Decano de la música antigua, Jordi Savall es el fundador de tres orquestas, así como de Alia Vox, su propio sello discográfico independiente. Es un músico incansable que llena auditorios por todo el planeta y que ha hecho un oficio del redescubrimiento de música desconocida y olvidada. Pero un encuentro con Savall es mucho más que un encuentro con un músico. Jordi Savall es tanto como, si no más, un embajador para la cultura y la historia, un abanderado de la armonía y la reconciliación entre los pueblos.

Nuestra entrevista comienza con su proyecto más reciente, Las rutas de la esclavitud, el cual, a través de la música, rastrea la “verdadera y real historia de un pasado doloroso”, el comercio de esclavos entre África y América.

Jordi Savall © David Ignaszewski
Jordi Savall
© David Ignaszewski

DK: Las rutas de la esclavitud es un proyecto cultural tanto como musical. Cuéntenos qué es lo que esperaba conseguir.

JS: El proyecto fue creado con la esperanza de hacer algo más que entretenerse y escuchar música bonita. Hay muchos estereotipos ofensivos asociados con este repertorio: uno se imagina esclavos negros que están siempre borrachos y cantan en un español feo y viciado. Es esencial ir más allá de esos estereotipos.

A lo largo de mis investigaciones descubrí que junto a mucha de la música asociada con las instituciones de poder - la Iglesia y la Corte - hay tradiciones orales que son la base de toda la música popular americana, ya sea del Caribe, Brasil, los espirituales negros o el gospel. Históricamente esto comienza con la esclavitud, que constituye el transplante de la cultura africana a nuevo suelo. Durante el desarrollo del proyecto era importante mantener el placer ligado a la escucha de estas músicas, pero igual de importante era hacer reflexionar sobre esta triste y horrible historia de los países civilizados, tratando a seres humanos peor que a animales, y que ha continuado, para nuestra vergüenza, hasta hace poco. Mi ambición era tanto el descubrir a la gente estas músicas como hacerles reflexionar.

¿El público ha entendido este planteamiento?

No desde el principio. Pero en todos los sitios en los que hemos presentado este programa la gente se ha conmovido. Recuerdo cuando interpretamos Las rutas de la esclavitud en Cartagena de Indias, una de las capitales en las que la esclavitud fue más terrible, frente a un público formado en su mayoría por descendientes de dueños de esclavos: la gente estaba horrorizada con estos textos tan terribles. No creo que vaya a cambiar el modo de vida de las personas, pero al menos estas serán más conscientes de las injusticias.

Las rutas de la esclavitud © Clarie Xavier
Las rutas de la esclavitud
© Clarie Xavier

Hablemos del proceso de creación. ¿Cómo pasa este tipo de proyecto de la idea a la realidad?

Comienzo con la música que conozco y después profundizo mediante la investigación histórica. En este caso, la historia comienza con las primeras capturas masivas en 1444, el rey de España enviaba esclavos a las minas de oro para trabajar para él. Para arrojar luz sobre esta historia, me pregunto “¿Qué tipo de música se tocaba en esos momentos? ¿Qué música tocan hoy en día los descendientes de esos esclavos?” Por supuesto, es imposible saber con exactitud qué cantaban esas personas en 1444. En la parte colonial, contamos con música escrita desde alrededor de 1600, pero en cuanto a la música de tradición oral, hemos tenido que hacer algunas concesiones para que todo el proyecto tuviera cierta atmósfera. En algunos casos, he decidido incluso añadir nueva música compuesta siguiendo la tradición.

Es un proceso largo y en constante cambio. En nuestros conciertos el pasado noviembre en Nueva York y Montreal, añadimos una parte significativa de la historia de Norte América con textos de Jefferson, Lincoln y de La cabaña del tío Tom (Uncle Tom's Cabin). También incluimos canciones de esclavos de Norte América y gospels. Fue un gran éxito, incluso si la gente no esperaba ver un grupo de cantantes de gospel en un concierto de música antigua, pero daba un aire norteamericano. Eso también me ha permitido ponerme a trabajar en la versión que estoy preparando para 2019, la cual va a seguir esta historia por la parte Norte del Nuevo Mundo - las Antillas, Puerto Rico, Cuba y los Estados Unidos.

Para un proyecto que contiene música de tradición oral, necesita músicos que no están necesariamente entre sus colaboradores habituales. ¿Cómo los encuentra?

He hecho muchas visitas a Brasil, Colombia, México. Organizo audiciones, escucho instrumentistas y cantantes. Lo mismo hago en África: tengo amigos desde hace mucho como Ballaké Sissoko en Mali, que es un intérprete magnífico de kora. También te encuentras con los griot o jeli: trovadores africanos que cuentan historias a través de la música y que han transmitido la cultura de sus países durante siglos. Poco a poco, uno comienza a entender cuáles son los elementos esenciales. Y en todos los sitios en los que he estado, he tenido la suerte de encontrar cantantes y músicos que son magníficos.

Sus CD se editan como preciosos libros. ¿Es una manera de atraer a un público que puede estar más interesado en la literatura y la historia que en la música?

Alia Vox es el único que sello que sistemáticamente publica nuestros libro-discos. Publicamos uno cada año: son productos que requieren mucho trabajo debido a las numerosas imágenes y a la calidad de los textos. Como realizamos muchos proyectos muy diferentes, llegamos a un público muy diverso que está interesado en la historia o en una cultura específica.

Entre estos libro-discos que realizamos, verá proyectos tan diferentes como Don Quijote de Cervantes, los viajes de San Francisco Javier a China y Japón, la masacre de los cátaros con Le Royaume Oublié. El último es Venezia Millenaria, mil años de la historia de Venecia en música. Estos son proyectos que abren puertas y muestran a la gente que la música nos habla con la sensibilidad de cada época. Cuando escuchas canciones de trovadores, bien interpretadas, estás en 1200 ¡es como viajar en el tiempo! Cuando escuchas el Combattimento di Tancredi e Clorinda, te transportas a la Venecia de 1615. ¡No es cualquier cosa!

Junto a la grabación, tienes un libro con imágenes preciosas de la época, con todo tipo de pinturas, de instrumentos. El texto está escrito por especialistas que pueden transmitir conocimientos que no podrías encontrar tú mismo, ya que están escondido en las secciones de Raros de varias bibliotecas universitarias. Es una manera extraordinaria de dar a conocer la historia, la cultura y la música.

¿Cuál es su opinión sobre el futuro de la industria discográfica de la música clásica, que parece que está en crisis…?

Uno de los aspectos fundamentales de esta crisis reside en la nueva manera en la que la gente suele escuchar música ahora: cada vez más, las nuevas tecnologías han permitido escuchar con relativa buena calidad de audio sin necesidad de comprar CD, y eso ha cambiado completamente la relación entre la música y el comercio. Cuando comencé Alia Vox, un CD como La Folia o Diáspora Sefardí podía vender 120 000 copias en seis meses, lo que era normal en el momento. Actualmente, si vendemos 30 000 CD físicos, estamos encantados. Las ventas digitales compensan algo, pero solo parte. Por desgracia, hay mucha gente que escucha discos sin pagar por ellos, lo que hace muy difícil la monetización. Pero a pesar de todo, somos muy afortunados de contar con un público fiel alrededor del mundo - desde Nueva Zelanda a Chile pasando por Corea y Japón - que es lo que nos permite mantenernos. Podemos confiar en que nuestros proyectos serán bien recibidos.

Antes de que creara Alia Vox, siempre que hablaba con EMI u otra de las grandes discográficas, la respuesta era invariablemente “necesitamos un proyecto para un público muy amplio. William Lawes - no, nos interesa. John Jenkins - no. Purcell - eso es muy sofisticado”. La idea tras Alia Vox era hacer no solo material para el gran público, sino también cosad muy especializadas como Esprit d’Arménie, Consorts de William Lawes, John Jenkins -obras preciosas pero de un interés menor. El punto fuerte de Alia Vox es que nos podemos embarcar en proyectos centrándonos en la calidad del proyecto y no en el número de copias que vamos a vender.

Muchos músicos - ya sea en clásica o en estilos populares - graban un álbum y a continuación lo llevan de gira. Pero usted es el único que conozco que lleva de gira diferentes proyectos a lo largo del mismo año. ¿Cómo es esto posible?

Es posible porque he trabajado en esos proyectos durante 50 años y dispongo de tres conjuntos con los que llevarlos a cabo. Eso me permite, por ejemplo, montar las Vísperas de Monteverdi con un solo ensayo el mismo día del concierto. Este año comenzó para mi dirigiendo la ópera Alcyone de Marais, que ya habíamos producido el año pasado. Ensayamos durante cuatro días y la interpretación fue fantástica, porque el equipo lleva junto mucho tiempo y comparte un lenguaje que me permite moverme entre los proyectos fácilmente.

Para mis oídos, la música medieval y renacentista encuentra más puntos en común con la música popular y el jazz de hoy día, de lo que lo hace con los estilos barroco, clásico o romántico. ¿Ha perdido la música clásica algo cuando ha sustituido la espontaneidad y la improvisación por la precisión y las formas rígidas?

Desde la Edad Media al Barroco, con el Renacimiento en medio, hay obras relativamente complejas, pero los instrumentistas o cantantes que las interpretaban dominaban sus instrumentos y podían improvisar. Eso es una constante que encuentras en cualquier otra parte del mundo y en Europa persiste hasta la época de Beethoven, quien es todavía un músico capaz de improvisar.

Jordi Savall © Vico Chamla
Jordi Savall
© Vico Chamla

A partir de cierto momento, sin embargo, la música occidental se vuelve tan formal y “escrita”, que, aparte de las cadenzas de los conciertos, no se toca nada más allá de lo que estaba en la imaginación del compositor. Esta pérdida de la capacidad para improvisar se completa con la invención de la música dodecafónica. Al mismo tiempo, el vínculo entre los estilos de la música clásica y la popular se rompe. Hasta entonces, ese enlace existió siempre, y puedes percibirlo en todos los grandes compositores: Brahms, Mendelssohn, Beethoven, Marin Marais, Monteverdi. Incluso en la música de los más austeros polifonistas españoles como Tomás Luis de Victoria, hay una melodía popular que emerge, un cantus firmus que sustenta la polifonía. Esa evolución ha tornado la música clásica en un trabajo de restauración, un mundo en el que uno interpreta música, pero prácticamente ninguna música se crea espontáneamente.

En el Este es diferente. Allí encuentras virtuosos que son perfectamente capaces de interpretar obras que está escritas, pero también de improvisar un preludio extraordinario y diferente en cada concierto. Por eso ha sido tan especial el crear mi reciente proyecto basado en Ibn Battuta, el excepcional viajero del s. XIII que pasó 30 años viajando y desde Fez, llegó tan lejos como China. En cada país, la música nos permite tomar parte en el viaje: hemos tenido un afgano tocando el rebap y el sarod, dos músicos turcos tocando el qanun y el oud, un armenio tocando el duduk, un griego tocando el santur, dos chinos tocando el pipa y el zheng. Era un festival de infinita riqueza, con una calidad de improvisación que sencillamente no se puede imaginar en el mundo de la clásica. El contacto con estos músicos te permite aprender diferentes maneras de crear música cada día.

Hemos vivido durante mucho tiempo con la idea de la cultura occidental era la más importante y hemos menospreciado otras culturas que son igual de valiosas. Hoy en día, podemos descubrir estas otras culturas, lo que da como resultado experiencias fabulosas. Así es como creo que se construirá el futuro de la música: sobre el diálogo, sobre el respeto a otras culturas y uniendo a magníficos músicos de distintas tradiciones.

Las generaciones mayores se quejan de que “la gente joven de hoy día no tiene capacidad de atención para las grandes obras de música clásica”. ¿Reacciona de manera distinta su público frente a una Pasión de Bach que en un concierto formado por unas 20 o 30 piezas?

Cuando monto un programa de 20 o más piezas, se hace sin descanso. Desde el inicio hasta el final del concierto todo va seguido en una secuencia para crear una atmósfera que facilite la concentración, que permita a uno sentir la profundidad que la inmersión total en la música puede proporcionar. Nuestros conciertos que presentan diálogos entre diferentes tradiciones musicales atraen a mucha gente joven apasionada por estos repertorios. Pero ya sabe, tras Todas las mañanas del mundo [el biopic sobre el compositor Marin Marais de 1991 de Alain Corneau, con música de Savall] le descubrí la viola da gamba a muchos jóvenes. Y ahora, ya sea porque vienen a un concierto o porque han visto la películas, se han convertido en músicos. Ese es el poder del arte: la habilidad para transmitir el deseo de hacer algo que desarrolle uno mismo.

Ya que hablamos de Todas las mañanas del mundo y Marin Marais, ¿hay algún otro músico que sería un buen tema para una película?

Imagínese una película sobre la vida de Monteverdi: eso sería fabuloso, algo sublime.

¿Ha sugerido esto?

No, no lo he hecho. Ya sabe, es muy difícil - no creo que fuera posible hacer hoy una película como Todas las mañanas del mundo. Vivimos en un mundo donde todo ocurre a gran velocidad, y Todas las mañanas del mundo es una película lenta, una en la que te tomas tu tiempo para observar las cosas. Los diálogos son cortos y no muy complejos- es una película que casi zen.

Una película que sí me lanzaría a hacer es una que contase la historia de los cátaros. Son una secta procedente de Bulgaria que siguieron la religión cristiana en su forma más pura, lo que terminó constituyendo un peligro para la Iglesia Católica Romana. A lo largo de la mayor parte del s. XIII, fueron masacrados. Es una historia increíble - verdaderamente triste, pero fabulosa.

Está comenzando a hacer planes de sucesión para sus tres conjuntos. ¿Ha elegido a músicos jóvenes para tomar la batuta?

No he hecho una elección porque no creo que deba decidirlo yo. Lo me interesa es que las estructuras estén en su sitio para que todo pueda seguir funcionando bien, en cuyo caso, la sucesión tendrá lugar de una manera muy natural. Conozco a muchos grandes músicos y estoy seguro de que el día que lo deje, los proyectos continuarán sin mí. Pero es difícil, cuando el rey está todavía vivo, predecir quien será el heredero!

Lo que trato de transmitir es una determinada manera de imaginar la música que vaya más allá del mero deseo de descubrir música bonita. La música es uno de los lenguajes más poderosos para reencontrar nuestra humanidad, para desvelar, desde las mayores profundidades, las cualidades del ser humano, que son cualidades de comprensión, diálogo y respeto, de la aceptación de la diferencia.