Desde 2013, una epifanía agita el universo de la música clásica. Natalia Ensemble no se limita (y esto ya entrañaría razón para el encomio) a prolongar el gesto de Claudio Abbado y la GMJO. A la ecuación del maestro italiano, cuya fórmula pretendía engarzar las esencias de la amistad y la música, se añade ahora una tercera constante: el espíritu revolucionario. Y todo ello desde la consigna wittgensteiniana: Revolutionär wird der sein, der sich selbst revolutionieren kann -‘Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo’-. Prescinden de director, eligen el programa, lo adaptan y gestionan sus propios conciertos. Así lo cuenta José Andrés Reyes en el texto que acompaña Mahler 5, el primer y esplendoroso proyecto discográfico de la formación: “Desde la primera vez que tocamos juntos todo ha sido planificado de esta manera, desde abajo […]. Y es que como asumimos la responsabilidad de todo este proceso de preparación y ejecución de la música […] somos mucho más capaces de transmitir un mensaje a nuestro público”.

De manera similar a la empresa acometida por Schönberg y la Verein für Privataufführungen (pero sin las constricciones relativas al repertorio y el estatismo de una sede), la partitura vuelve a tomar las riendas, generando el inexorable impulso de expandirse al más alto nivel. No se trata únicamente del oxímoron en el que la sencillez y lo egregio unen sus fuerzas para perseguir la perfección musical; también hay que remarcar el uso, la dimensión pragmática y social que alienta desde la base el movimiento.

Los integrantes de Natalia Ensemble
Los integrantes de Natalia Ensemble

El Festival Internacional de Santander brindó el escaparate (es preciso aplaudir la apuesta) para la última insurrección de Natalia Ensemble. Bajo el membrete Sinfonías de salón, la coyuntura propone una doble transportación de la Sinfonía en re, de Juan Crisóstomo Arriaga, y la Sinfonía núm. 3 “Eroica”, Op.55, de Ludwig van Beethoven: por una parte, la reducción a noneto (violín, viola, violonchelo, contrabajo, trompa, fagot, clarinete, oboe y flauta) del pentagrama; por otra (y en consecuencia), la posibilidad de llevar la música a prácticamente cualquier espacio, salvando los óbices y desventajas que atraviesan las producciones de gran caudal.

Los arreglos funcionan; el resultado, encandila. Nada se echó de menos en el ejercicio: desde el empaste y la exactitud rítmica (con la dificultad añadida de prescindir de conductor) hasta la energía vibrante, pasando por la fidelidad de la exégesis como principio rector e inexcusable. En este sentido, cabe encarecer la coherencia a la hora de desgranar el programa: el vuelo dramático e íntimo del Allegro con brio y el Andante de la Sinfonía en Re (mención especial para la urdimbre melódica tejida por Oleguer Beltran) no renunciaron a la respiración de los tempi, manteniendo la línea a través de Scherzo y Finale. Incluso más allá: el minuetto prefiguró el ulterior Scherzo beethoveniano, logrando momentos de liviana hermosura en el trío.

A propósito de la Eroica, los elogios se multiplican. Cada uno de los movimientos (I. Allegro con brio; II. Marcia funebre: Adagio assai; III. Scherzo: Allegro vivace; y IV. Finale: Allegro molto) fue saldado sin menoscabo de intensidad, cuidado y fluidez. La majestuosidad de la exposición desembocó en el manejo de las oposiciones entre el ritmo binario y ternario (encomiable labor de viola) y creó el espacio adecuado para el sepelio. El Adagio fue digno del epicedio más elevado y mostró por qué alguien como Hans von Bülow se vestía con guantes negros para dirigir esta página. Los dos movimientos finales desataron la tempestad, fintando el peligro de incurrir en el caos y conservando el molde estructural en la carrera fugada, además de exhibir un virtuosismo excelso en la totalidad de las voces.

El título reza: Sinfonia EroicaComposta per festeggiare il sovvenire di un grand Uomo (Sinfonía Heroica. Compuesta para festejar el recuerdo de un gran ser humano). Al socaire de lo vivido anoche, uno diría que se trata más bien de 9: Oleguer Beltran, Behrang Rassekhi, Tomáš Jamník, José Andrés Reyes, André Cebrián, Jérémy Sassano, Darío Mariño, María José Rielo y Maciej Baranowski. Estamos convencidos de que el espíritu de Natalia Ensemble hace de sus miembros dignos dedicatarios; ante la fuerza, la música y la revolución que en el presente abanderan, puede que Beethoven se abstuviera de tachar sus nombres. Incluso aunque todos ellos se apellidaran Bonaparte.

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