Cuando se estrenó L'amour de loin en el Festival de Salzburgo en el año 2000, Kaija Saariaho abrió un nuevo siglo de ópera con su valiente síntesis de la dicotomía entre Wagner y Debussy y sus mitos enfrentados de separación, amor imposible y sed nocturna. Casi dos décadas después, su cuarta ópera es una agradable confirmación de un estilo compositivo brillante, pero no supone un paso adelante en el camino estético sugerido entonces. Only the Sound Remains, un encargo conjunto de varios teatros que se estrenó en Ámsterdam en 2016 y llega ahora al Teatro Real, es una maravillosa muestra de orfebrería musical, pero no está a la altura de su propia promesa de trascendencia. Produce la cálida sensación que da volver a visitar un lugar familiar, pero al mismo tiempo deja un poso melancólico de oportunidad perdida.

Philippe Jaroussky, Davóne Tines y Nora Kimball-Mentzos © Javier del Real | Teatro Real
Philippe Jaroussky, Davóne Tines y Nora Kimball-Mentzos
© Javier del Real | Teatro Real

Inspirada por dos obras de teatro nō compiladas por Ezra Pound y Ernest Fenollosa, Saariaho deja atrás sus recientes exploraciones de personajes femeninos y de la maternidad (Adriana Mater, La Passion de Simone, Émilie) y vuelve al tema de la conexión entre dos mundos lejanos. Always Strong (Tsunemasa) cuenta la historia de un monje cuya ofrenda religiosa logra invocar, por un instante triste y breve, al espíritu de un laudista. En Feather Mantle (Hagoromo), un pescador encuentra el manto de plumas de un ángel y se lo devuelve a cambio de un baile celestial. For primera vez en su carrera, Saariaho no ha colaborado con Amin Maalouf en el libreto y parece que los textos se han utilizado sin adaptarse, tal vez en un intento de preservarlos de cualquier interferencia dramatúrgica contemporánea. Sin embargo, la falta de libretista se ha hecho notar: la música rodea y acaricia el texto pero no entabla un diálogo con él, reforzando aún más su lirismo estático.

Considerada de forma independiente la partitura es sencillamente brillante. Saariaho se revela en su máximo nivel de meticulosidad e inspiración componiendo para los dos instrumentos solistas que llevan todo el peso narrativo: la flauta (flautín, flauta alto y flauta), maravillosamente tocada por su estrecha colaboradora Camila Hoitenga, y el finlandés kantele, convertido aquí en una versión fantasmagórica del biwa japonés. Un cuarteto de cuerda proporciona una arquitectura sonora sólida y un rico conjunto de percusión constantemente rasga el velo de lo posible, creando la atmósfera perfecta para la acción sobrenatural. Un coro de cuatro voces reproduce el eco de los personajes en Always Strong y se convierte en el sutil narrador de Feather Mantle. Todos los sonidos son tratados electrónicamente, con reverberaciones y retardos, y reproducidos en varios altavoces distribuidos por la sala, creando un efecto envolvente que, sin embargo, no fue usado en todo su potencial. En conjunto, la partitura de Saariaho prefiere la quietud al contraste y sólo dibuja un patrón rítmico verdaderamente reconocible al final, introduciendo por primera vez un sentido de la progresión que habría sido más que bienvenido en otros momentos de la composición.

Davóne Tines y Nora Kimball-Mentzos © Javier del Real | Teatro Real
Davóne Tines y Nora Kimball-Mentzos
© Javier del Real | Teatro Real

Las dos obras usan el mismo contraste barítono-contratenor para dibujar la dicotomía básica de los personajes. En Always Strong, Davone Tines, con su cálida voz de barítono lírico, su perfecta dicción y su actuación convincente, interpreta al dulce y respetuoso monje, dispuesto a prolongar el contacto con el espíritu, pero al mismo tiempo temeroso y sobrepasado por la experiencia. Lo contrastó muy bien con el personaje de Feather Mantle, un pescador más rudo y atrevido que finalmente cae rendido a la ternura del ángel. Philippe Jaroussky, sin embargo, no supo transmitir la supuesta fascinación de sus personajes sobrenaturales. Su timbre mantiene su extraordinaria belleza y redondez, ensalzadas por los efectos del sistema electroacústico, pero su fraseo fue flácido, algo perdido en las monótonas líneas de los recitativos tan característicos de Saariaho, algo a lo que tampoco ayudó su rigidez en escena. Afortunadamente, la bailarina Nora Kimball-Mentzos doblaba el personaje del ángel en la segunda pieza y, con la gracilidad de sus movimientos y una coreografía que realmente parecía venida de un mundo lejano e inalcanzable, pudo regalar un destello de cómo una criatura tan extraordinaria podría ser en realidad.

Nora Kimball-Mentzos, Philippe Jaroussky y Davóne Tines © Javier del Real | Teatro Real
Nora Kimball-Mentzos, Philippe Jaroussky y Davóne Tines
© Javier del Real | Teatro Real

En los últimos años Peter Sellars ha evolucionado hacia un estilo minimalista e hiperestético que le va perfectamente a la obra de Saariaho. Dos grandes pinturas de Julie Mehretu fueron los únicos telones de fondo de la acción, un fascinante muro de arquitecturas efímeras y caligrafías borrosas que permitía la conexión entre los dos mundos. La luz fue el único recurso escénico y James Ingalls usó inteligentemente focos en contrapicado que proyectaban dramáticamente las sombras de los personajes sobre la tela, creando a la vez una sensación de intimidad y una versión amplificada del drama. La dirección de Sellars se concentró en crear un código de gestos estilizados, en referencia a las convenciones del teatro No, pero usando su habitual lenguaje simbólico.

Only the Sound Remains es por tanto la materialización de una zona de confort, conseguida tras décadas de excelencia musical, pero su invitación a la mera evasión estética suena apacible e incompleta. Como Jaufré en L'amour de loin, quiero más.

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