La fanfarria de trompetas, vientos y tambores que abre el Oratorio de Navidad de Bach debió ejercer un gran impacto en las congregaciones de la Nikolaikirche y en la Thomaskirche en Leipzig el día de Navidad de 1734. La practicidad de la vida moderna significa que acabamos descargando nuestra música de Navidad, mientras los oficios y los conciertos navideños se solapan durante el periodo de preparativos de Adviento, unas semanas tranquilas para contemplar las razones por las que Cristo nació y su misión de salvación. En Adviento, las iglesias se visten de morado, el Gloria se elimina de la Misa, algunos ayunan y, en las iglesias luteranas del Leipzig del s. XVIII, los grandes ciclos de cantatas de Bach que se escuchaban a lo largo del año dejaban de hacerlo durante un par de semanas. Para aquellos primeros oyentes -que no habían sido asaltados con música navideña de fondo en diciembre desde el momento en que ponían un pie fuera de sus casas- ese primer coro, “Jauchzet, frohlocket, auf, preiset die Tage” (“Regocijaos, alegraos, celebrad estos días”) debió caer como un resplandor en mitad de la oscuridad del invierno.

Tríptico del altar de la Propsteikirche en Dortmund, por Derick Baegert © Wikipedia - Public Domain
Tríptico del altar de la Propsteikirche en Dortmund, por Derick Baegert
© Wikipedia - Public Domain

El Oratorio de Navidad es un curioso híbrido: consiste en seis cantatas, las cuales se cantaban individualmente durante los servicios de los doce días que hay entre Navidad y Epifanía, pero Bach los concibió como una obra unitaria con una clara relación de tonalidades, y se desvía ligeramente de los textos de la Biblia en algunos de los servicios para crear una narrativa más coherente. Es también un claro ejemplo del reciclaje de obras tan habitual en el Barroco: alrededor de veinte movimientos provienen de otras composiciones, en concreto y en su mayoría, de cantatas seculares escritas para acontecimientos de la realeza, lo que resultó muy práctico para los majestuosos temas del Oratorio.

Bach recrea la conocida historia de la Natividad vívidamente a lo largo de las seis cantatas. Tras el coro inicial, la Cantata 1 comenta el nacimiento de Jesús y termina con un aria de bajo seguida de un coral, aquí, el sonido de las trompetas contrasta brillantemente la majestuosidad con la humildad del Rey nacido indefenso en un establo. El aria “Großer Herr” está acompañada por una trompeta a solo, su tema sincopado y las ristra de semicorcheas siempre me sacan una sonrisa. En el siguiente coral, una alabanza sobre que habrá un hueco en nuestros corazones para el niño-Cristo, dos trompetas más se unen con un amable motivo en terceras entre cada una de las líneas del coral, que resulta incluso más conmovedor por cómo contrasta con la brillantez del solo.

 

Las Cantatas 2 y 3 hablan de los pastores, los cuales Bach introduce con algo típicamente barroco, la siciliana con su ritmo trocaico (recordemos el Christmas Concerto de Corelli, o la Pastorale del Mesías de Handel), interpretado aquí con suaves flautas, oboes da caccia y oboes d’amore, y que inmediatamente evocan la pacífica colina a la medianoche. En las Cantatas 5 y 6, los Reyes Magos hacen su aparición con otra llamarada de trompetas buscando al bebé en la corte del Rey Herod, y lo encuentran en Belén y se arrodillan ante él a orar. Estas cinco de las seis cantatas siguen, a grandes rasgos, la misma historia que puedes ver actuada en cualquier obra de Navidad de un colegio de Primaria, solo que con mejor música.

 

En mitad de las festividades, el día de Año Nuevo, Bach nos ofrece un momento en la Cantata 4 para la fiesta de la imposición de nombre y circuncisión de Cristo, una pausa para reflexionar sobre la historia y quizá también para prepararnos para el año que comienza. Las brillantes trompetas son sustituidas por dos trompas naturales que sientan el ambiente con la amable danza que abre el coro “Fallt mit Danken”, y entonces Bach nos conduce por una serie de maravillosas arias, recitativos y corales que meditan sobre el nombre de Jesús con una intensidad tan sorprendente que parecen estar más cerca del misticismo católico que de la rígida piedad luterana, particularmente en el aria “Flößt, mein Heiland” con una soprano que desde fuera del escenario contesta “no” y “sí” y a las fervorosas preguntas del solista.

Tal y como hace en las pasiones, Bach construye el Oratorio de Navidad con una mezcla de narrativa, drama y distante reflexión. Un Evangelista tenor canta las conocidas palabras del evangelio, y el coro y los solistas asumen los papeles de María y José, los pastores, los Reyes y por supuesto, los ángeles del cielo - cuando escucho la Cantata 2, con su luminoso coral “Brich an o schönes Morgenlicht”; la adornada de tenor y flauta “Frohe Hirten, eilt” y el coro “Ehre sei Gott” que burbujea como el champán, es fácil imaginarse un cielo lleno de ángeles que cantan Bach (y que probablemente tocan las partes de trompeta también).

A pesar de la alegría del Oratorio de Navidad, el destino y propósito de Jesús no está lejos. Nos llegan algunas pistas de esto con la historia que cuenta el evangelio, cuando Lucas nos dice: “Mas María guardaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón”; y Bach utiliza este texto en la Cantata 3 con la sublime aria de contralto “Schliesse mein Herz” –que expresa la profunda fe que María tiene en lo que está haciendo Dios, pero que también tiene algo del amor que una madre, orgullosa y protectora siente por su niño. Los tres Reyes Magos conocen también el destino de Jesús y el simbolismo de sus regalos está presente a lo largo de toda la obra. El oro representa la realeza, expresado tan brillantemente por la trompeta y el bajo en la Cantata 1. Traen incienso que representa la santidad y el sacerdocio, una idea omnipresente en los corales devocionales que salpican el oratorio, pero particularmente en la “Ich steh an deiner Krippen hier” un momento de quietud en medio de toda la gloria de la Cantata 6. Y finalmente ofrecen la mirra, que se usa para embalsamar. Este regalo llega al final del oratorio: el último movimiento se presenta en un magnífico envoltorio de trompetas y danzas, pero bajo el mismo, la melodía que el coro canta es la que Bach usa con un efecto tan devastador en su Pasión según San Mateo, la que conocemos como “Coral de Pasión”.