En el segundo concierto de la temporada 2022-2023, la Orquesta Sinfónica de Tenerife se presentó con un programa romántico, teniendo como artistas invitados al veterano director francés Jean-Claude Casadesus –quien con nada menos que ochenta y seis años se mostró en plena forma–, y al espléndido violinista ruso Dmitri Makhtin. Ambos hacían su primera aparición con la orquesta.

Makhtin es un destacado representante de la escuela rusa de violín, algo que confirmó en esta velada, en la cual mostró un dominio de todos los recursos técnicos, además de un sonido grande y variado. Su versión del Concierto para violín y orquesta núm. 1, de Max Bruch, obra de gran calado y uno de los conciertos de violín más famosos, convenció por su entrega y musicalidad. Sin dejar de lado su labor de solista –desarrollada con personalidad y esplendor–, Makhtin supo ver perfectamente el lado camerístico, a la par que el sinfónico, de la obra, en perfecta armonía con el director (especialmente interesantes fueron los varios momentos de diálogo entre el violinista y los solistas de la orquesta).

El violinista Dmitri Makhtin y Jean-Claude Casadesus al frente de la Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Sinfónica de Tenerife

Por otro lado, uno de los aspectos más importantes de esta versión fue el de encontrarnos ante un gran fresco sinfónico, en el cual la parte orquestal adquirió una importancia decisiva, más allá del mero acompañamiento, y donde se escucharon de manera especial muchos detalles de la magnífica orquestación. Jean-Claude Casadesus asombró, y más si se tiene en cuenta su edad, por la energía de los tutti y la atención a todos los detalles. Además, supo obtener de la orquesta un sonido apropiado para esta obra, con un balance perfecto entre las distintas secciones. En conjunto, disfrutamos de una versión personal y admirable de esta preciosa obra.

Si Jean-Claude Casadesus había convencido plenamente en la obra de Bruch, en la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz destapó el tarro de las esencias para ofrecer una versión realmente memorable. Con técnica de batuta de una energía vigorosa, unido a una experiencia y sapiencia propia de su veteranía, un Casadesus en estado de gracia acertó en todos los movimientos de la obra, combinando la pasión con la brillantez, la psicodelia e incluso cierta dosis de locura; pero, a la vez, resaltando admirablemente los momentos de calma. Por otro lado, su trasfondo como percusionista quedó reflejado en su peculiar sentido del ritmo, algo que influyó para que la versión no tuviera puntos muertos. El primer movimiento (“Rêveries – Passions”) –con una introducción cuidada y llena de intenciones– tuvo la pasión necesaria, un gran dominio de la acentuación, desarrollos estupendos y una perfecta planificación de los clímax. Casadesus y la orquesta repitieron la exposición, algo que no es tan común. “Un bal” tuvo chispa, espléndida realización orquestal y auténticas demostraciones de virtuosismo. En “Scène aux champs”, quizás el movimiento más difícil de interpretar, por su estructura y variedad, Casadesus volvió a acertar con una versión llena de atmósfera y con pianísimos que quitaban el aliento.

Dmitri Makhtin y Jean-Claude Casadesus
© Miguel Barreto | Sinfónica de Tenerife

Espléndido el diálogo inicial entre el corno inglés y el oboe (este último fuera del escenario), e impresionantes los timbales que reflejan la tormenta. La “Marche au supplice” –tomada a un tempo muy controlado, sin prisas– fue arrolladora, comenzó con misterio para desplegar a continuación una enorme brillantez en los metales y la percusión; se escucharón también magníficos solos de fagot. El final (“Songe d'une nuit du Sabbat”) fue el broche de oro: misterioso, rítmico y explosivo, lleno de efectos sonoros, llevado magistralmente por Casadesus hasta la apoteosis y brillantez final, para redondear así una versión plenamente lograda, que no hubiese sido posible si no tuviera a su lado una orquesta entregada y en espléndida forma.

En resumen, memorable concierto de la Sinfónica de Tenerife; con un violinista brillante, un director en plena madurez y una versión deslumbrante de la Sinfonía fantástica de Berlioz.

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