Bailar es un acto de valiente rebeldía que se torna necesidad en aquellos que la libertad corre por sus arterias. Luego viene la academia, los estilos y un infinito etcétera que transforman en arte, y negocio, el movimiento. Cuando hablamos de danza o vamos a algo más específico y decimos: ballet, los tutús florecen y sólo pensamos en princesas escuálidas muriendo de amor a primera vista. Sin embargo, bailar abarca un espectro amplio y si queremos provocar, descolocar y hacer pensar, el abanico de posibilidades se multiplica por un factor enorme.

© Riccardo Musacchio & Flavio Ianniello
© Riccardo Musacchio & Flavio Ianniello

Durante estos días la Compañía Nacional de Danza sube al escenario una creación de Jérôme Bel que provoca y hace pensar. Con The show must go on, la agrupación dirigida por José Carlos Martínez amplía sus horizontes y experimenta con el espectador. No niego que al inicio el desconcierto se apoderó de quien estas líneas escribe. Pocas veces un escenario vacío y música que parece sacada de una lista de Spotify para los momentos en que corres, llenan los primeros largos minutos de un espectáculo. Mas, a poco, el espectador de mente abierta se percata de su protagonismo y empieza a participar a la par que a disfrutar. Mientras tanto, en escena, un grupo de personas diversas siguen una coreografía ajustada a las posibilidades de los no-profesionales que, como haría Isadora Duncan, se mueven con la música. El espectáculo resultante es, cuanto menos, retador. Número tras número el experimento se vuelve evidencia y uno a uno los asistentes entienden que están frente a algo diferente. Quizá sea necesario recordar que una pequeña preparación es recomendable cuando asistimos a un evento cultural. No vayamos buscando una noche de virtuosismo y grandes divas, a The show must go on hay que ir desprovisto de prejuicios y dispuesto a responder a la provocación permanente. Allí encontraremos una creación al más puro estilo Bel en la que prima ese naturalismo brutal, típico de Nueva York, que algunos califican como anti-academia y hasta anti-sistema, quizá evitando usar un adjetivo más apropiado.

<i>The show must go on</i>, creación de Jérôme Bel © Riccardo Musacchio & Flavio Ianniello
The show must go on, creación de Jérôme Bel
© Riccardo Musacchio & Flavio Ianniello

Probablemente este espectáculo necesite un punto de explicación previa para evitar desconciertos y malos entendidos, o quizá sea precisamente la ausencia de lo esperado lo que hace atractiva esta apuesta arriesgada. De cualquier manera, una vez más, la Compañía Nacional de Danza muestra su enorme flexibilidad, cosa que los madrileños y visitantes siempre agradecemos.