El mes pasado escribí acerca de la situación de la música clásica en vivo en Europa Occidental (situación que, lamentablemente, ha ido empeorando desde entonces). Este mes, he orientado mi atención fuera de Europa y he conversado con personas de otros cuatro continentes.

Integrantes de la Orquesta Sinfónica de Singapur en su "concierto piloto" en octubre © Singapore Symphony Orchestra
Integrantes de la Orquesta Sinfónica de Singapur en su "concierto piloto" en octubre
© Singapore Symphony Orchestra

Asia

La forma de abordar el mundo de la música clásica por parte de los asiáticos refleja su aproximación a la pandemia en general. La mayoría de los gobiernos asiáticos son más autoritarios que los de Occidente y el continente aprendió a lidiar con las epidemias de coronavirus a las bravas ya con el SARS entre 2002-2004. Todos los países con los que hablé han tomado medidas drásticas frente a la libertad de movimiento y han impuesto rápidamente sistemas de tests y seguimientos. El uso de mascarilla es norma en Asia.

China, donde comenzó la covid-19, fue uno de los primeros en cancelar actuaciones: Sophia Li, de la Orquesta Sinfónica de Xi'an lamenta la supresión de todo el programa de 2020, incluidas las visitas de Martha Argerich y otras estrellas internacionales. Pero con los casos registrados ahora cerca de cero, la música se ha reanudado con una capacidad de público de hasta un 75% y plantillas de orquestas sin restricciones. Sin embargo, en muchos proyectos con artistas internacionales, las restricciones de viaje pueden causar auténticas pesadillas en la planificación. Las precauciones personales continúan: control de temperatura, uso de mascarillas, registro electrónico, pruebas frecuentes para los artistas y el personal del teatro.

Desde agosto, la tasa diaria de casos nuevos de covid-19 en Hong Kong ha sido de alrededor de 10, por lo que fue desafortunado, cuánto menos, que el clarinetista bajo de la Filarmónica de Hong Kong diera positivo poco después del concierto de apertura de temporada el 9 de octubre. Toda la orquesta fue enviada a una cuarentena de 14 días (sin Wi-Fi, tal y como se quejó un músico), y se cancelaron los conciertos de ese período; el resto de la temporada no debería verse afectada. En otros lugares, se están llevando a cabo muchos conciertos, aunque para un público reducido y con la serie habitual de protocolos de seguridad.

Mascarillas para todos en la Filarmónica de Seúl en el Seoul Arts Center © Tae-uk Kang
Mascarillas para todos en la Filarmónica de Seúl en el Seoul Arts Center
© Tae-uk Kang

El recuento de casos de covid-19 en Corea y el número de fallecidos son más altos que los de China, pero siguen siendo bajos en comparación con la mayoría de los países occidentales, con nuevos casos diarios de alrededor de 80 (en comparación, la tasa diaria más baja del Reino Unido fue de alrededor de 550, y la actual es de más de 20.000). Las salas de conciertos están abiertas con aforo limitado (generalmente al 50% de capacidad); la Filarmónica de Seúl volvió a los escenarios el 16 de octubre. No se han cancelado temporadas enteras, pero sí se han cancelado muchos eventos individuales; los conciertos se han reducido tanto en duración, como en número de intérpretes (hasta un máximo de 50). El mayor trastorno se produce en el calendario de los artistas visitantes, los cuales deben cumplir una cuarentena de 14 días: el director del Festival de Tongyeong, Florian Riem, describe el caso del director Christoph Poppen atrapado en una habitación de hotel muy pequeña y en la que le facilitaban el mismo menú frío, tres veces al día. Una vez en el país, la vigilancia es intensa: el teléfono de Riem se apagó durante la noche para actualizar software y las autoridades lo llamaron por la mañana para exigir una explicación.

Las cosas también están mejorando en Japón, aunque las orquestas sienten “como si estuviéramos caminando sobre hielo, rezando para que los brotes no ocurran en la sala de conciertos”. El límite del 50% de la capacidad de público se levantó el 19 de septiembre, lo que permitió la venta de casi el 100% de las butacas. En el New National Theatre de Tokio, la dirección de escena de A Midsummer Night's Dream ha sido rediseñada para permitir que los miembros del elenco mantengan la distancia requerida: la directora asistente, Leah Hausman ha hecho un trabajo notable al conseguir que la producción resulte natural a pesar de las premisas. La NHK Symphony canceló sus conciertos de abono 2020-21 y han optado por conciertos de una hora, sin intervalos y con artistas japoneses únicamente. Suntory Hall ha seguido restricciones similares, además de ampliar el tamaño de su escenario para poder tocar una de las obras de su Festival de Verano. Sin embargo, hay esperanzas de que los requisitos de cuarentena se suavicen en noviembre.

Las pautas gubernamentales más estrictas de Asia se encuentran en Singapur, donde el "elenco y equipo" están limitados a 50, de los cuales no más de 20 pueden estar sin mascarilla. La temporada principal de la Orquesta Sinfónica de Singapur estará disponible solo en línea hasta febrero, aunque probaron un "concierto piloto" en octubre: las 50 entradas para asistentes con distancia social se vendieron en tres minutos. El SSO está evaluando la posibilidad de organizar eventos a pequeña escala hasta entonces.

La actitud hacia la covid-19 en Asia parece estar caracterizada por dos cosas: una amplia aceptación de las restricciones draconianas sobre las libertades personales y la suposición de que la pandemia debe gestionarse de manera continua, es decir, no hay, a corto plazo, un fin a la vista.

Oceanía

Australia y Nueva Zelanda tienen algunas de las tasas de infección y mortalidad por covid-19 más bajas. Sin embargo, como en todas partes, la mayoría de las funciones en vivo se cancelaron en marzo y sólo ahora están comenzando a reanudarse. La Orquesta Sinfónica de Nueva Zelanda ha cancelado varios conciertos, pero sigue adelante con otros. Como en todas partes, las restricciones de viaje para los artistas visitantes representan un problema añadido.

Como muchos teatros, la Opera Australia ha cancelado las representaciones, no obstante, ofrece propuestas digitales. El director artístico Lyndon Terracini considera que, aunque los programas digitales de la OA eran populares, “la gente ya ha superado la experiencia digital; quieren algo vivo”. Su ciclo del Anillo en Brisbane todavía está programado para noviembre y este enero deberían anunciar su temporada de verano; las restricciones de viaje pueden afectar la cantidad de público en Sydney, el 30% del cual estaba compuesto por turistas en tiempos anteriores a la pandemia. Terracini es optimista, aún cauto, sobre sus planes futuros, pero es muy consciente de las cifras de la segunda ola de Europa y de las consecuencias financieras de cualquier nuevo confinamiento. También le preocupa el efecto psicológico a largo plazo en los músicos, cuya situación económica se ha visto profundamente afectada por la pandemia.

<i>Pagliacci</i> de Atlanta Opera en una carpa © Ken Howard for The Atlanta Opera
Pagliacci de Atlanta Opera en una carpa
© Ken Howard for The Atlanta Opera

América del Norte y del Sur

El contraste entre Asia y las Américas no podría ser más radical. La mayoría de los estadounidenses con los que hablé decidieron desde el principio que las temporadas se cancelarían por completo; por todo Estados Unidos los teatros están cerrados. Mark Scorca, de Opera America, no se anda con rodeos: “hasta que no haya una vacuna ampliamente disponible y que sea eficaz, no será posible reunir a los músicos orquestales, coros y solistas en una ópera montada en el escenario de un teatro tal y como lo conocemos”. El Met ha cancelado toda su temporada 2020-21, y el director general Peter Gelb alberga la esperanza de que llegue a tiempo una vacuna para volver a la normalidad el próximo septiembre.

La ópera en vivo no se ha extinguido por completo: la Ópera de San Diego es una de varias compañías que han experimentado con el autocine; Atlanta Opera ha creado actuaciones en una gran carpa; Boston Lyric Opera ha creado su "Street Stage" móvil que se puede transportar en camión por la ciudad. Pero sin el subsidio estatal, montar ópera para una audiencia de 250 o 500 personas simplemente no es viable económicamente. La mayoría de las empresas estadounidenses esperan que a finales de 2021 se pueda reanudar la actividad adecuadamente.

La Opera Philadelphia cerró en marzo; lograron hacer un concierto al aire libre en septiembre. Su nueva Tosca estaba prevista para el próximo mes de mayo y esperaban presentarla en la Academia de Música, su hogar habitual, pero ahora están buscando posibles espacios al aire libre. Han pasado al entorno digital con un nuevo canal que lanzaron el mes pasado, en respuesta a los resultados de una encuesta entre la audiencia de la que en líneas generales sacaron: “la ópera en streaming no sustituye a la ópera en vivo. Pero si es nuestra mejor opción, hazlo bien y sé creativo: no pongas cuatro cámaras en la fila J”.

La bohème de San Diego Opera en un autocine © Karli Cadel
La bohème de San Diego Opera en un autocine
© Karli Cadel

LA Opera representa un caso atípico: el CEO Christopher Koelsch está fuertemente en contra de las cancelaciones y ha hecho todo lo posible por mantener los contratos con los artistas, respondiendo a “una situación extraordinariamente dinámica” y posponiendo actuaciones (o trasladando a vídeo) cuando sea necesario. Las entradas para las actuaciones de enero todavía están a la venta, aunque hay una reevaluación continua de lo que puede o no puede hacerse.

Las normativas de seguridad en torno a la covid-19 varían muchísimo entre los estados. En Los Ángeles se han prohibido indefinidamente todas las reuniones públicas; a diferencia de la Ópera de Los Ángeles, la Filarmónica de Los Ángeles ha cancelado todos sus programas desde marzo pasado hasta el verano de 2021. En el otro extremo encontramos la Sinfónica de Houston con un buen número de conciertos en marcha, aunque con programas cortos, conjuntos más pequeños y aforo de público limitado al 25% de su capacidad normal. La Orquesta Sinfónica de Dallas está tocando para grupos aún más pequeños (50-75) limitado a abonados. Pero esto representa una minoría. De las 1.600 orquestas profesionales, comunitarias y juveniles de los Estados Unidos, la mayoría no están realizando conciertos en vivo en sus salas.

Varias orquestas, o al menos pequeños conjuntos de sus músicos, han podido actuar al aire libre en diferentes espacios improvisados: aparcamientos, hospitales, bibliotecas. Los intérpretes de cuerda de la Orquesta Sinfónica de Boston han estado recorriendo su ciudad en un barco-pato, del que se bajan para tocar de manera improvisada un concierto en la calle; músicos de la Filarmónica de Nueva York han circulado por la ciudad en su "Bandwagon", una camioneta convertida.

La camioneta "Bandwagon" de la Filarmónica de Nueva York © Erin Baiano
La camioneta "Bandwagon" de la Filarmónica de Nueva York
© Erin Baiano

Canadá, a pesar de tener una tasa de mortalidad de un tercio respecto a la de EE.UU. ha optado por una actitud similar a la de sus vecinos, no obstante, sí ha tenido algo más de actividad concertística. Aún así, las restricciones en Quebec sobre la cantidad de público ha pasado de 50 a 250, luego de nuevo a 50. La Orchestre Symphonique de Montréal canceló su temporada principal 20-21, pero Marianne Perron explica que querían mantener alguna forma de actividad para ofrecer algo de esperanza a su comunidad y pudieron realizar alrededor de 100 conciertos durante el verano. La reimposición de un límite de público de 50 personas ha hecho que la mayor parte de lo planificado sea inviable y están planteándose ofrecer transmisiones en vídeo. Patrick Corrigan, de la Opéra de Montréal, cuenta con que las restricciones continuarán durante un tiempo, pero espera llevar al escenario una nueva producción el próximo marzo. Han recibido una subvención sustancial del Quebec Arts Council, que han utilizado para pasar al entorno digital; Corrigan está orgulloso del apoyo de su gobierno a las artes. Los benefactores privados también están aportando: la Orquesta Sinfónica de Toronto acaba de anunciar que ha recibido una "inversión filantrópica" de casi 4 millones de dólares a lo largo de cinco años.

Colombia experimentó el confinamiento total más largo del mundo, me dice Mauricio Peña, de Banrepcultural. Peña es otro de los que vieron las ventajas de tomar la decisión anticipada de aceptar lo inevitable: ya en marzo cancelaron la totalidad de sus temporadas 2020 y 2021, con el fin disponer de libertad para reprogramar por completo, de la forma más adecuada a las circunstancias cambiantes. Una vez más, este ha sido un gran giro hacia lo digital, han producido podcasts, listas de reproducción y poniendo las interpretaciones en vídeo disponibles en todos los formatos posibles. Lo mismo ocurre con la Orquesta Filarmónica de Medellín, la cual, actualmente no puede prever cuándo podrá recibir a su público de vuelta en el teatro y está haciendo todo lo posible para encontrar alternativas, tanto al aire libre como en línea. Las cosas están más distendidas en Chile, donde el Teatro Municipal de Santiago ha podido operar al 50% de su capacidad.

Curiosidades

El actor de kabuki Sanogawa Ichimatsu © The Trustees of the British Museum
El actor de kabuki Sanogawa Ichimatsu
© The Trustees of the British Museum

Cada país responde a la situación de la pandemia por covid-19 a su manera: aquí hay algunas historias de Asia.

En China se permite la circulación entre ciudades, lo que provocó un inmenso tráfico en las carreteras el Día Nacional a principios de octubre. Los atascos dieron lugar a numerosos conciertos improvisados de músicos que salían de los coches parados a tocar.

En Seúl, uno de los grandes centros tecnológicos del mundo, los asistentes a los conciertos son recibidos con imágenes de ellos mismos en pantallas gigantes: en verde si su temperatura es normal, en rojo si tienen fiebre alta.

En Japón, donde se le pide que no grite "Bravo", la gente está haciendo "tarjetas de Bravo" para agitarlas en el aire y hasta una orquesta vende una “toalla Bravo” en su vestíbulo. Para entender las normas japonesas de las butacas de los auditorios solo hay que mirar el ajedrezado "Ichimatsu-monyo", un tejido que lleva el nombre de su fan más ferviente, uno de los grandes actores de Kabuki del siglo XVIII.

Concluyamos con una nota de optimismo de Marc Scorca de Opera America: “Creo que en los próximos años, a medida que salgamos de esta crisis, se combinará el regreso a lo anterior con la incorporación de lo nuevo. Esa mezcla será beneficiosa para la ópera en los Estados Unidos".

Traducido del inglés por Katia de Miguel