Antonio Moral © Elvira Megías
Antonio Moral
© Elvira Megías
“Hemos desarrollado un proyecto que es irreversible en la vida cultural y musical de nuestro país.” Antonio Moral (Puebla de Almenara -Cuenca-, 1956) ha estado al frente de la dirección artística de festivales e instituciones de carácter público y privado. En 2011 asumió la dirección del Centro Nacional de Difusión Musical (dependiente del Instituto Nacional de Artes Escénicas y Música - Ministerio de Cultura). Sabe que su deber es ofrecer programas de excelente calidad musical asequibles para todo el mundo y ha desarrollado una red de conciertos y actividades por gran parte de España. A continuación nos cuenta su visión como programador y repasamos su labor al frente del CNDM, ahora que deja el puesto.

KM: Su etapa al frente del Teatro Real (de 2005 a 2010) fue muy positiva, ¿volvería al frente de un teatro de ópera?

AM: Sí, sí me gustaría volver a un teatro de ópera donde pudiera hacer una labor como la que hicimos en el Real de amplitud y de crecimiento. Sería muy interesante. En el período previo a mi etapa, desde 1997 hasta el 2005, el 57,5% de la actividad que había hecho el Real se enmarcaba en 100 años, en el Romanticismo, y el Barroco sólo representaba un 2,5%. Cuando yo me fui, el Romanticismo representaba el 33%, el Barroco el 16,4% y la música del s. XX un 37%. Lo que hicimos fue equilibrar los distintos periodos de la música, un teatro no puede olvidar el Barroco, y no puede programar entre 1997 y el 2005 dos títulos de 150 años de música. Por otra parte, nosotros pasamos de una actividad de 11 títulos cuando llegué, a 22 en la última que yo hice.

¿La respuesta del público fue buena?

Fue extraordinaria. En la temporada 2004-05, el Teatro Real contaba con 212 920 espectadores y en la temporada 08-09 llegamos a tener 301 357 espectadores.

<i>Il ritorno d'Ulisse in patria</i> con dirección de Christie y Pizzi - Teatro Real, abril de 2009 © Javier del Real
Il ritorno d'Ulisse in patria con dirección de Christie y Pizzi - Teatro Real, abril de 2009
© Javier del Real

Festivales como la Semana de Música Religiosa de Cuenca brillaron bajo su dirección ¿qué se esconde detrás de un festival exitoso?

Adaptar el festival a las características de la ciudad. En el caso de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, lo que hicimos fue ampliarlo. Era un festival de mucha tradición y muchos años de gloria. Involucramos a toda la ciudad y pasamos de 9 o 10 conciertos a 22. Antes de que llegáramos, se hacía en tres sedes y cuando me incorporé lo ampliamos a 11, ocupamos toda la ciudad: iglesias, museos, conventos… todo tipo de espacios. Cuenca es una ciudad maravillosa y con un patrimonio artístico valiosísimo, los músicos que venían quedaban absolutamente encantados. Imagínese lo que es interpretar las Suites de Bach junto a obras de estreno debajo de los cuadros de Saura, Torner o Zóbel, ¡pues una maravilla! Cuando el año siguiente les planteabas a esos músicos acudir al festival, ¡estaban dispuestos a venir gratis!

¿Qué opina de la situación de la música contemporánea en España?

Creo que está viviendo su mejor momento. Nunca ha habido tantos compositores de primera línea en España, ni tantos grupos de la calidad que tenemos hoy, ni nunca antes ha habido tantos compositores extranjeros viviendo y desarrollando su carrera aquí, ni tantos compositores españoles componiendo y enseñando en otros países. Cada vez cuesta un poco menos [que el público se acerque a] la música contemporánea, nosotros lo vemos por los porcentajes de asistencia a nuestros conciertos. Si bien es cierto que hay un divorcio entre los gustos del público, que tiende a ser conservador, y la música actual, también es verdad que esta se ha dulcificado. Durante los últimos diez años, los compositores han adquirido mayor libertad y hacen lo que les da la gana sin someterse a una regla concreta, esa libertad ha permitido que puedan llegar mejor al público, de forma más directa.

¿Cómo juega sus cartas frente a un público conservador?

Efectivamente, gran parte del público es conservador. Ahí está el papel del programador o del director artístico que tiene que intentar, al tener un mayor conocimiento, acercarles esas otras obras o esas otras corrientes, que de otra manera no escucharían, porque el público conservador siempre quiere escuchar lo mismo. Poco a poco se pueden cambiar los hábitos. El programador es un intermediario entre el compositor y el público, de forma que tiene que tener la suficiente habilidad para que el público, poco a poco, vaya descubriendo otros géneros, otras músicas y otros compositores. Cuando al público le abres la perspectiva, y el público que tienes es inquieto y culto, no solamente tienes turistas musicales, lo recibe a las mil maravillas.

Europa Galante abre el ciclo Universo Barroco de la temporada 18-19 del CNDM © Rieti
Europa Galante abre el ciclo Universo Barroco de la temporada 18-19 del CNDM
© Rieti

Asumió la dirección del CNDM en un momento no muy bueno…

Nacimos en 2011, año en el que la crisis pegaba más fuerte, y abrimos nueve ciclos nuevos en Madrid. Esos ciclos tuvieron éxito desde el primer día y los hemos estabilizado, llenado y se han convertido en algo imprescindible. Hay una regla de oro, cuando tú planteas un ciclo interesante desde todos los puntos de vista, el público responde positivamente.

¿Cómo valora estos ocho años al frente del CNDM?

Ha sido un proyecto excepcional. En conjunto, el cómputo es muy positivo. España necesitaba un proyecto que vertebrase la actividad musical desde el Ministerio de Cultura. Y en un momento en el que este tipo de acciones a través del Estado central no son fáciles porque hay problemas de nacionalismos importantes y hay comunidades con las que no es fácil trabajar, hemos conseguido al final hacer más conciertos fuera de Madrid que dentro. Durante las tres últimas temporadas, hemos hecho una media de 139 actividades fuera y 99 en Madrid. La temporada que comienza llevará 143 conciertos a distintas ciudades y 98 serán en Madrid. Es la primera vez que una institución pública dependiente del Ministerio organiza más actividad fuera de la capital que dentro y esto me parece que es un logro muy positivo.

El llevar proyectos a ciudades y espacios nuevos conlleva un riesgo

Hemos establecido una red de contactos, colaboradores y coproductores muy importante. En esta próxima temporada vamos a coproducir y colaborar con 121 instituciones públicas y privadas, eso supone que el 50% del presupuesto que tenemos (que es de 2,2 millones de euros) se puede incrementar gracias a sus aportaciones. Así que no hay riesgo ninguno. Nos ponemos de acuerdo para hacer una serie de proyectos en lugares donde la música es un bien escaso y nosotros podemos llevar a artistas de primerísima categoría a sitios adónde probablemente no irían, o no los podrían pagar. Tras ocho años de trabajo hemos conseguido resultados muy buenos. De 2010 a 2013, hicimos una media de 92 conciertos al año. En los tres últimos, del 16 al 19, vamos a hacer 237. Detrás de esto está la complicidad de muchas instituciones públicas y privadas, además del equipo del CNDM, que es de 14 personas.

La cantaora Argentina, ofrecerá un concierto el 18 de enero © María Luna Huerta
La cantaora Argentina, ofrecerá un concierto el 18 de enero
© María Luna Huerta

El CNDM mantiene un ciclo de flamenco y otro de jazz, ¿en qué momento pensó que esos géneros funcionarían bien en el Auditorio Nacional?

Fue el planteamiento inicial. Tenía que centrarme en el apoyo y difusión de la música de hoy, del repertorio español del barroco y la música antigua y poner en valor y difundir otras músicas de raíz popular como son el flamenco y el jazz. Ese fue el mensaje que yo recogí y sobre el que he trabajado. En Madrid había conciertos de jazz y flamenco en el Auditorio Nacional, pero había uno o dos al año. Ahora hay una serie de abono tanto de jazz como de flamenco que se agota en septiembre. Hemos conseguido estabilizar unas músicas en una sala que antes solo se dedicaba a la música clásica. Además, ha pasado una cosa muy interesante: se han mezclado los públicos. Hemos despertado el interés del público de la clásica en otros géneros y hemos traído al auditorio, que era el templo de la música clásica, a aficionados del jazz o del flamenco, y estos, a su vez, ¡ahora van a conciertos de clásica!

Además del enriquecimiento que eso supone para los aficionados, significa que el público se consolida

Claro, esa es la clave. Hemos conseguido que haya un público muy fiel. A través de los abonos se puede ver la fidelidad a un proyecto y todos los años hemos aumentado los abonos, hasta llegar a los 4605 abonos de la temporada 17-18. Por otra parte, la ocupación durante los tres últimos años ha sido de un 85,6% mientras que los tres primeros años fue de un 76%, pero hay que tener en cuenta que la media de conciertos se ha multiplicado por 2,5. Así que subir 10 puntos la ocupación, cuando además hemos aumentado considerablemente el número de conciertos, es un dato muy interesante.

¿Podrían sobrevivir sin el apoyo económico del estado?

Tras ochos años, ya puedes establecer un análisis muy riguroso y con lo que hemos recaudado en taquilla, teniendo en cuenta además que una tercera parte de nuestra programación es gratuita, hemos conseguido financiar el 50% de nuestra actividad. Si subiéramos los precios un 50%, de 20 a 30 euros, podríamos financiar vía taquilla nuestra actividad musical.

Aunque algo que tengo muy claro es que nosotros tenemos que tener una oferta musical que sea asequible y accesible a todos los públicos, porque no todo el mundo puede pagar entradas que pueden costar entre 60 y 200 euros [como algunas temporadas de Madrid o Barcelona], como hay mucha gente que no puede ir a un hospital privado. Al igual que con la enseñanza y la sanidad públicas, nosotros tenemos que ofrecer una alternativa a la población para que pueda escuchar buena música y de calidad, no las migajas, a un precio que todo el mundo pueda pagar. Nadie puede decir ‘yo no tengo 20 euros’, que es la entrada más cara, y en muchos conciertos la más barata es de 10 euros, y eso es lo que cuenta un gin-tonic en Madrid.