La temporada de la Sinfónica de Galicia volvía a dirigir su mirada hacia la música compuesta en los últimos cien años. Dima Slobodeniouk elaboró un atractivo programa conformado por tres obras relativamente infrecuentes y pertenecientes a mundos sonoros muy dispares, pero en los tres casos con un sello propio e inconfundible que tanto el director como los músicos realzaron brillantemente.
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