Continúa Ibermúsica ofreciéndonos conciertos que dan que hablar y que no dejan a nadie indiferente, y esto es tanto por la calidad de los intérpretes seleccionados como por la naturaleza del repertorio escogido, que combina a la perfección las obras más solicitadas del catálogo convencional con otras que no han gozado de mejor fama en la historia de la música. A este respecto hay que reconocerle el mérito a la Orchestre Philharmonique du Luxembourg por habernos traído la Sinfonía en re menor de César Franck, cuya historia se encuentra muy bien perfilada en el programa de mano.

Gustavo Gimeno al frente de la Orchestre Philharmonique du Luxembourg
© Rafa Martín | Ibermúsica

Si decía realmente el compositor belga que en su próxima sinfonía pretendía arriesgarse más no le quitaremos razón, ya que la obra, aún con su monumentalidad y sus referencias “beethovenianas” no le hace demasiada sombra a las grandes composiciones sinfónicas que la preceden. Tal vez tampoco lo pretenda y por ello el resultado se postula más bien como una suerte de composición intensa con momentos de enorme profundidad combinados con otros de corte más o menos simplista. No se trata en ningún caso de una gran composición, pero es obligado destacar que la orquesta comandada por un magnífico Gustavo Gimeno la trató como si lo fuera; y de ahí que pudiéramos apreciar la creatividad del material temático y sus desarrollos contrapuntísticos con toda claridad, facilitando la percepción del fraseo y de la forma musical a través de una ejecución instrumental sobresaliente. No es de extrañar, pues, que al final del concierto el público quisiera más, y que Gimeno regalase una brillante interpretación de la Danza húngara núm. 1, de Brahms, para dejar además constancia de que esta es una orquesta que domina también los vaivenes rítmicos asociados a composiciones más complejas.

Ya lo había demostrado, en todo caso, desde el principio del concierto, con el estreno en Madrid de la obra subito con forza de la coreana Unsuk Chin. Se trata de una magnífica composición de apenas cinco minutos, producto de un encargo de la Royal Conertgebouw Orchestra para contribuir con una obra al año Beethoven que, como saben, nos saboteó la pandemia. Reconocía la compositora en una entrevista reciente la eficiencia creativa propiciada por el conflicto interno, y ciertamente queda este plasmado en una obra que recorre momentos extremos de arrebato y pasión junto a otros de calma y sosiego espiritual. La composición está bien nutrida de elementos contrastantes, fundamentalmente rítmicos, y destaca entre otras cosas porque no se regodea en el efectismo siniestro y agobiante, y porque, al igual que en la música del genio de Bonn, se puede apreciar la famosa luz al final del túnel a la que siempre nos lleva con alegría y con humor.

La pianista Beatrice Rana
© Rafa Martín | Ibermúsica

No le faltó humor, por cierto, que se tiene siempre por ser un compositor muy serio, al Rachmaninov de la Rapsodia sobre un tema de Paganini. Se diría que esta era la obra más esperada del concierto, y no solo por tratarse de una de las más grandes páginas para el piano del siglo XX, sino por interpretarla la brillantísima pianista italiana Beatrice Rana. Viene precedida por su fama, y quienes han tenido la suerte de escucharla en vivo, saben que esta fama está bien merecida. Fundamentalmente porque se trata de una pianista para la que el respeto por la música se muestra como objetivo principal, pero sin perder por ello ni un ápice de su personalidad. Y seguidamente porque posee una capacidad extraordinaria para extraer del piano un sonido omnipresente, proyectándolo sin dificultad por encima de todo el aparato orquestal y guiándonos sin demandar esfuerzos a través de toda la narración musical. Se trata, sin duda, de un sonido único que es capaz de enriquecer con múltiples matices y colores, suavizándolo sin debilidad, y fortaleciéndolo sin exagerar. Todo esto además lo acompaña con una habilidad insuperable para resolver las enormes dificultades técnicas que demanda la partitura, sin perder de vista la unidad estructural que requiere una obra compleja, compuesta en forma de variaciones.

Grandes ovaciones, como era de esperar, y dos propinas para así poder apreciar mejor el pianismo de la italiana sin el apoyo de una gran orquesta, y un nuevo acierto, como ven, en cuanto a intérpretes y programa de la Serie Barbieri de Ibermúsica.

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