Este concierto extraordinario de la Orquesta Ciudad de Granada bajo la batuta de su director principal, Lucas Macías, supuso una rara oportunidad de redescubrir una ópera injustamente relegada al olvido en una encantadora y fresca lectura que destacó sus muchas cualidades. Defendida por un reparto equilibrado, perfectamente compenetrado y cómodo con una escritura que no es especialmente exigente en lo vocal, esta obra maestra de Giovanni Paisiello, su mayor éxito, se ofreció en una desenfadada versión de concierto que, sin ser una semiescenificación en toda regla, sí resultó muy viva y teatral.

El director, Lucas Macías, solistas y la Orquesta Ciudad de Granada © Orquesta Ciudad de Granada
El director, Lucas Macías, solistas y la Orquesta Ciudad de Granada
© Orquesta Ciudad de Granada

Estrenada en 1782 en la corte imperial de Catalina la Grande en San Petersburgo, Il barbiere di Siviglia de Paisiello disfrutó de una enorme popularidad en Europa e hizo especial fortuna en España hasta que, a partir de 1816, la versión de Rossini la barrió de los escenarios. La sombra de Rossini planea inevitablemente: las interpolaciones de agudos y las variaciones insertadas por algunos de los intérpretes, en ocasiones parecían buscar añadirle a la elegante música de Paisiello un barniz de virtuosismo rossiniano, sin llegar a desnaturalizarla. De que esto último no sucediese se encargó Macías, cuya dirección mantuvo el pulso de la comedia, concertó eficazmente los conjuntos y realizó los efectos orquestales de Paisiello, como la escena de la tormenta, sin caer en la hipérbole. Si la obertura pareció una introducción quizás demasiado pausada para la trama alocada que le sigue, casi un respiro, lo cierto es que hubo variedad en los tempi y espacio tanto para el frenesí como para el lirismo.

Los cantantes prescindieron por lo general de sus partituras, y se centraron en dar vida a sus personajes, aunque su disposición sobre el escenario no siempre facilitó la expresión física de la comedia. Santiago Ballerini y Aitana Sanz encarnaron con elegancia la pareja de enamorados. Los agudos interpolados del tenore di grazia resultaron algo forzados y excesivamente sonoros, mientras que las variaciones que aplicó a su cavatina “Saper bramate” amenazaron con desdibujar la melodía de esta bella serenata, acompañada con mucho sentimiento a la mandolina por Cristina Díaz, aunque también cabría verlas como expresión de la impetuosidad del Conde de Almaviva. Dicho esto, su canto fue, en líneas generales, lírico y su actuación ajustada al personaje. La joven soprano ligera fue una Rosina simpática e irresistible. Aunque el volumen no es muy grande y en ocasiones le pudo la orquesta, su agudo es fácil y brillante. El timbre claro resaltó especialmente sobre el fondo cálido de los instrumentos de viento madera en la cavatina “Giusto ciel” y en el aria de la clase de canto “Già riede primavera”, de las que ofreció unas versiones deliciosas y muy bien recibidas.

<i>Il barbiere di Siviglia</i> en versión de concierto en el Auditorio Manuel de Falla &copy; Oruqesta Ciudad de Granada
Il barbiere di Siviglia en versión de concierto en el Auditorio Manuel de Falla
© Oruqesta Ciudad de Granada

Contundente, gracioso y de fuerte presencia escénica el Figaro del barítono Dario Solari, quien incluyó guiños locales en su aria “Scorsi già molti paesi”, cambiando Sierra Morena por Sierra Nevada y Sevilla por Granada. Buena vis cómica la del bajo-barítono Pablo Ruiz, bufo ideal como el tutor burlado, Bartolo. En el papel de su amigo Basilio, el barítono Pietro Spagnoli cantó una magistral aria de la calumnia con buen fiato y un control admirable a la vez que expresivo de las dinámicas. El tenor Luis Raspaqueso y el barítono Andrés Merino se volcaron en sus pequeños papeles de sirvientes —el anciano Giovinetto y el adormilado Svegliato, respectivamente: la escena en la que desesperan a su amo Bartolo con sus estornudos y bostezos fue muy entretenida.

Es de agradecer la iniciativa de programar dos funciones —en Granada el 8 de mayo, en Sevilla el 10 de mayo— de esta obra prácticamente desconocida hoy día a pesar de su enorme calidad. La acogida calurosa dispensada por el público granadino permite albergar la esperanza de que la obra vuelva a programarse con algo más de frecuencia o incluso pueda disfrutarse en versión escénica.


El alojamiento en Granada para Aaron Vincent ha sido facilitado por la Orquesta Ciudad de Granada.