Siempre es un privilegio acudir a un concierto de La Grande Chapelle, toda vez que se trata de una de las formaciones más comprometidas con el repertorio antiguo que comienza alrededor del siglo XVI. En esta ocasión nos trajo un programa formado exclusivamente por obras del compositor del Renacimiento Tomás Luis de Victoria, y siempre buscando un equilibrio cabal entre el contexto histórico y las inclinaciones adquiridas por el oído del siglo XXI.

Albert Recasens al frente de La Grande Chapelle © Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Albert Recasens al frente de La Grande Chapelle
© Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

Todo música religiosa, por supuesto, y siendo del mismo autor se corre el riesgo de sorprender de entrada, por lo inhabitual del lenguaje musical, y de que se desatienda después, por la falta de contraste entre las piezas. Pero el programa estaba hábilmente estructurado en segmentos de formas distintas, que requerían agrupaciones variables, a veces sin coro y otras meramente instrumentales. De esta suerte, la formación consiguió captar la atención y sostenerla en todo momento, gracias, también, a la solicitud del director Albert Recasens de no aplaudir hasta el final del evento, a fin de darle al ciclo un mayor carácter integral y contemplativo, sin interrupciones sonoras meramente terrenales.

Albert Recasens dirige La Grande Chapelle en el Auditorio Nacional © Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Albert Recasens dirige La Grande Chapelle en el Auditorio Nacional
© Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

En todo este contexto, tal vez el mayor logro de la formación esté en perfecta sintonía con la estética obvia de esta música, que no está pensada para impresionar, sino para envolver y conmover. Nos bastaron pocos segundos del inicial Salve Regina para comprender que la amplia sonoridad evocada por los coros había trascendido la simple técnica para alcanzar un ámbito expresivo superior donde la música se encuentra supeditada a la autoridad del texto. Así fue que pudimos percibir la mayor densidad armónica en los pasajes más abrumadores, o en las aperturas cuidadosas de los registros en cuanto el texto sugería la gloria o la iluminación, pero siempre con meticulosa contención, en las antípodas de los grandes dramas operísticos.

Es este un simple ejemplo palpable de la contextualización de una música que se conduce según los modos eclesiásticos y que, por ello, elude las habituales tendencias entre tensión y resolución propias de la tonalidad, o los grandes clímax de producciones posteriores. La Grande Chapelle primó la expresión según la arquitectura sonora y la adaptación al texto, valiéndose de unas voces que recibieron el apoyo de un conjunto instrumental que se mantuvo discreto en todo momento, y que supo equilibrar timbres dispares como el del órgano y la tiorba.

Hugo Oliveira, David Sagastume, Andrés Montilla-Acurero y Axelle Bernage © Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Hugo Oliveira, David Sagastume, Andrés Montilla-Acurero y Axelle Bernage
© Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

Sin arias brillantes, sin dramatismos teatrales y sin presencia de magníficos solistas, el caso es que gran parte de la habilidad expresiva del recital recayó en la adecuación de unas estructuras polifónicas que, si bien resultaron perfectamente homogéneas, sin presentar jerarquías, se percibieron en toda su amplitud y dirección contrapuntística, permitiendo, con toda facilidad, admirar además la brillante factura de la red de líneas entrelazadas propuestas por Victoria.

En el centro, Renaud Delaigue, junto a los instrumentistas de La Grande Chapelle © Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
En el centro, Renaud Delaigue, junto a los instrumentistas de La Grande Chapelle
© Elvira Megías | Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)

En suma, y al término del concierto, quedó una suerte de clima de recogimiento en el ambiente derivado de la pretensión de calma y profundidad que se había buscado de manera progresiva. Sin duda, celebramos haber estado presentes en la creación de esta experiencia sonora diferente, inhabitual, que propuso un acercamiento introspectivo y reflexivo, a través de una partitura que, al cabo de los siglos, conserva intacta, y necesaria a día de hoy, su capacidad para conmover de manera colectiva.