Si le preguntas a cualquier intérprete de orquesta cuando se compuso la Sinfonía fantástica de Berlioz, normalmente, la respuesta la sitúa unos cincuenta años tarde - 1880 o 1890. Es tal su increíble modernidad, que es difícil para muchos de nosotros recordar que gran parte de la misma fue concebida, de hecho, en vida de Beethoven. Incluso comparándola con Mahler o Shostakovich, la Fantástica es, quizás, la primera sinfonía más prodigiosa de la historia. Berlioz construye un programa enteramente autobiográfico y, sencillamente, le pone música a su antojo, sin que nada le pare para expresar su significado. Algunas de las formas son razonablemente tradicionales (el primer movimiento incluso tiene una exposición repetida), pero mucha de la música es diferente de todo lo que se había oído hasta entonces. Debió dejar al público atónito cuando se estrenó en 1830, si aún nos embelesa a nosotros hoy en día. Es, de hecho, la primera auténticamente romántica partitura de la historia.

Sir Roger Norrington © Manfred Esser
Sir Roger Norrington
© Manfred Esser

Las dos grandes influencias en Berlioz en la década de 1820 fueron Beethoven y Shakespeare. Escuchó las primeras interpretaciones de las sinfonías de Beethoven en París y pasó, al instante, de ser un amable conservador como Étienne Méhul o Jean-François Le Sueur al espléndido pionero que amamos y conocemos. Por esta misma época, vio Romeo y Julieta, Hamlet y King Lear en el teatro y quedó igualmente liberado por la extraordinaria libertad con la que el texto expresaba la acción. Berlioz, siendo un hombre de extremos como era: se enamoró perdidamente de Harriet Smithson, como de Julieta, de Ophelia y de Cordelia, y al poco tiempo se casó con ella.

Hector Berlioz por André Gill © Public domain
Hector Berlioz por André Gill
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Fue la pasión enloquecida de Berlioz por Harriet la que inspiró la Fantástica. La famosa idée fixe que aparece a lo largo de toda la obra es ella. En el primer movimiento es despertado de sueños adolescentes sobre el amor para darse cuenta de que ella es la mujer ideal, fuerte pero grácil, y le aterra la idea de perderla. En el segundo movimiento ella le persigue en un baile. El tercer movimiento, tan evocativo, tiene lugar lejos de París, en el campo. Él contempla pacíficamente el futuro, cuando de pronto se pregunta si ella le ha traicionado. Al instante se desata una furia incontrolable que solo gradualmente se calma para mostrar un futuro sombrío.

Es entonces cuando la obra se vuelve realmente fantástica. Sueña que ha matado a su amada y va camino del cadalso. Esta música es nueva y aterradora; pero el último movimiento es aún más salvaje. Sueña que está en un aquelarre. Espantosos monstruos celebran una misa negra y en el momento más terrorífico su amada aparece como una prostituta y se une al baile en un abandono salvaje. Todo termina en caos. Pero ya sea en el caos o en lo pacífico, la música siempre hace exactamente lo que el compositor quiere que haga. Berlioz tenía el programa con todos los detalles impreso para las primeras interpretaciones de su sinfonía. Uno solo puede aventurar qué pensaría Harriet según iba comprendiendo sus roles en esta música tremenda. Causó una honda impresión en París y todavía es hoy en día, la obra más popular de Berlioz.

Primera página de la partitura autógrafa de la <i>Sinfonía fantástica</i> © Public domain
Primera página de la partitura autógrafa de la Sinfonía fantástica
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Porque es fácil confundir la Fantástica con la música del último romanticismo, algunas interpretaciones actuales pueden alejarla de su contexto histórico. Berlioz fue siempre un compositor extremadamente clásico, escribía con dedicación unas pulcras partituras con “toda la pasión empleada”. En la década de los ochenta me decidí a reexaminar la partitura bajo el prisma de la evidencia histórica y del mayor conocimiento que tenemos de los instrumentos y del estilo del momento. Además, en los London Classical Players encontré muchos más conocimientos y lo resultados fueron sorprendentes. La partitura, junto al Violin Method de su colega Baillot, reveló exactamente lo que Berlioz quería, incluyendo toda la extensión de las notas, los efectos especiales y las indicaciones de metrónomo exactas. Así, el comienzo de la partitura no es exageradamente lento, sino una sencilla canción. La escena en el campo es tan poco lenta como todos los Adagios clásicos. La Marcha al cadalso no es una carrera de locos, sino una alarmantemente regular marcha. Y el último movimiento, siguiendo sus indicaciones de metrónomo, debe estar muy controlado hasta el mismísimo final. Estas pauta metronómicas son una parte fundamental de la partitura. Berlioz era un director brillante, sabía lo que quería.

Con los LCP tuvimos la ventaja de utilizar instrumentos históricos, de tal modo que podíamos escuchar los sonidos tal y como Berlioz lo esperaba. Las pequeñas arpas Érard fueron una delicia, dispusmos dos en cada parte (el mínimo requerido por Berlioz). Las trompetas naturales y los trombones, junto a las cornetas y los figles brindaron un caleidoscopio de color a la sección de metales. Además, contamos con la ventaja de que todos los instrumentos tocan con tonos puros (nada del vibrato del s. XX). En cualquier caso, gran parte de los resultados de estas investigaciones se pueden aplicar a los instrumentos modernos. Toda vez que hube experimentado el mundo sonoro de Berlioz, me resultó más fácil conseguir que las orquestas modernas tocasen la Fantástica de la manera apropiada. La disposición de los instrumentos puede ser la misma, con los primeros y segundos violines opuestos, las arpas enfrente y los timbales esparcidos al fondo del escenario. Y por supuesto, los instrumentos modernos se pueden tocar también sin vibrato si se requiere. Quizá le interese comparar mi grabación de EMI de 1989 con los LCP con la versión con instrumentos modernos de 2002, con la Sinfónica de la Radio de Stuttgart en Hänsler, para ver a lo que me refiero.

Lo más satisfactorio es que todo este fundamento histórico no hace que la sinfonía suene anticuada en absoluto. Nos ofrece una obra de arte romántica que suena fresca, actual. La partitura es fascinante de principio a fin, pero también es increíblemente dramática. Como dirijo de memoria, a veces tengo la sensación de que estoy frente a una película. Para mí, esta es una de las obras más bellas y conmovedoras del repertorio.

Traducido del inglés por Katia de Miguel