desconoce y que, si le gusta, no va a ser en absoluto por una dramaturgia que resulta completamente absurda y salvada únicamente por la comicidad de personajes como Tirso y Don Melitón, sino por la música.

Martín Nusspaumer (Leonardo) y Elizabeth Caballero (Cecilia) © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Martín Nusspaumer (Leonardo) y Elizabeth Caballero (Cecilia)
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

La Orquesta de la Comunidad de Madrid comandada por Óliver Díaz hizo un buen trabajo, especialmente la sección de viento madera con sus solos jazzísticos y la percusión. De las voces solistas se debe destacar a Linda Mirabal que caló en el papel de Dolores Santa Cruz interpretando un "Tango congo ideal" que dignifica este popular número. También hubo esta misma labor de dignificación en los números corales en los que el Coro de la Zarzuela dirigido por Antonio Fauró ofreció una versión muy profesional, seguramente la mejor de las versiones grabadas hasta la fecha en momentos como el "Coro de los esclavos" del segundo acto. Así mismo, fue en este primer cuadro del segundo acto en el que más sobresalió el cuerpo de baile en un claro acercamiento a los ritos del vudú y la santería. Más controvertida fue la célebre Contradanza en la que Nuria Castejón optó por una versión más exótica que realista.

Linda Mirabal en el papel de Dolores Santa Cruz © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Linda Mirabal en el papel de Dolores Santa Cruz
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Del cuarteto vocal protagonista me causaron mejor impresión Cristina Faus y Homero Pérez-Miranda, quienes encajaron muy bien en sus respectivos papeles como Isabel Ilincheta y José Dolores, que la protagonista Elizabeth Caballero que abusó del vibrato en los momentos más líricos como la "Canción de cuna", cuando había demostrado ya en la "Salida de Cecilia" que no le hace falta, pues domina perfectamente la coloratura en el registro agudo. Por otro lado, a Martín Neusspaumer le faltó potencia, aunque mostró capacidades técnicas sorprendentes.

La música de Gonzalo Roig es tan estupenda que poco hace falta para que esta obra sea un éxito. Sin embargo, tal vez esa larga espera hasta que por fin se estrenase en nuestro Teatro de la Zarzuela Cecilia Valdés ha ido creando en la mente de aquellos que amamos la música de nuestros compatriotas americanos unas expectativas que, si bien eran muy altas, no se han visto en absoluto cumplidas por una inmerecida producción.

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