En unas conversaciones mantenidas con el profesor Raymond Holden, publicadas recientemente en el libro Elder on Music, Mark Elder confesaba que cuando se enfrenta a una orquesta por primera vez le bastan unos pocos minutos para saber si es buena o no. Por el contrario, añade, que pocos músicos, enfrascados como están en su tarea, son capaces de apreciar “el arte de dirigir”, que va un paso más allá del “oficio de dirigir”. En los días previos al concierto no ha trascendido cuál ha sido su relación con los músicos de la Orquestra de la Comunitat Valenciana y cantantes del Cor de la Generalitat Valenciana, pero, a tenor de lo escuchado, ha habido entendimiento y el trabajo ha sido provechoso. Y es que Elder lo tiene claro: por lo tajante de sus declaraciones, quien toma las decisiones y debe señalar el camino de la música es él.

Sir Mark Elder en el Palau de le Arts
© Mikel Ponce | Palau de les Arts

Una música, en este caso, firmada por Igor Stravinsky y Richard Strauss. Dos compositores estéticamente contrapuestos, al menos aquí. El bávaro desarrolló el poema sinfónico hasta llevarlo a las dimensiones de Ein Heldenleben, por ejemplo, dotándolo de un carácter subjetivo al partir de un contenido literario. El ruso, por el contrario, fue el adalid de la objetividad a partir de la década de 1920, cuando inauguró el neoclasicismo. Stravinsky preconizaba que ningún elemento extramusical, como un texto o un director gesticulante y afectado, se debía interponer entre la intención del compositor y el mensaje que “la música en acción”, el material sonoro, transmite. Para descarga de Elder, atestiguamos que ni fue afectado, ni gesticulador. Sin embargo, en la primera parte sí fue objetivo (lo objetivo que razonablemente se puede ser) y en la segunda, subjetivo.

En la Sinfonía de los salmos, haciendo caso a su autor, empleó un gesto pequeño, como para no molestar, aunque extremadamente preciso. En general, esta pieza resultó menos redonda que el poema sinfónico, aunque sí de precisos colores, facilitados por una plantilla orquestal que no emplea violines ni clarinetes. En el primer movimiento el conjunto tardó un tanto en acomodarse y el coro sobrepasó el volumen de la orquesta en ocasiones. Este sonó desequilibrado en su sección masculina, en detrimento de los bajos. Elder diseccionó la fuga del “Expectans expectavi Domine” de forma que se apreciaron con claridad todas las entradas del sujeto y la característica escritura silábica de las voces. Buscó el dramatismo en las palabras “muchos verán y temerán y tendrán fe en el Señor”, para acabar con una sonoridad bonita. El lento de la tercera parte sonó sereno, contrastando con lo enérgico de la parte cinética. Violonchelos y contrabajos formaron un grupo compacto y la excelencia de las trompas redondeó el final de la obra.

Sir Mark Elder al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana
© Mikel Ponce | Palau de les Arts

Ein Heldenleben arrancó con la contundencia de la sección de graves, en una orquesta notablemente más nutrida que en la primera parte (entre otros, contamos nueve trompistas, por otra parte, excelentes). Elder distribuyó los violines primeros y segundos en la boca del escenario, a su izquierda y derecha, respectivamente, y en el interior colocó a violas, chelos y contrabajos. Las maderas sonaron atribuladas e hirientes al esbozar a los adversarios del héroe y los violines segundos, carnosos y grandes en su registro grave. En “Des Helden Gefährtin”, Gjorgi Dimcevski al violín entabló un sugerente y expresivo diálogo con la orquesta. Destacó también el sonido aterciopelado del clarinete solista. La cuarta sección tuvo un marcado carácter narrativo. Desde el principio se proyectaron los títulos de cada movimiento y algunas frases más a modo de guía. Entre ellas, los nombres de los personajes que dan lugar a una serie de citas en el quinto movimiento: Don Quijote, Till Eulenspiegel o Zaratustra, protagonistas de los respectivos poemas sinfónicos compuestos el mismo año que Una vida de héroe (1898). En la coda, la afinación de las maderas agudas resultó dubitativa, pero no impidió que el héroe, que había ido de la mano de Elder hasta en la más mínima sinuosidad de la melodía, se pudiera retirar a reposar plácidamente. Del mismo modo, estos músicos y todo el personal de Les Arts se retirarán tras concluir una temporada de campanillas. Un descanso merecido.

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