La espera ha durado dos años. Desde aquel momento en el que la Sinfónica Nacional de Chile coronaría su 2015 con el estreno local del Requiem de Alfred Schnittke, pero la programación tuvo que ser modificada y el público expectante, incluyendo a quienes planeaban arribar a Santiago para aquel concierto, quedarse con las ganas. Pero la revancha ha sido dulce. Aquella vez habríamos escuchado la obra junto a Mozart, pero ahora, la reprogramación la encontró en un diálogo más adecuado junto a una de las inspiraciones de Schnittke, el también ruso Dmitri Shostakovich. Y además, sirviendo de punto cumbre de una temporada en que la principal agrupación sinfónica del país está sonando particularmente bien. Aditamento no menor es el hecho que en el podio del Teatro Universidad de Chile estaba el titular de la OSNCH, Leonid Grin, conocedor de ambos compositores y que se cuentan entre sus especialidades interpretativas.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile con Leonid Grin en la dirección © Patricio Melo | CEAC
La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile con Leonid Grin en la dirección
© Patricio Melo | CEAC

La Camerata Vocal Universidad de Chile fue la gran protagonista de la que es una de las más especiales misas de difuntos del canon. El conjunto que prepara Juan Pablo Villarroel estuvo a la altura del desafío, tan dedicada y en sintonía como cuando sus solistas participaron en la Sinfonía de Luciano Berio en el 2014. Las intervenciones solitarias de la soprano Claudia Pereira, la mezzo Ana Navarro y el tenor Felipe Gutiérrez estuvieron impecables y acertadas. Las voces son sostenidas por un compacto conjunto instrumental, que incluye bajo y guitarra eléctricos, además de batería. Aquellos colores asociados al rock se hacen explícitos en el climático Credo, que sin embargo, recrea una atmósfera de desolación. Se debe tener en cuenta que la pieza fue creada en 1975, cuando todavía lo moderno (y lo religioso) no era bien visto en la Unión Soviética, por lo que de algún modo se alza como el grito de libertad que Schnittke anhelaba vociferar a todo pulmón. Se notó que el maestro Grin conoce la obra en toda su profundidad, y lo plasmó en una bien armada interpretación, que fue aclamada por los presentes, quienes obtuvimos como encore la repetición del fragmento que abre y cierra la pieza sin variación.

La Camerata Vocal de la Universidad de Chile interpretó el <i>Requiem</i> de Schnittke © Patricio Melo | CEAC
La Camerata Vocal de la Universidad de Chile interpretó el Requiem de Schnittke
© Patricio Melo | CEAC

Pasando a Shostakovich en la segunda parte, la obra propuesta no podía ser más adecuada. La Sinfonía núm. 15 (1971) fue la última del compositor y de alguna forma anticipa lo que desarrollaría Schnittke en las tres décadas siguientes. En particular los coloquios con el pasado en forma de reconocibles citas, donde se entremezclan la ironía, lo lúdico y también una honda seriedad. Una pieza enigmática, donde luego de vastos monumentos sinfónicos bajo “programas”, Shostakovich volvió a la música pura. Aunque con él nunca se sabe, y parece que haya una secreta narrativa personal. Al menos la música pareciera sugerirla, desde el juguetón primer movimiento, con su apropiamiento del tema del Guillermo Tell rossiniano, hasta el abatido finale, y toda la gama expresiva entremedio. En lo meramente musical, es un entramado nada fácil de ensamblar, pero Grin y sus dirigidos no defraudaron, entregando una versión fresca, decidida, y electrizante en cada rincón. El inefable cuarto movimiento quedará como un momento difícil de olvidar por su viveza. Parte importante para un buen resultado es el trabajo de las voces individuales, ya que abundan los solos. Ejemplar el chelo de James Cooper en el segundo movimiento, así como la labor del concertino Héctor Viveros, y también cabe destacar el sonido del contrabajista Héctor Leyton y toda la fila de percusiones.

Con dos tamañas obras tan comprometidamente entregadas a su público, esta fecha quedará como un hito en la historia reciente, tanto de la OSNCH como de la Camerata Vocal.

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