En su segundo concierto de la temporada 2020-2021, la Orquesta Sinfónica de Tenerife presentó un programa atractivo y ecléctico, con obras de Schumann, Shostakovich y Ginastera. Actuaron como invitados dos artistas españoles reconocidos internacionalmente: el violonchelista Pablo Ferrández (que esta temporada será el artista en residencia de la orquesta) y el director Juanjo Mena. Las excelentes medidas de seguridad del Auditorio de Tenerife han permitido, una vez más, poder disfrutar de la música en las mejores condiciones posibles permitidas por las circunstancias actuales.

El violonchelista Pablo Ferrández © Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto
El violonchelista Pablo Ferrández
© Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto

La obra que comenzó el concierto, el Concierto en la menor para violonchelo y orquesta, Op.129 de Robert Schumann es una de las obras más importantes del repertorio del instrumento, con grandes dificultades técnicas y, sobre todo, musicales. Pablo Ferrández tiene todos los recursos necesarios para enfrentarse a esta obra y demostró por qué se le considera uno de los más destacados chelistas de su generación. Ofreció una versión matizada, bien cantada desde el comienzo y que luego desplegó una gran variedad expresiva y de acentos, lo que le permitió reflejar estupendamente los contrastes del primer movimiento (Nicht zu schnell), siendo especialmente destacables los momentos de recitativo, que el solista exprimió con gran énfasis. Ferrández estuvo también extraordinario en el segundo movimiento (Langsam), tomado a un tempo no demasiado lento y con expresión contenida muy lograda, resultando fantástico el dúo con el primer violoncello de la orquesta. En el movimiento final (Sehr lebhaft), el joven violonchelista fue desbordante en el aspecto virtuosístico (el tempo fue muy rápido), pero sin perder de vista los momentos más melódicos. Excelente la labor de Mena, siguiendo siempre al solista, pero mostrando una personalidad propia, con énfasis en el ritmo y en el cuidado balance orquestal. Resultó fantástico su tratamiento del segundo movimiento y muy lograda la transición al tercero. En conjunto, una versión muy personal y atractiva. Después de unos comentarios al público sobre los planes de su residencia artística con la orquesta, Ferrández regaló un movimiento de las suites de Bach para violonchelo solo, deliciosamente interpretado.

Juanjo Mena al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife © Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto
Juanjo Mena al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife
© Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto

El nivel del concierto no decayó posteriormente, ya que de soberbia se puede calificar la versión que Mena y la sección de cuerdas de la Sinfónica de Tenerife hicieron de la Sinfonía de cámara op. 110a de Dimitri Shostakovich. Este arreglo del Cuarteto de cuerdas núm. 8 en do menor, Op.110 del compositor soviético, realizado por Ruldolf Barshai, recibió una interpretación personalísima, inteligente, variada y muy cuidada. Hubo un dominio orquestal y expresivo absoluto desde el primer movimiento (Largo), en el que los fraseos, la polífonía y la amargura quedaron perfectamente reflejadas. El Allegro molto fue tomado a un tempo muy rápido, lleno de acentos y energía rítmica, con gestos muy precisos del director. Mena mostró muy bien el contraste entre este movimiento y el siguiente (Allegretto), un vals tocado con gracia, rubati personales y matización exquisita. Los dos últimos también fueron contrastados de manera magistral, desde los aspectos variados del penúltimo (Largo), a los lamentos y la agonía del último (Largo). Versión de primerísima categoría, tanto en concepto como en realización, de una obra enigmática y genial.

Las Variaciones concertantes, Op.23 del compositor argentino Alberto Ginastera sirvieron para demostrar la excelente técnica directorial de Mena, que controló perfectamente todos los parámetros, y constatar el excelente nivel de los solistas de la orquesta. Estos pudieron lucirse en los solos de las diversas variaciones, consiguiendo un nivel muy alto. El Rondó final fue explosivo, lleno de ritmo y vitalidad. Esta última variación daba punto final a un concierto brillante en el que a la calidad de la orquesta se unieron un joven artista, digno heredero de los grandes chelistas españoles, y un director que volvió a evidenciar su enorme nivel, sobre todo en un memorable Shostakovich. 

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