Estrenada con gran escándalo hace sesenta años, Intolleranza 1960 es una obra donde Luigi Nono nos muestra un mundo negativo y opresivo, con temas que siguen siendo pertinentes en el momento actual: inmigración, desigualdad, torturas, opresión, campos de concentración, desastres naturales... Algunos momentos de esperanza quedan siempre sepultados bajo esta visión distópica y crítica. Es un ambiente que queda perfectamente reflejado, a través de una escritura muy compleja, en la música vanguardista del compositor veneciano. La excelente representación de esta obra, que comentamos aquí, nos ha llegado desde la Felsenreitschule de Salzburgo, como parte del festival que se celebra en esta ciudad austriaca, uno de los más importantes a nivel mundial y que cumple cien años de existencia.

Escena de Intolleranza 1960 en el Festival de Salzburgo
© SF / Maarten Vanden Abeele

Jan Lauwers fue el encargado de la dirección escénica, presentando una acción expresiva y variada en el escenario, que reflejó muy bien los diversos momentos anímicos de la obra. A veces, se tomó algunas libertades en aspectos no musicales: introducción de personajes como el poeta ciego; cambio de algunos interludios, que diferían de las indicaciones originales de Nono, etc. En todo caso, sus propuestas funcionaron muy bien y no traicionaron el espíritu de la obra, contando además con un equipo muy eficaz de colaboradores en coreografía, iluminación, diseño sonoro y dramaturgia. Importantísima fue la actuación conjunta de los ballets Bodhi Project y la Academia de Danza Experimental de Salzburgo, con una presencia constante en el escenario que mostró toda clase de movimientos, desde los más contorsionados hasta los más estáticos. Junto a ellos, diversos actores confirmaron el alto componente visual de esta representación.

Anna Maria Chiuri
© SF / Maarten Vanden Abeele

Ingo Metzmacher se mostró como un director espléndido, llevando con maestría a una difícilmente igualable Filarmónica de Viena, conjunto que mostró toda clase de colores sonoros y siguió perfectamente las ideas de Metzmacher. Además de reflejar perfectamente los momentos de mayor volumen (incluso atronadores), la labor del director estuvo especialmente centrada en destacar las múltiples indicaciones dinámicas de Nono y en aprovechar los momentos de mayor lirismo y tranquilidad, colaborando a la perfección con los cantantes. Fabulosa también la labor del Coro de la Ópera de Viena, en su destacado papel. Además de su altísima calidad musical, mostró un gran trabajo escénico, integrándose perfectamente en las ideas de Jan Lauwers. 

Sean Panikkar
© SF / Maarten Vanden Abeele

Los cantantes solistas estuvieron estupendos, no solo resolvieron los problemas técnicos de la dificilísima escritura, llena de saltos interválicos y detalles rítmicos, sino que fueron creíbles y convincentes en su representación dramática. Sean Panikkar y Sarah Maria Sun triunfaron en los papeles del emigrante y su compañera. Panikkar mostró dotes vocales importantes, cuidado en las dinámicas y convicción interpretativa; mientras que Sun destacó, no solo por su calidad como cantante, sino por su labor como actriz, e incluso como bailarina. Anna Maria Chiuri estuvo muy convincente en su papel de mujer fanática, tanto en los momentos de canto, como en los hablados. Musa Ngqungwana fue profundo y expresivo en su breve, pero importante, papel del torturado; y Antonio Yang hizo un espléndido argelino, que funcionó perfectamente en los dúos junto al emigrante de Panikkar.

Todos los elementos mencionados redondearon una versión extraordinaria de una obra que no es ni muy conocida ni programada, pero que merece un puesto entre las óperas destacadas de la segunda mitad del siglo XX. 

Esta producción se ha reseñado a partir de la transmisión en vídeo desde el Festival de Salzburgo.

*****