La Orquesta Sinfónica de Tenerife concluyó su temporada 21-22 con un invitado de lujo: Javier Perianes. Desde hace algunos años, y en su condición de pianista, la presencia de Perianes ha sido habitual en el Auditorio de Tenerife; donde ha ofrecido varias actuaciones memorables. En esta ocasión, se presentó también como director, haciendo su debut con la orquesta y ofreciendo dos obras emblemáticas del repertorio para piano y orquesta, dirigidas desde el teclado.

El pianista Javier Perianes
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

La velada comenzó con el Concierto núm. 9 en mi bemol mayor “Jeunehomme”, K271, de Mozart. Con presencia escénica simpática y acogedora, Perianes manifestó sus cualidades como pianista y director desde los primeros minutos. Siendo un pianista de calidad indiscutible, fueron muchas las virtudes mostradas; entre ellas, un gran cuidado del sonido y una ejecución perfecta de trinos y diversos pasajes. Solo en algunos momentos, la ejecución pudo haber sido aún más limpia y controlada; situación debida, sin duda, a la doble función de pianista y director. Otro aspecto pianístico importante fue la capacidad para mostrar detalles polifónicos, prestando mucha atención a la mano izquierda. Como director, o más bien concertador, Perianes evidenció solvencia y obtuvo unos resultados convincentes: buen balance orquestal, detalles interesantes –como el tratamiento de las trompas en el tutti inicial–, atención a la retórica y a los aspectos operísticos. Logró sus resultados a través de una técnica algo heterodoxa, pero efectiva; sin marcar el pulso casi nunca, pero utilizando movimientos circulares de ambos brazos, y haciendo énfasis gestuales repentinos, con el propósito de destacar aspectos de una frase, o algunos acentos especiales. Los tempi de los movimientos primero (Allegro) y tercero (Rondo: Presto) fueron rápidos, pero enfocados con gracia y energía, nunca banales o asfixiados. El movimiento central (Andantino) fue muy cantado y sentido, al igual que el Menuetto del último movimiento. Todas las cadenzas de la obra fueron magníficamente tocadas por el pianista. En conjunto, una versión estupenda, que contó con una muy buena prestación de la orquesta.

Javier Perianes al piano y dirección
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

En la segunda parte de la velada, otro de los pilares del repertorio: el Concierto núm. 3 para piano y orquesta en do menor, op. 37, de Beethoven, donde Perianes y la orquesta confirmaron las cualidades mostradas en la obra de Mozart. Después de un comienzo orquestal con algunas imprecisiones, el Allegro con brio fue desgranado con arrojo, a un tempo relativamente rápido, aunque bien controlado y con ciertas dosis de un virtuosismo en ningún momento vacuo. Fueron fascinantes la manera de enfocar el segundo tema, la tensión y polifonía en el desarrollo y la magistral interpretación de la cadenza. El comienzo del segundo movimiento fue bellísimo, con un Perianes en pleno control de sus capacidades pianísticas; produciéndose posteriormente varios momentos memorables, como los solos de flauta y fagot, acompañados por los arpegios del piano. Para terminar, un Rondo: molto allegro con acentos bien planteados, humor y brío; más una espléndida –y contrastante– sección central, y un fugato muy logrado. La explosión de alegría final en do mayor contó con brillantez y grandes dosis de virtuosismo, pasajes muy bien resueltos y gran fuerza interior del pianista y la orquesta.

Fue una conclusión de temporada brillante que, además de confirmar el altísimo nivel pianístico de Perianes, nos descubrió su faceta de director; labor que no conocíamos y que nos pareció satisfactoria, refrendada además por una orquesta que se mostró adecuada para las ideas propuestas en estas dos obras. Fue una velada importante, para disfrutar y recordar.

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