Mendelssohn y Tchaikovsky fueron los compositores programados en el segundo concierto de la temporada 2021-2022 de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Se interpretaron tres obras emblemáticas, dirigidas por el reconocido director estadounidense James Feddeck. La solista de esta velada fue Ellinor D’Melon, joven violinista jamaicana de padres cubanos.

El concierto comenzó con la Obertura "Las Hébridas", op. 26, de Felix Mendelssohn-Bartholdy (también conocida como La gruta de Fingal), obra que refleja las impresiones del compositor en su viaje al archipiélago que está al oeste de Escocia. Es una de sus creaciones más dramáticas e interesantes y requiere un dominio peculiar del colorido orquestal, además de un profundo sentido dramático. Feddeck y la Sinfónica de Tenerife ofrecieron una versión muy convincente, que mostró la variedad de la obra y su entramado expresivo, produciendo varios momentos mágicos. El director utilizó gestos muy amplios y llamativos; con movimientos de batuta precisos, a veces muy rápidos, y eficaces para reflejar sus ideas musicales. Resultó ser una excelente versión.

La violinista Ellinor D'Melon
© Sinfónica de Tenerife | Miguel Barreto

La primera parte de la velada concluyó con el que fue su punto más álgido, una electrizante versión del famoso Concierto en re mayor para violín y orquesta, op. 35 de Tchaikovsky. Era la primera vez que escuchaba a Ellinor D’Melon y la impresión no ha podido ser más satisfactoria. A sus veinte años acumula ya una trayectoria importante y se ha revelado como una artista singular, con gran capacidad de comunicación y técnica impecable. Su versión del concierto fue cantada con una intensidad, un sentido peculiar del rubato y de la expresión que a veces recordaba a las maneras de algunos violinistas de principios del siglo XX (tales como Elman o Kreisler). Su visión personal de la forma, el fraseo y la agógica, realmente admirables, crearon momentos de gran belleza y emoción. Además, D’Melon conectó muy bien con el público, por su presencia agradable y sus movimientos durante la interpretación. El primer movimiento (Allegro moderato) fue muy personal y magistralmente expuesto, con una cadenza exquisita. Los otros dos mantuvieron el nivel, con una Canzonetta espléndidamente cantada y un Finale vibrante y deslumbrante en los aspectos técnicos, sin los cortes habituales. Este concierto ha revelado a una joven y gran violinista, a la que habrá que seguir y escuchar en diversos repertorios. James Feddeck entendió perfectamente el estilo interpretativo de Ellinor D’Melon y la siguió fantásticamente bien, añadiendo además su propia personalidad en los tutti. Contó con una respuesta orquestal excelente para una versión de alto voltaje.

James Feddeck al frente de la Sinfónica de Tenerife y Ellinor D'Melon
© Sinfónica de Tenerife | Miguel Barreto

El concierto concluyó con la Sinfonía núm. 4 en la mayor "Italiana", op. 90 de Mendelssohn, una de sus obras más conocidas; en una traducción de tempi rápidos, donde Feddeck estuvo especialmente atento a la estructura de la obra y a la variedad rítmica, con cierta cualidad sonora que pareció acercar esta sinfonía a la obertura presentada al comienzo del concierto. La respuesta orquestal fue muy buena, salvo algún que otro desajuste. El primer movimiento (Allegro vivace) sonó controlado, rítmico y expresivo, aunque no demasiado luminoso; mientras que en el segundo (Andante con moto), tomado a un tempo muy rápido, director y orquesta estuvieron muy atentos a las líneas melódicas y a los diversos contrastes sonoros. En el tercero (Con moto moderato) se echó de menos algo de gracia y pudo pedirse más precisión en el trío, mientras que el cuarto (Saltarello: Presto) fue excelente, lleno de vitalidad y con una energía adecuada para concluir brillantemente esta interpretación, muy personal y de alta calidad.

En definitiva, resultó un muy buen concierto, con un programa atractivo, que nos descubrió a una espléndida violinista y nos mostró el alto nivel del director y la orquesta.

****1