Fiel a su histórica relación con los compositores chilenos, la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile apostó por un acontecimiento que debiera quedar marcado con letras doradas en sus anales. Un concierto especial para celebrar a dos de los nombres que más han marcado la creación musical en el país, así como su enseñanza. Por una parte, Pedro Humberto Allende (1885-1959), representante de la primera generación “profesional” de compositores chilenos, que nutrió el propio acervo local mediante sus contactos europeos. Y también Juan Allende-Blin (n. 1928), que incluso tuvo mayor exposición a nivel mundial, y quien viajó desde Alemania, donde vive desde hace 60 años, para recibir diversos honores. Los dos Allendes. Tío y sobrino. Dos figuras esenciales en manos de la OSNCH bajo la autorizada conducción de Juan Pablo Izquierdo.

De entrada se escuchó el Concierto para violonchelo de Pedro Humberto Allende. Datada en 1915, es la más importante creación sinfónica de quien alcanzó sus mayores alturas en la música para piano y las canciones. Junto al joven solista Sebastián Escobar, la interpretación fue ejemplar, persuasiva, muy clara en su aspecto cíclico, alcanzado Izquierdo la necesaria visión unitaria, que en su media hora de duración no decayó en ningún momento, al mismo tiempo de quedar en evidencia las lozanas capacidades de Escobar.

El director Juan Pablo Izquierdo © Patricio Melo | CEAC
El director Juan Pablo Izquierdo
© Patricio Melo | CEAC

A continuación se pasó a Allende-Blin con la primera pieza de su ciclo Transformaciones, iniciado en 1951, y que en este caso está escrita para piano, vientos y percusiones. El piano solista, que entra en la mitad de la pieza con una maravillosa cadenza, lo interpretó el alemán Thomas Günther, que ha grabado casi todas las obras para el instrumento del celebrado compositor. Es música característica de su autor, donde las resonancias son esenciales, y da también importancia al silencio como elemento de la trama sonora. Los músicos de la OSNCH estuvieron a la altura de una obra difícil, que requiere una precisión de relojería. Y todo bajo la mirada atenta de uno de los pocos músicos, hablamos de Izquierdo, que se ha empeñado en que Allende-Blin siga presente en las salas chilenas, pese a la lejanía geográfica.

La OSNCH, Izquierdo, y los solistas durante la interpretación de la ópera de Debussy © Patricio Melo | CEAC
La OSNCH, Izquierdo, y los solistas durante la interpretación de la ópera de Debussy
© Patricio Melo | CEAC

El potente cierre se vivió con el estreno en Chile de la reconstrucción hecha por Allende-Blin de La caída de la casa Usher, ópera inconclusa de Claude Debussy, el mismo que alabara la “personalidad en el ritmo” de la obra que inició el programa. Los bocetos dejados por Debussy han sido orquestados y unidos por el maestro chileno en un continuo de algo más de veinte minutos. Para este cometido, contamos con una selección ideal de cantantes: la soprano Patricia Cifuentes, el barítono Patricio Sabaté, el tenor Gonzalo Cuadra, el bajo Matías Moncada, y el barítono Javier Arrey, sin excepción relucieron como regularmente los vemos en el medio chileno. Es de destacar de manera especial a Cifuentes, como la sensible Madeline, y a Arrey en el dramático monólogo de Roderick Usher. En su conjunto, este torso evoca una atmósfera muy similar a la trascendental Pelléas et Mélisande y también a la menos conocida Rodrigue et Chimène. Un cierre glorioso para un evento verdaderamente histórico.

*****